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Jean-Claude Trichet deja el Banco Central Europeo en su hora más difícil

martes, 18 de octubre de 2011

Luz María Zambrana
Economía y Negocios

A fin de mes dejará el puesto que ocupó por ocho años, en medio de la peor crisis que ha atravesado el euro desde su inicio. Mientras algunos defienden sus políticas, otros lo acusan de haber sobrepasado sus atribuciones e interferido en la arena fiscal.

Ya faltan pocos días para que Jean-Claude Trichet, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), deje el puesto que lo marcó como "Sr. Euro". Durante los ocho años que lleva presidiendo la entidad ha recibido elogios y premios, pero todo esto cambió con la crisis de la deuda que golpea a Europa.

En los últimos meses se ha visto bajo fuego cruzado, acusado por algunos de haberse alejado del mandato único del BCE, que es vigilar la inflación y de haber entrado en la arena fiscal -poniendo en riesgo la credibilidad de la institución-, y, por otros, de no hacer lo suficiente para frenar la crisis y de ser más "papista que el Papa" en relación a la estabilidad de los precios.

En medio del peor descalabro que ha visto el euro, aún no está claro cuál será el legado de Trichet, si pasará a la historia como el salvador de la moneda única o como aquel que llevó al BCE por un camino peligroso al salirse del libreto el año pasado y comenzar a comprar bonos de países periféricos como Grecia.

Para Marco Valli, economista jefe para la Eurozona de Unicredit, el francés lo ha hecho muy bien, pese a las dificultades de los últimos años. "Hay que reconocer que estuvo entre los primeros en darse cuenta de lo que estaba pasando a mediados de 2007 y proveer liquidez a los mercados", asegura.

Luego -afirma- cometió un error al subir las tasas de interés en julio de 2008 en medio de la recesión, pero eso no deja a un lado que ha sabido utilizar muy bien las políticas estándares (las tasas) y las no estándares, como la inyección de liquidez y las compras de bonos.

Este último punto es, de hecho, muy controversial en Europa, especialmente entre los alemanes, que consideran el control de la inflación sagrado y que acusan a Trichet de convertir al BCE en un "banco malo". De hecho, dos de los consejeros de origen alemán, primero Axel Weber -en ese entonces presidente del Bundesbank- y luego Juergen Stark, terminaron renunciando a sus puestos al no estar de acuerdo con esta medida no convencional. Ante la presión de los mercados, el programa fue retomado en agosto pasado con la compra de deuda italiana y española. En los últimos 16 meses, las adquisiciones han totalizado US$211 mil millones.

Según Everett Brown, estratega de bonos europeos de IDEAGlobal, la medida fue crítica para prevenir que estos países sucumbieran en una "espiral mortal" como lo hicieron Grecia, Irlanda y Portugal, que han tenido que ser rescatados por la Unión Europa. "La decisión fue difícil y altamente controversial dentro del BCE, pero no había más opciones para evitar que la crisis se desarrolle hasta el punto en que Italia haga default y se desencadene un evento mucho peor que lo que pasó luego de la caída de Lehman Brothers, en 2008", opina.

Al BCE no le quedó otra alternativa, según Valli: "Habría preferido no intervenir en los mercados con la compra de bonos, pero no tuvo otra opción, debido a que los gobiernos fueron muy lentos en reaccionar. Así que tuvo que rellenar el vacío entre el proceso de decisión de los gobiernos y las circunstancias apremiantes", afirma.

Pero no todos están de acuerdo. En una de sus pocas intervenciones luego de informar su salida del Central europeo, Juergen Stark reafirmó la importancia de seguir las reglas del juego y de no dejarse llevar por los trastornos del mercado.

El otro punto controversial son las tasas de interés. Trichet defendió acaloradamente la política monetaria de la entidad luego de que le preguntaran sobre los comentarios de un político alemán acerca de que el BCE se había convertido en un "banco malo" por la compra de bonos periféricos. El francés respondió que la institución había cumplido "impecablemente" su rol en la mantención de precios por casi 13 años.

Pero es justamente esto lo que le ha ganado críticas de economistas como el premio Nobel Paul Krugman, quien en una columna reprochó la obsesión por la inflación del BCE cuando Europa pasa por una fuerte desaceleración económica, y lo conminó a recortar las tasas. Este año la institución ha subido dos veces los tipos de interés, que actualmente se sitúan en 1,5%.

Brown concuerda: "Creo que el BCE está demasiado e innecesariamente preocupado por la inflación. Nunca debió haber alzado las tasas a la luz de un sistema bancario débil y una economía frágil fuera de Alemania".

Valli afirma que aunque no ve que la inflación sea un riesgo, no espera que el instituto emisor baje pronto las tasas. En su última conferencia de prensa, Trichet afirmó que el BCE cree que hay un problema con el mecanismo de transmisión de la política monetaria a la economía real. Es por eso que por el momento han decidido el uso de medidas no ortodoxas para mejorar la transmisión, sin tocar las tasas de interés.

Sin embargo, muchos, especialmente en Alemania, siguen pensando que la imagen del BCE está en peligro debido a que con estas políticas no convencionales cruzó la línea hacia el terreno de la política fiscal. El popular periódico Bild afirmó en un título que de la credibilidad de la entidad sólo queda una pila de escombros. Esta creencia tampoco es generalizada.

"Si se ve lo que está pasando en Gran Bretaña, donde el Banco de Inglaterra está realizando su segundo relajamiento cuantitativo ( quantitative easing ) pese a que la inflación está en casi 5%, y en Estados Unidos, donde la Reserva Federal está pensando en tomar más medidas cuando el país ni siquiera está en una recesión, me da la impresión de que el BCE es la institución que preserva la mayor credibilidad", comenta Valli.

Los desafíos que tendrá su sucesor, el italiano Mario Draghi Mario Draghi, el italiano que sucederá a Jean-Claude Trichet el 1 de noviembre, no tiene una tarea fácil por delante. Además de la crisis de deuda, una posible recesión en la Zona Euro, la presión por cortar las tasas y la contrapresión de mantenerse como el estandarte de la estabilidad de los precios son algunos de los desafíos que deberá enfrentar.

Además, está el hecho de ser italiano, cuando su país está en el centro de los problemas de deuda. Muchos esperan que para validarse sea más alemán que los mismos alemanes con respecto a la vigilancia de la inflación.

Por otra parte, heredará un BCE que también ha entrado en el terreno de la política, negociando con los gobiernos la forma en que se decide el rescate de los países europeos con problemas y en las exigencias fiscales a éstos. "Draghi va a tener que mantener la presión sobre los gobiernos para que cumplan las reformas tanto en la parte fiscal como económica que necesita la Eurozona", afirma Valli.

Por otra parte, está el controvertido programa de adquisición de bonos. "Su compra periódica, cuya responsabilidad se supone pasará al fondo de rescate europeo, es necesaria para mantener contenida la prima de riesgo de la deuda periférica. Pero habrá que ver si será suficiente hasta que se haga la transferencia o mejores instituciones sean desarrolladas", comenta Brown.

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