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Hugo Bravo: el ex directivo de Penta al que hoy enfrentan en los tribunales

viernes, 26 de septiembre de 2014

C. RAMÍREZ y C. RODRÍGUEZ
Economía y negocios

La relación comenzó a deteriorarse hace algunos años, pero fue la amistad y los vínculos estrechos de Bravo con el fallecido Jorge Valdivia, clave en la investigación del SII por el caso FUT, la que determinó el quiebre.
- Dueños de Penta anuncian querella contra ex directivo del grupo por amenazas

“En la sesión se hizo expreso reconocimiento a don Hugo Bravo por sus cualidades humanas y profesionales, y se dejó constancia del agradecimiento de la compañía por su gran aporte en el desarrollo y consolidación de Penta Vida, como una de las compañías de seguros más importantes del país”.

A través de un hecho esencial enviado a la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) el 17 de julio de 2014, la empresa de seguros Penta Vida anunciaba la renuncia de Hugo Bravo López a su directorio. En esos días, Bravo dejaba también los directorios de Banmédica y Penta Security, firmas ligadas al conglomerado controlado por Carlos Eugenio Lavín y Carlos Alberto Délano.
Apenas unas semanas después, la relación entre todos ellos dio un giro de 180 grados.

El otrora ejecutivo de confianza —que incluso fue gerente general del holding Empresas Penta hasta 2010— es hoy sujeto de una denuncia por amenazas de sus antiguos empleadores, los que incluso anunciaron ayer que interpondrán una querella en su contra (ver nota principal).
Una relación laboral que se fue desnaturalizando en los últimos años y que derivó en una fuerte pérdida de confianza en las últimas semanas.

En los inicios



Hugo Bravo conoció a Carlos Eugenio Lavín siendo compañero de Ingeniería Comercial en la Universidad Católica. Pese a que Lavín es mayor que Bravo, la estadía del primero en España durante un par de años los hizo coincidir a su regreso en el mismo curso.

Años después de haber egresado, el destino los volvió a juntar. Bravo entró a trabajar al grupo Cruzat, como gerente de administración de una de sus empresas —entre las que se encontraba AFP Provida y Consorcio—, mientras que Lavín era gerente general de esta última compañía, y Délano oficiaba como gerente comercial de la misma. A inicios de los ochenta, los “Carlos” incursionaron en el negocio inmobiliario, formando Penta, que aludía a Délano, Lavín y otros tres socios. Primero les fue bien con un terreno en La Reina, pero después tuvieron un severo traspié, lo que los dejó en una pésima situación económica, manteniendo como único activo un terreno en La Florida.

Durante la crisis financiera que afectó al país y a sus principales grupos, Cruzat comenzó a vender acciones de Consorcio. Los Penta —que ahora eran solo Lavín y Délano— se hicieron del 5% de los títulos de esta empresa con la venta del paño floridano. A mediados de esa década, la compañía fue intervenida por la Comisión Progresa, que llevó a que Consorcio —junto con otras firmas— fuera vendida a Banker Trust, en operaciones de conversión de deuda externa. Por esta venta, Penta habría recibido más US$ 1 millón de la época.

Contabilidad y control interno

Durante todos estos años, Bravo había dejado el grupo Cruzat, para trabajar en otras compañías, como Esso y Agrícola La Rosa Sofruco, ligada a la familia Ossa. Pero cuando Penta dejó de ser una mera sociedad formada por dos jóvenes inversionistas y comenzó a transformarse en un incipiente holding financiero, Délano y Lavín pensaron en su antiguo compañero de trabajo. La elección era simple: una persona conocida y de confianza, que manejara los temas más internos de contabilidad, auditoría, control y resultados de sus empresas.

El perfil de Bravo encajaba con estas exigencias: era una persona reservada y absolutamente dedicada al trabajo. Todas características que complementaban bien con su idoneidad técnica, como ingeniero comercial de la UC.
Conocedores del grupo aseguran que Bravo mantuvo una relación muy cercana en lo profesional con Délano y Lavín durante todos esos años, pero que esta nunca logró trascender mayormente al ámbito social. Por ejemplo, no era extraño que alguno de los “Carlos” invitara a ejecutivos del grupo, con sus señoras, a comer a sus casas, lo que nunca ocurrió con Bravo.
Aun así, contaba con una confianza de los Penta. Era miembro de los comités de auditoría de las empresas, tenía una oficina en el mismo piso, e incluso contigua a la de Délano y Lavín y, con los años, llegó a ser gerente general y vicepresidente de Empresas Penta.

