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Las mejores universidades del mundo no tienen fines de lucro y se financian vía donaciones

domingo, 10 de julio de 2011

Pablo Obregón Castro
Economía y Negocios

De las veinte mejores universidades del mundo, diecisiete son estadounidenses y prácticamente todas ellas se financian a través de fondos patrimoniales denominados endowments , cuyo rendimiento en cualquier modalidad de inversión es utilizado para el desarrollo institucional.

Harvard es la mejor universidad del mundo y su exitoso modelo no se parece a ninguno de los que se aplican en Chile.

Es una fundación privada sin fines de lucro, cuyos ingresos provienen sólo en un 20% de la matrícula que pagan sus alumnos, recibe moderados aportes fiscales y basa su funcionamiento en donaciones de sus redes de egresados y de grandes empresas.

En pregrado, por ejemplo, en torno al 60% de sus alumnos están becados por la propia universidad, pero en postgrado, en cambio, casi todos pagan. Y pagan caro.

La gratuidad en pregrado es un buen aliciente para que los egresados de esta universidad se conviertan en donantes una vez que están en la etapa más productiva de su vida profesional o empresarial, dice el rector de la Universidad Adolfo Ibáñez, Andrés Benítez, quien ha estudiado de cerca el modelo de Harvard.

Además, como la educación escolar también es gratuita -dice-, los mejores profesionales estadounidenses desarrollan un sentido de gratitud hacia las instituciones donde se formaron, lo que los impulsa a donar parte de sus recursos para mantener la excelencia de esas entidades.

Con estas donaciones, la mayoría de las mejores universidades de ese país forman fondos patrimoniales denominados endowments , cuyo rendimiento en cualquier modalidad de inversión es utilizado para financiar el desarrollo institucional.

Harvard, por ejemplo, tiene un fondo patrimonial de US$ 27 mil millones; Yale, de US$ 16 mil millones y Princeton, de US$ 14 mil millones. Los rectores son evaluados por los consejos de administración no sólo por su capacidad para captar a los mejores alumnos del mundo, sino también por el rendimiento de estos fondos.

Este modelo ha permitido que de las veinte mejores universidades del mundo, 17 sean de ese país, según el Ranking de la Universidad de Shanghai, que es el más prestigioso del mundo. Las únicas que compiten en este selecto grupo son las universidades de Cambridge y de Oxford (Reino Unido) y la Universidad de Tokyo.

Entre las latinoamericanas, las únicas que figuran entre las doscientas mejores son la Autónoma de México y Sao Paulo.

En Chile hay pocos donantes
El prorrector de la Universidad del Desarrollo (UDD), Federico Valdés, también destaca las ventajas del modelo anglosajón, pero lamenta que en Chile no se haya podido desarrollar entre los egresados una cultura de donar a las universidades que los formaron y, de ese modo, hacer que el sistema sea menos dependiente de la matrícula y de los aportes del Fisco. En el caso de la UDD, sólo el 2% de sus recursos provienen de donaciones.

"El ejemplo que yo mejor conozco es el de Stanford, que es donde hice mi posgrado. Debe ser la que más donaciones consigue de sus ex alumnos y con eso desarrollan infraestructura, realizan investigación y becan a los alumnos que tienen un talento especial. La gran ventaja, a mi modo de ver, es que es la propia universidad la que decide a quién becar y qué parámetros utiliza para admitir alumnos".

Valdés es parte del consejo de uno de los programas de posgrado que imparte Stanford y dice que una de las claves del modelo americano es cobrar caro a los alumnos que ya están rindiendo a su máxima capacidad y becar a los alumnos talentosos que están en la etapa menos productiva.

"Lo hacen sabiendo que una vez que los egresados rentabilizan la educación que reciben van a retribuir. Pero mientras no exista esa cultura en Chile, el Estado tiene el deber de ayudar a todos los que tienen talento y no sólo a un subconjunto de universidades", dice Valdés.

