Fondos Mutuos
Una de las consecuencias del conflicto estudiantil que ha dominado la discusión pública del presente año ha sido la aparición de un amplio e intenso debate acerca de cuál debe ser el nivel y estructura de la carga tributaria en Chile.
Es incuestionable que la decisión de elevar el gasto permanente del gobierno -en este caso, en una mayor transferencia a los estudiantes universitarios y a un grupo de universidades- hace necesario disponer de recursos también "permanentes" para enfrentar dichos compromisos. Frente a esta realidad caben dos preguntas, cuya respuesta es esencial para establecer la estrategia más adecuada de financiamiento de dichos gastos: ¿Se pueden generar dichos recursos -o una fracción importante de éstos- a partir de una reasignación de gastos? Ello, como resultado de un riguroso ejercicio de evaluación y racionalización de los programas vigentes. Si ello no es posible, ¿cuáles son los impuestos que debieran ser ajustados?
Con respecto a la búsqueda de recursos a través de un mejor uso de los recursos públicos actualmente disponibles, es importante destacar que el ejercicio de las finanzas públicas consiste en armonizar una adecuada respuesta a los requerimientos de gasto del gobierno en determinadas áreas, con una evaluación regular y cuidadosa de los mismos. Esto es esencial no sólo para lograr un buen aprovechamiento de recursos disponibles, sino, además, que para evitar que la incertidumbre sobre la evolución de la carga tributaria perjudique el desarrollo de la actividad productiva.
En el caso específico de la economía chilena, que muestra un importante crecimiento del gasto del gobierno como porcentaje del PIB entre el año 2006 y el 2009 -de alrededor de siete puntos, lo que es un aumento considerable-, dicho ejercicio de revisión de la eficacia del gasto del gobierno es un requisito esencial antes de considerar aumentos de impuestos.
En cuanto a la opción de elevar la carga tributaria -un camino a priori preferible para diversos grupos-, nos encontramos con que una respuesta recurrente en numerosas economías consiste en ajustar aquellos impuestos cuya alza provocará una menor resistencia política, solución que resulta tan atractiva como peligrosa, en términos de sus consecuencias sobre las perspectivas de mediano plazo de la economía.
La otra alternativa es elevar aquellos impuestos que siendo capaces de recolectar los recursos requeridos son menos distorsionadores. Esto quiere decir que provocarán un bajo efecto en los planes de inversión, ahorro o empleo de los afectados por la mayor carga tributaria.
En este contexto del debate ha aparecido la hipótesis de "neutralidad" de algunos impuestos. En particular, del impuesto a las utilidades de las empresas. Esto quiere decir que el nivel de la tasa de impuesto a las utilidades de las empresas es poco relevante en las decisiones de inversión de las empresas, planteamiento difícil de justificar. Por otro lado, en un contexto de amplia movilidad internacional de los capitales, un alza de los impuestos a las utilidades de las empresas llevará a una reasignación geográfica de las inversiones, con el consiguiente perjuicio sobre las remuneraciones de los trabajadores de la economía donde estas tasas son mayores.
Algo de historia
Un antecedente importante dentro del debate se refiere al origen y resultados de la estructura tributaria vigente en Chile. Ésta se estableció a mediados de la década de 1970 en un contexto de fuertes desequilibrios en las cuentas fiscales, el que contribuyó a resolver con el apoyo de un cuidadoso manejo de gastos.
Más tarde, a mediados de los 80, se introdujeron ajustes en el sistema tributario vigente con el propósito de enfrentar los efectos de una aguda crisis de endeudamiento del sector privado. En esencia, se mantuvo el peso de la recaudación en el gasto, reflejado en una alta participación del IVA dentro de la recaudación total, fortaleciéndose los incentivos al ahorro de las personas y empresas, lo que contribuyó a la capitalización de las empresas.
Aun cuando una evaluación rigurosa del aporte de la estructura tributaria en el satisfactorio desempeño observado por la economía chilena desde entonces requeriría de un análisis más elaborado del que permiten estas líneas, se puede señalar que los resultados globales observados por la economía tienden a confirmar la percepción de que el sistema tributario existente ha jugado un papel importante en la configuración de un cuadro de crecimiento con estabilidad.
Frente a la realidad de las finanzas públicas en las economías industrializadas, resulta aconsejable analizar y valorar el sistema tributario chileno y, por otro lado, advertir las consecuencias de aumentos persistentes en el tamaño del gasto fiscal, los que pueden concluir intoxicando el dinamismo de la economía.