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Calama: cómo viven los que no trabajan en el cobre

domingo, 25 de marzo de 2012

Pablo Obregón
Economía y Negocios

La mudanza de Chuquicamata a Calama hizo que los contrastes entre los mineros y el resto se hicieran patentes. Quienes trabajan en servicios, hotelería o comercio reclaman por los altos precios. Aun así, reconocen que en algunas actividades se paga mejor, lo que atrae a chilenos de todas partes y a extranjeros. Un dato: en 2010 se tramitaron 2.982 solicitudes de visas; en 2011, 3.928.

Calama nunca ha sido una ciudad bonita. De hecho, muchos de sus habitantes lo reconocen y algunos dicen, sin eufemismos, que es fea.

El clima y la geografía no son benignos: 2.400 metros de altura, viento cargado de tierra, sol picante durante el día y un frío que entumece por las noches, ausencia casi total de árboles, son las características que dispuso la naturaleza.

Por las mañanas, desde Calama puede apreciarse la espesa nube de tierra anaranjada que se deja caer desde Chuquicamata y que afecta a todos por igual, mineros y no mineros.

La ciudad parece pensada especialmente para hombres que vienen de paso. Abundan los pequeños y sencillos hoteles que ofrecen convenios a empresas -con capacidad ocupada al máximo entre lunes y viernes desde que comenzó el boom del precio del cobre-, las "choperías" con vidrios oscuros y exuberantes extranjeras que comienzan a atender apenas atardece. El resto del comercio se asemeja mucho al que ofrecía Santiago en los años 80: cientos de negocios pequeños y sin pretensiones. Corona, Tricot y Johnson están ubicadas en las principales calles del centro; Paris, Falabella, La Polar y Ripley en el mall de las afueras de la ciudad.

Aunque ha sido así desde siempre, el traslado del campamento minero de Chuquicamata en 2003 hizo que sus habitantes pensaran que la capital mundial del cobre podía aspirar a algo mejor.

Pero la nueva Calama que se prometió en su momento no llegó, dice el alcalde, Esteban Velásquez. Al contrario, las casas para el personal de la estatal del cobre se hicieron alejadas del resto y se constituyó, en la práctica, en otra ciudad.

A un lado del río, casas grandes y bonitas, cerca del Mall Plaza Calama y del enorme edificio corporativo de la División Norte de Codelco, con acceso directo a las carreteras que van a las minas. Al otro lado, una fisonomía descuidada, pero, eso sí, muchas camionetas todo terreno.

A esto se suma la frustración por el royalty y la privatización del agua. Se dijo que el royalty era para financiar planes de innovación e investigación, pero esas tareas se realizan fundamentalmente en las universidades y Calama no tiene una, recuerda Velásquez.

Es en parte debido a estas diferencias que hubo una movilización el martes. En lo concreto, piden que se destine el 5% de las ventas del cobre a todas las regiones mineras, y el Gobierno anunció antes de la marcha que creará un fondo para ellas.

En paralelo, hay diez mil personas sin acceso a agua potable y las tasas de pobreza se encuentran entre las más altas de la Segunda Región. Mientras Antofagasta, por ejemplo, registró una tasa de pobreza de 6,9% en la última encuesta Casen (2009), Calama llega a 10,3%, superando también a sus vecinas Mejillones, Sierra Gorda, Ollagüe, San Pedro de Atacama y María Elena. En todo caso, es una cifra muy por debajo del promedio de pobreza nacional, que es de 15%.

La falta de vivienda es otro problema que aqueja a los más pobres de la ciudad. En las poblaciones Gustavo Le Paige, Alemania y Los Balcones predomina la autoconstrucción, muchas casas son de adobe y los pasajes polvorientos y sin un solo árbol.

Según la dirigenta vecinal Gioconda Viveros, la ciudad necesita del orden de seis mil soluciones habitacionales: "Acá el subsidio es igual que en cualquier otra ciudad, pero el problema es que los materiales son más caros (por la distancia) y por eso las viviendas sociales que usted ve no son tan buenas como en otras ciudades".

Gioconda nació en Calama, pero vivió muchos años en Antofagasta con su marido. Después que enviudó, volvió.

Entre las cosas buenas de la ciudad, destaca las becas que recibieron sus hijos para estudiar en colegios particulares subvencionados. "Son estudiosos, quiero que aprendan inglés, yo sé que si saben inglés y computación van a conseguir buen trabajo. Yo no tengo cuarto medio y por eso me ha costado. Fui la segunda mejor alumna de un curso de encuestadoras, le gané a casi todas las asistentes sociales que hicieron el curso (para aplicar la ficha de protección social), pero al final no conseguí el trabajo porque no tengo estudios", cuenta.

Marina Cortés y Hermelinda Lucena son unas de las personas que esperan por una solución habitacional. Viven en la Población Le Paige junto con siete niños. Por fuera, la casa que habitan parece de adobe, pero en realidad sólo se trata de la fachada. Adentro, tienen una mediagua y un patio polvoriento. No saben mucho sobre las demandas de la Asamblea Ciudadana que se movilizó el martes pasado y la única demanda que enarbolan es un permiso para vender ropa usada en la feria. Como ellas, dicen, los más pobres no saben muy bien cuál es el petitorio de la ciudad.