En paralelo, el modelo norteamericano también acepta la existencia de universidades con fines de lucro, las que, entre otras características, transan sus acciones en bolsa, pagan impuestos, reparten utilidades y no figuran entre las mejores.

El grupo Apollo, por ejemplo, transa sus acciones en el Nasdaq.

¿Merecen recursos?
En su mensaje, el Presidente Piñera anunció la creación de una Superintendencia de Educación Superior que, entre otras cosas, fiscalizaría el cumplimiento de la Ley que prohíbe el lucro en la educación superior (en la educación técnica sí se permite).

Sin embargo, también dejó entrever la idea de transparentar las cosas y, tal como ocurre en Estados Unidos, consagrar la existencia de tres mundos distintos: universidades estatales, fundaciones privadas sin fines de lucro y otras, derechamente, con fines de lucro.

De imponerse esta alternativa, la pregunta que surge es si estas últimas pueden recibir fondos públicos, ya sea para desarrollar sus proyectos o para financiar a los alumnos vulnerables. Para el investigador del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile Juan Pablo Valenzuela no parece razonable entregarles recursos directa ni indirectamente.

Menos drástica es la opinión de Valdés: "Me parece bien que se establezca quién tiene una característica y quién tiene otra, pero yo no cerraría la posibilidad de que haya universidades que puedan lucrar. Y mientras más fondos concursables haya y menos fondos basales -reservados para las universidades tradicionales- mucho mejor".

Benítez tampoco rechaza la posibilidad de que existan universidades con fines de lucro, pero destaca un hecho que resulta clave en este debate: en educación, los márgenes son muy estrechos como para lucrar y, por lo tanto, si alguien pretende obtener utilidades, tiene que sacrificar calidad.

Modelo europeo en crisis
Las universidades europeas, a diferencia de las norteamericanas, viven una importante crisis financiera, pese a los ingentes recursos que les aporta el Fisco. En la Unión Europea, el 79,9% del financiamiento de la educación superior proviene de fondos públicos; el 11,5% de las familias y sólo el 5,4% de organizaciones sin fines de lucro.

Las más dependientes del Estado se encuentran en Dinamarca, Grecia, Austria, Portugal, Finlandia y Noruega, donde el fisco aporta el 90% de los recursos, según datos del estudio "Cifras Clave de la Educación Superior en Europa".

Pese a estos importantes aportes fiscales, las universidades europeas han ido perdiendo terreno rápidamente. De las cien mejores según el Ranking de Shanghai, sólo 16 corresponden a instituciones del viejo continente (sin contar a las del Reino Unido, que tiene un modelo de gestión distinto).

El resto de los primeros lugares se reparte entre universidades estadounidenses y asiáticas.

Por qué las entidades con fines de lucro no destacan"No hay ninguna universidad con fines de lucro que aparezca adelante en estos rankings ". Así de categórico es el investigador del Centro de Estudios Públicos, Harald Beyer, quien explica que una universidad de excelencia supone altos niveles de inversión en investigación y desarrollo, actividades que estas entidades no realizan.

"Ello no se financia con los aranceles sino que requiere aportes públicos y donaciones. Las instituciones estatales y sin fines de lucro capturan gran parte de estas inversiones porque tienen una mayor trayectoria e historia, una elevada selectividad de alumnos y, junto con ello, los investigadores tienen potencialmente menos conflictos entre diversos objetivos", dice.

En todo caso, considera que las universidades con fines de lucro no pueden -y tampoco aspiran- a ser universidades de excelencia, puesto que su objetivo es ser buenas instituciones de docencia.

"Por supuesto, para estos rankings ese objetivo no es suficiente y me parece bien que sea así" aclara Beyer.

¿Cómo evaluar, entonces, a estas universidades? Hay que evaluarlas en su capacidad para entregar una educación de calidad razonable a estudiantes de menos habilidades y no por su capacidad de producir ciencia.







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