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Hay pocas cosas más tradicionales en el comercio chileno que las "realezas": desde el mote con huesillos hasta las bicicletas, por años familias de comerciantes han nombrado a sus locales reinos y se han autoinvestido como monarcas. Empresas 100% familiares que tomaron el nombre "como muestra de la calidad de sus productos", dice Henry Northcote, gerente general de ACHAP. Esto, y lo antiguo de la tradición, explicaría lo machista del rubro, ya que no hay casos de reinas, a excepción de la Reina del Mote con Huesillos, un local que hasta hace algunos años funcionó en Mapocho, hasta su cierre en 2007. Otra es la historia de aquellos donde el rey ha muerto, y sus hijas continuaron el negocio con el nombre del padre.
Mejor pastel de choclo, dicen, está en Paine
Comenzó con el nombre La Glorieta, pero los parroquianos terminaron invistiéndolo como El Rey. ¿De qué? del plato más abundante que servía este restaurante de comida chilena: el pastel de choclo.
En el kilómetro 43,5 de la Ruta 5 Sur, este restaurante de la familia de Francisco Oregón lleva casi 100 años vendiendo este tradicional plato. El local, todo un ícono de la ciudad de Paine, también destaca por sus preparaciones criollas y sus conservas preparadas en casa.
Aunque su mejor época de ventas es el verano y para las Fiestas Patrias -cuando los visitantes de la laguna de Aculeo repletan sus más de 100 mesas-, todo el año mantiene un flujo constante, ayudado por el hecho de que es el único local de la zona que tiene entrada directa desde la carretera, evitando un desvío o un peaje.
Y es que El Rey del Pastel de Choclo es una parada obligada para los amantes de la cocina, que se pasan el dato sobre ese abundante plato que llega a pesar 1,5 kilos.
Juanito Mena, el Rey de las Bicicletas
Empezó como Juanito Mena, pero en junio de 1973 se quiso cambiar el nombre. Hicieron una encuesta radial, y sus mismos clientes lo ungieron como el Rey de las Bicicletas.
Su primer estuvo en la calle Arturo Prat, desde donde pasó a lo que es hoy su local de San Diego. Allí, se instaló como la tienda de bicicletas "más grande de Sudamérica", pero después construyó una galería, reduciendo el tamaño de su local.
Tras la crisis se muestra tranquilo, ya que dice que habían diversificado sus inversiones, por lo que la baja en las ventas no los afectó tanto e, incluso, hoy están construyendo una nueva bodega.
En el local de Juanito Mena se venden tres tipos de bicicletas: Lahsen, Bianchi y Juanito Mena, que construye él mismo, una parte de manera artesanal y la otra en la ex fábrica de Bianchi, de la que compró el 75% cuando la italiana dejó de fabricar en Chile.
El negocio de toda una vida
Domingo Zúñiga, el Rey del control remoto, tomó la corona cuando nadie se dedicaba al negocio y hoy debe competir con los muchos locales especializados en la reparación de mandos a distancia.
Desde su local ubicado en la calle Portugal, Zúñiga cuenta que adoptó el apelativo por ser el pionero en este tipo de negocios, y que se ha mantenido por más de dos décadas.
Inicialmente se ubicó en el barrio Franklin, aunque hace algunos años se trasladó a la más céntrica calle Portugal.
Afirma que "todo lo ha dado el control remoto", y que gracias a su pequeño local y reinado ha podido mantener a su familia cómodamente. Incluso su hija, a punto de salir de la universidad, ha financiado todos sus estudios con la comercialización de estos aparatos de uso diario.
Vendiendo mote con huesillos desde hace 75 años y en la misma esquina
El Rey del Mote con Huesillos, ubicado en Rondizzoni esquina Mirador, lleva más de 75 años en el centro de Santiago. Por esos años, Alberto Bravo fundó el local donde comenzó su reinado, el mismo que hoy tiene a la segunda y la tercera generación a su cargo. Su éxito se basó en la estratégica ubicación de su establecimiento, ya que por esos años la única salida hacia la costa era por la calle Rondizzoni, que la conectaba con la cuesta Barriga.
En el verano, entonces, el pequeño local ubicado detrás del Club Hípico, era la parada obligatoria para los asistentes de los espectáculos del centro, los veraneantes que iban y volvían a la playa. De ahí también viene la tradición de la familia de abrir sólo entre septiembre y abril, y de cerrar en invierno.
Ramón Palacios, actual administrador del local, explica que el secreto de su mote con huesillos está en una receta que han guardado bajo siete llaves, y que les permite mantener la corona en sus manos, con justo derecho y capeando las crisis que le ha tocado vivir.
Hoy los descendientes de Bravo se mantienen en la propiedad del local, pero la gestión la lleva Palacios.
El sultán de calle Meiggs
No es rey, pero es un sultán (príncipe). Ese es el nombre que eligió para su negocio el inmigrante sirio Reyscallah Naser cuando llegó a Chile en la década de 1960 a instalar una fábrica de tejidos. Por esos años, Naser le puso ese nombre a su fábrica, en honor a su padre que, según cuentan, era un príncipe que poseía muchas tierras en su país.
Hoy el hijo de Reyscallah, Ricardo, está a cargo del local que, a mediados de 1970, pasó a ser una distribuidora de papelería y que hoy la tiene como la mayor distribuidora de papeles de regalo del Barrio Meiggs, según afirma. Como primera generación nacida y criada en Chile a cargo del local, Ricardo explica que ha tratado de mantener una administración racional, que hoy los lleva a tener dos locales y a estar comenzando la construcción de una tercera sucursal de cerca de mil metros cuadrados y con una inversión de US$ 500 mil en la calle Salvador Sanfuentes.