"Uno es ignorante y no sabe mucho, pero aquí lo más grave es lo que uno ve, que es la droga y los delincuentes", dice Hermelinda.

Mientras las viviendas de calidad escasean, sí hay muchas camionetas todo terreno que, según los pobladores, se comercializan a precios de oferta cada tres años.

John Castillo nació en Calama, es dueño de una pequeña tienda de ropa en el centro de la ciudad (Boutique Estilos) hace ocho años, y aclara que no todas las camionetas que se ven pertenecen a los trabajadores ni son prueba de bonanza: "Las empresas les prestan camionetas a los trabajadores que van a la mina, no siempre son de los trabajadores. Después las empresas las rematan. Viene gente de todos lados al remate, sobre todo gitanos. Mi papá compró una Terrano 2007 en menos de tres millones, más lo que cobra el martillero".

Ciudad de paso
Para el dirigente de la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC), José Mardones, hay otro fenómeno que ha alterado la vida de los calameños: la tercerización de servicios en la gran minería y el establecimiento de sistemas de turno, que hicieron que Calama se convirtiera en una ciudad con una alta población flotante.

Cada día, los aviones y buses llegan repletos de trabajadores provenientes de otras ciudades, atraídos por los salarios que ofrecen la minería y la construcción. Arriendan piezas por $100 mil mensuales y muchos de ellos se quedan sólo mientras dura el proyecto en que están trabajando.

Jorge es taxista de toda la vida y señala que la población flotante efectivamente ha crecido desde que comenzó el boom del cobre. "La mayoría de la gente de afuera no se viene a quedar, tienen casa en otro lado y se llevan la plata que acá les pagan. Ni el comercio se beneficia mucho, porque ahora hay mall y hay supermercados", señala.

"El año 2000 había tres supermercados y ahora tenemos Jumbo, dos Tottus, un Santa Isabel, Lider, Unimarc, Easy, de todo. La gente compra, pero usted sabe que esta es la ciudad más endeudada de Chile", agrega.

Una percepción similar tiene John Castillo: "Es verdad que los sueldos son más altos, pero la llegada de las multitiendas hizo que las ventas de nosotros bajaran a la mitad. No es que los mineros no nos quieran comprar, lo que pasa es que nosotros no damos crédito y los mineros compran todo a veinte cuotas. Además, el estándar de vida acá es muy caro, así que a la gente que no trabaja en la minería no le alcanza. Una habitación con baño compartido cuesta $100 mil mensuales".

¿Por qué esta ciudad de apariencia inhóspita, entonces, ejerce tanta atracción sobre los afuerinos? Porque los salarios son más altos que en el resto del país y algunos pueden ahorrar. Antonio viaja en avión desde Santiago a Calama, es maestro mayor en construcción y dice que gana al menos $730 mil mensuales, mientras que en Santiago rara vez superó los $500 mil.

Ariel Riquelme y Álvaro López estuvieron 42 días deambulando por la ciudad a la espera de que una de las decenas de compañías contratistas los enrolara en alguna obra civil. ¿Por qué esperaron tanto? "Porque el sueldo acá es mejor, hicimos el curso de inducción y estuvimos esperando. Nos ofrecieron más de setecientos", dice Riquelme.

Estas cifras son consistentes con estadísticas elaboradas por la Fundación para la Superación de la Pobreza que muestran que el ingreso autónomo de los hogares de la provincia de El Loa asciende a $939 mil mensuales, mientras que el promedio nacional es de $735 mil.

Visas para extranjeros se disparan
Pero lo que para algunos es positivo, para otros es nefasto. Verónica Plaza es nacida en Calama, trabaja en Aramark -que da servicio de alimentación a empresas-, es dirigenta, y dice que el comercio cobra "como si todos fuéramos mineros", ignorando que la gente que trabaja en servicios gana $300 mil mensuales. ¿Solución? "Endeudarse".

Sólo el 40% de los 140 mil habitantes de la ciudad viven de la minería.

El kilo de pan, por ejemplo, cuesta $1.300 en algunos sitios; media hora de internet entre $400 y $500, y el litro de bencina, $890. Una familia tipo, en tanto, paga una cuenta de luz de $35 mil, siempre y cuando no tenga subsidio.

Claro que no todos atribuyen los problemas de la ciudad a la minería. Betty Tello llegó hace seis años proveniente de La Serena y trabaja como recepcionista de un hotel en el centro de la ciudad. Se declara agradecida de Calama y dice que si todo fuera tan malo no habría tantos extranjeros y gente proveniente de otras ciudades. Señala que la hotelería es cada vez más pujante gracias a las empresas mineras que mantienen un movimiento constante de gente. "Ganan buen sueldo, pero todos son silicosos. Incluso los supervisores trabajan adentro de un contenedor (oficina) y también se enferman de silicosis. Eso la gente no lo ve. Yo defiendo Calama, porque hay trabajo. En La Serena trabajábamos en verano, subían los precios para los turistas y esos precios se mantenían todo el año", dice.

Según la gobernación provincial, en 2010 se tramitaron 2.982 solicitudes de visas (1.070 sujetas a contratos) y en 2011 esa cifra alcanzó las 3.928 solicitudes de residencia

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