Fondos Mutuos
Tales de Mileto, el conocido filósofo y geometra griego, fue el primero en detectar la importancia del clima en las actividades económicas. Tales además era un astuto meteorólogo: anticipó correctamente que la próxima cosecha de aceitunas sería exitosa debido a condiciones climáticas favorables (después de varias temporadas de producción casi nula debido a un clima adverso) y ofreció comprarles a los productores de aceite de oliva sus prensas. Como estas llevaban largo tiempo ociosas los productores se las vendieron entusiasmados a un precio bajísimo. Llegada la temporada de cosecha, los productores desesperados se vieron obligados a re-comprarle a Tales las prensas a un valor altísimo, so pena de ver descomponerse la mejor cosecha de aceitunas en muchos años. Y así el filósofo, cansado de que lo acusaran de ser poco práctico, se convirtió en el primer especulador exitoso de la historia.
Esta historia, sin embargo, es más interesante desde el punto de vista de los productores de aceitunas, pues enseña una lección importante: una empresa cuyos ingresos dependen de los "caprichos de la naturaleza" está expuesta a graves riesgos. Un dato más específico: el British Metereological Institute estima que más del 80% de la actividad económica mundial depende del clima. Por este motivo los mercados financieros han desarrollado productos para mitigar los efectos de los llamados "acts of God". Es decir, terremotos, huracanes, lluvias excesivas, temperaturas alejadas de los patrones normales, etc.
Estos productos se dividen en dos grupos: (i) los CAT-bonds (del Ingles catastrophe bond); y (ii) weather derivatives (derivados que hacen referencia a una variable climática). Los CAT-bonds son bonos tipo bullet en que el pago del principal depende de la ocurrencia y magnitud de un evento tipo terremoto, huracán, o tormenta. Los weather derivatives son contratos (opciones o futuros) que referencian índices ligados a variables meteorológicas (cantidad de lluvia o nieve, temperaturas, velocidad del viento, etc).
Los usuarios de estos contratos son en general empresas que necesitan cobertura para mitigar los efectos de riesgos sobre los cuales no tienen ningún control. Ejemplos hay muchos: desde firmas que suministran gas natural (venden menos gas durante un invierno caluroso) hasta parques de entretenciones (pocos visitantes los días de lluvia). La mayoría de estos contratos están estandarizados y se transan en bolsas debidamente reguladas como el Chicago Mercantile Exchange.
La filosofía detrás de estos instrumentos es simple: ninguna empresa tiene poder para controlar la naturaleza, pero sí puede -haciendo un uso prudente de estos derivados- mitigar los efectos negativos de esta. Chile tiene importantes industrias (fruta, vinos, turismo, salmones, energía) que están sujetas a riesgo climático. Por lo tanto, el desarrollo de este tipo de instrumentos sería beneficioso para nuestra economía.
SCX, la primera bolsa climática de Sudamérica y que estará orientada a transar "bonos de carbono" podría ser una plataforma ideal para tomar esta iniciativa. Desarrollar un mercado de instrumentos ligados a índices de temperaturas y precipitaciones debería ser el punto de partida natural.
Hoy en día, el uso de derivados en el manejo de riesgos asociados con los precios de commodities, tasas, o monedas no solo es habitual sino necesario. No hay motivo para pensar que el manejo del riesgo climático deba ser diferente. En suma, expresiones como "ojala este invierno no sea muy lluvioso" deberían ser eliminadas del vocabulario de los empresarios nacionales.