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Durante los últimos trimestres, la economía chilena ha conservado un importante dinamismo, lo que ha dado origen a una revisión al alza en las proyecciones de crecimiento para el presente año. En particular, es destacable el dinamismo que muestran el empleo y la inversión, comportamientos que sugieren una expectativa favorable de las empresas con respecto a las perspectivas de la economía.
No obstante ello, es importante subrayar que subsiste un escenario externo marcadamente inestable, el que podría evolucionar de un modo adverso a nuestra economía. De hecho, la crisis financiero-fiscal que afecta a las economías de la Zona Euro requerirá de un largo y doloroso período de ajuste, el que podría incluso amenazar su actual estructura e institucionalidad. Por otro lado, durante los últimos meses se ha registrado un progresivo aumento de las presiones proteccionistas en el mundo -a las que, por cierto, no escapan varias economías de nuestra región-, el que, de extenderse, podría dañar seriamente el delicado proceso de ajuste en el que se encuentran las principales economías del mundo. Ello, además de los costos que ocasionaría en la capacidad de crecimiento de la economía mundial.
En su reciente Informe de Política Monetaria (IPoM), el Banco Central ha advertido de los riesgos del escenario actual, aun cuando el vigoroso crecimiento observado por la actividad y el empleo parecieran ignorar tales preocupaciones. Por un lado, las turbulencias externas mencionadas son una fuente de inquietud, mientras que por otro, el rápido crecimiento observado por la demanda agregada amenaza con provocar un alejamiento de la inflación con respecto al rango objetivo del instituto emisor.
En su diagnóstico, el Banco Central advierte que la política monetaria será administrada con agilidad para minimizar los riesgos de un debilitamiento del escenario macroeconómico interno.
En el panorama macroeconómico doméstico que muestra el último IPoM, llama la atención el comportamiento observado por el Saldo en la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos en los últimos años, al evolucionar desde un superávit de un 2% del PIB el año 2009 a una estimación de un déficit de 3,4% para este año. Ello, no obstante que los términos de intercambio registran un aumento cercano a 18% en el período.
Detrás del comportamiento descrito de la Cuenta Corriente se encuentra un importante crecimiento de la Formación Bruta de Capital Fijo a partir de 2010, junto con una modesta tasa de ahorro, para una economía que aspira a sostener tasas de crecimiento del PIB similares a las de los últimos trimestres. Ello, de modo de atender de forma adecuada y expedita las demandas de progreso de los sectores más modestos de la sociedad.
El nivel que proyecta el Banco Central para el Saldo de la Cuenta Corriente para el presente año no constituye una amenaza a la estabilidad de nuestra economía; sin embargo, nuevos deterioros en dicho indicador aumentarán la vulnerabilidad de ésta frente a un escenario de caída importante de los términos de intercambio. En otras palabras, un mayor déficit en la cuenta corriente implica un menor tipo de cambio real de equilibrio, lo que ciertamente no ayuda a enfrentar movimientos adversos del escenario externo.
Curiosamente, la incidencia del sistema tributario sobre las decisiones de ahorro y endeudamiento de las personas y empresas no ha estado mayormente presente en el debate relativo a una reforma a dicho sistema, y debiera ser uno de los aspectos esenciales a considerar.
Otro factor de riesgo importante de enfrentar en la economía chilena se refiere a las perspectivas de crecimiento de mediano plazo. Esto, en un contexto donde la impaciencia por anticipar los frutos del progreso ha crecido considerablemente, como se puede comprobar cotidianamente en la proliferación de demandas y propuestas económicas con un marcado acento en los beneficios de corto plazo que éstas podrían ocasionar a sus impulsores.
En un contexto de intensa competencia política -las que se presume se agudizarán en el futuro próximo-, será más difícil priorizar dentro de la agenda aquellas políticas cuyo propósito es elevar el crecimiento de mediano plazo, y no aquellas inspiradas en la impaciencia, las que a menudo se manifiestan en la forma de demandas por redistribución rápida de recursos y, por lo mismo, ineficiente. La forma en que resolvamos esta tensión será un determinante básico de nuestra suerte para escapar de la denominada "trampa de los países de ingreso medio", los que se distrajeron del rumbo y no llegaron a tiempo a la meta.