Antecedentes de Valdivia



La relación entre los tres se mantuvo inalterable en los noventa y en la década siguiente. Sin embargo, hubo algunas situaciones que cimentaron el quiebre entre los dueños de Penta y Bravo. La primera fue el rezago que comenzó a mostrar este último en su carrera profesional. Si bien tenía un cargo alto en el organigrama del holding, mantenía funciones estrictamente administrativo-contables, pero nunca estratégicas, las que fueron siendo asumidas por gerentes más jóvenes, como Manuel Antonio Tocornal, Horacio Peña o Marco Comparini. Además, comenzó a sufrir problemas de salud.

La segunda tuvo que ver con su relación con Jorge Valdivia, un martillero público que falleció en julio de este año, y que es pieza fundamental del caso FUT. Bravo lo presentaba en el trabajo como su chofer y ayudante. Sin embargo, en Penta no olvidaban el mal recuerdo que les había dejado. Hace años, esta empresa contrató a la firma Jorge Valdivia Martilleros Públicos para vender los restos de los autos que Penta Security liquidaba por pérdida total. Pese a que Valdivia recibía dineros de terceros provenientes de estas ventas de chatarra, entregaba documentos a la aseguradora que eran protestados, lo que le valió acciones legales.

La mala imagen de Valdivia —quien durante su vida fue acusado de abuso de menores y, se dice, estuvo ligado a la Central Nacional de Inteligencia (CNI)— era conocida por Lavín, lo que lo llevó a prohibir su ingreso al piso 15 del edificio ubicado casi en la equina de El Bosque con Tobalaba, donde se encuentran las oficinas de los dueños de la compañía, y donde estaba la de Bravo.

Pese a esto, Bravo y Valdivia se veían a horas en que no estaba Délano o Lavín, o en otros pisos del edificio.

La foto reveladora



La relación entre Bravo y los dueños de Penta fue empeorando cuando en abril de este año se conoció públicamente la vinculación de Valdivia con el caso fraude al FUT.

Délano lo encaró tras ver la foto de Valdivia en la prensa, le preguntó por qué lo tenía de ayudante y si él también esta involucrado en el caso FUT.
En ese momento, la situación pasó de castaño a oscuro. Bravo negó cualquier vinculación suya con el caso FUT, pero sí hizo una primera confesión: admitió que durante años le pagó a Valdivia —y a su círculo cercano— $2 millones mensuales con platas de sociedades ligadas a Penta.

Frente a la incredulidad y molestia de sus empleadores, Bravo admitió por escrito su responsabilidad y aseguró que reintegraría todo el dinero, a través de distintos documentos financieros. Además, habría sostenido que ayudó a Valdivia por razones humanitarias, ya que este sufría de cáncer terminal, lo que derivó en su muerte tres meses después.

Pese a la gravedad de la confesión, en ese momento Penta no tomó ninguna medida legal ni tampoco desvinculó al ejecutivo. Tampoco había dudas de su solvencia: manejaba un Porsche y, según se calcula, disponía de $20 mil millones en depósitos a plazo.

La situación de hizo definitivamente insostenible el 14 de julio pasado, cuando Délano y Lavín se enteraron que el fiscal del caso FUT, Carlos Gajardo, había llamado a declarar al contador Marcos Castro, que trabajaba, en paralelo, para Penta y Bravo.

La razón era que las sociedades de Bravo estaban completamente involucradas en el caso FUT, lo que había sido negado a sus jefes. De hecho, según estimaciones iniciales del SII, el perjuicio fiscal producto de las irregularidades detectadas era de más de $260 millones. A esto se sumarían comisiones que, supuestamente, Bravo habría pagado a funcionarios del SII para obtener las devoluciones fraudulentas.

Pero este no era el primer problema que Bravo tenía con sus sociedades. Años atrás, la sociedad Santa Sarella —una de las dos que posee, junto con Challico— estuvo involucrada en el caso Inverlink, particularmente porque fue una de las doce sociedades que retiraron dineros de esta empresa el día antes de que estallara el escándalo. Por esa gestión, Corfo presentó una demanda en contra de la sociedad de Bravo, cuyo juicio sigue en tribunales.

Uso de Espartaco



A mediados de año, se comenzaron a conocer más detalles de la operativa de sociedades con las que Bravo había desfalcado al fisco. Una de ellas es Espartaco. Esta sociedad fue creada por varios ejecutivos de Penta en 1994 y, a mediados de la década pasada, se fusionó con Penta III para controlar un porcentaje de la compañía de seguros Penta Security. Bravo detectó que Espartaco no tenía activos ni pasivos, y generó su venta a Valdivia —con la venia de Penta—, quien pagó $6 millones. A través de esta sociedad, Valdivia habría recibido devoluciones de impuestos por $30 millones. Se desconoce si parte de estos fondos llegaron a Bravo.

Hasta ahora, ninguna de las sociedades operativas de Penta ha estado involucrada en el caso FUT, aunque sí algunas de corte más pasivo, entre las cerca de 60 sociedades que tiene el grupo y sus socios controladores.

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