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¿Cómo se combinan solidaridad, eficiencia y salud privada en el mundo?

lunes, 16 de agosto de 2010

Carolina Gutiérrez y Carlos Oliva
Economía y Negocios

Mientras en Chile la derogación de la tabla de factores de riesgo -base del sistema de isapres- está en jaque, las principales potencias del mundo también hablan de reforma. Uno de los casos más destacados es el modelo de salud pública y privada de Colombia, donde el riesgo se reparte entre todos, aunque tampoco ha estado exento de problemas.



Si en Chile a un hombre de 25 años le subieran su cotización para que asuma el mayor riesgo que representan mujeres y personas de más edad, hay una gran probabilidad de que éste opte por irse a Fonasa y contratar un seguro complementario propio.

Y es que "el sistema de salud chileno genera oportunismo" es el juicio de Alejandro Ferreiro, ex superintendente de isapres y miembro de la Comisión Nacional para Revisar el Financiamiento de la Salud.

Las personas entran y salen del sistema privado y público de acuerdo a su conveniencia, y por esto una isapre no puede forzar a alguien a pagar más que su propio riesgo. En este sistema "hay más libertad de elección, pero en un marco legal y jurídico que permite garantizar los derechos de sus beneficiarios", advierte el superintendente de salud, Luis Romero.

Una realidad muy diferente de lo que se da en el resto del mundo. Aunque la mayoría de los países cuentan con seguros privados, diversas son las fórmulas que han encontrado para hacer que el sistema también sea solidario. Es decir, que cada uno aporte de acuerdo con sus rentas, sin pagar de su bolsillo el riesgo que representa para el sistema.

Las fórmulas
Mientras el 90% de los sistemas de salud en el mundo son esencialmente públicos y los seguros actúan como complemento para paliar las fallas del sistema, otros son administrados por privados o mixtos, pero con ciertas obligaciones para asegurar la solidaridad. Es el caso de Holanda, donde las personas de más ingresos están obligadas a tener seguros privados que son más caros.

Pero más solidaridad no significa que no haya problemas. En Europa hay pocas opciones de elección, las listas de espera pueden ser eternas y los déficits de presupuesto pueden ser muy elevados. Es el caso de Francia, que si bien combina salud pública con seguros privados complementarios y está ubicada en el primer lugar del ranking de calidad de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2006 tuvo un déficit de 11 mil 600 millones de euros. Y es que "el monto destinado a salud no es garantía del buen funcionamiento del sistema", afirma Rubén Torres, representante de la OMS en Chile. Por ejemplo, Estados Unidos es el que más gasta de su PIB, pero tiene a más de 40 millones de personas sin cobertura.

La reforma en Estados Unidos
Tras un año de intensas discusiones entre republicanos y demócratas, Barack Obama logró que ambas cámaras aprobaran la esperada reforma de salud a fines de marzo. Ésta dará a la mayoría de los habitantes un seguro de salud, agregando a 16 millones de personas a las listas de Medicaid (programa federal para individuos de bajos ingresos y familias que carecen de seguros de salud) y dando subsidios para la cobertura privada a gente de clase media y baja. Esto tendrá un costo de US$ 938 mil millones para un período de 10 años.

La mayoría de los americanos reciben cobertura de salud a través de un empleador, mientras que los programas públicos cubren a casi el 30% de los estadounidenses.

Pero hay un grupo importante que no tiene acceso a estos programas ni al sistema privado, los llamados desasegurados, quienes alcanzaron en 2007 al 15% de la población (más de 45 millones de personas). Con la reforma de salud, se espera que 32 millones de ellos queden asegurados.

Inglaterra también alista cambios
Como les gusta a los europeos, la solidaridad del sistema se ha resuelto con una sola palabra: Estado.

Los británicos pagan sus impuestos y éstos son asignados por el Servicio Nacional de Salud a los proveedores, de manera que cada vez que un inglés va al doctor, el 100% de la cuenta es cubierta, a excepción de los remedios recetados. Esto se ha traducido en un sistema que gasta alrededor del 8,7% de su PIB en salud y con gran cobertura de la población.

¿Cómo se explica entonces que el 10% de los ingleses paguen por seguros complementarios privados y que el gobierno haya propuesto recién una reforma? Según las últimas cifras, 750 mil personas están esperando poder hospitalizarse, el 40% de los pacientes nunca puede ver a un oncólogo, y hay un racionamiento explícito para diálisis de riñón, cirugías de corazón y enfermos terminales. El sector arrastra un fuerte déficit y la reforma busca disminuir los costos administrativos en 45% y ahorros de eficiencia de US$ 30 mil millones en el presupuesto de salud para 2014.

Casos singulares
En Alemania, ningún seguro de salud puede negar cobertura por preexistencias. Y mientras las cuentas de salud de los canadienses van a parar al gobierno, muchos doctores han creado sus propias empresas para atender más rápido a los pacientes que pueden pagar más. En Taiwán, los habitantes cuentan con tarjetas inteligentes que consignan sus cuentas de salud.

Otros casos singulares son también los de Noruega y Cuba. Mientras el primero cuenta con programas de salud con tratamiento de spa , Cuba otorga cobertura y atención en salas especiales a los extranjeros que llegan a la isla.

¿China? Por años tuvo un sistema cooperativo de salud muy exitoso, pero cuando éste se acabó, más de 100 millones de personas quedaron sin cobertura. Así, el gigante asiático está en medio de una reforma mayor de su sistema que se extenderá hasta 2020.

Colombia, felicitado por la OMS
¿Pueden convivir isapres y Fonasa en un sistema basado en la solidaridad en que todos pagan de acuerdo con sus posibilidades y sin asumir su propio riesgo? Este sueño de muchos chilenos podría describir al sistema actual colombiano. Un país que gracias a una gran reforma pasó de tener el 21% de su población afiliada en el 93 y grandes cuestionamientos a su sistema, a casi el 70% de las personas cubiertas. No por nada la OMS ha felicitado a Colombia y los países lo tienen como referente.

El sistema es simple. Aparte de las EPS -que son el equivalente a Fonasa y las isapres chilenas, que pueden ser públicas o privadas-, existe un fondo global y cada uno está obligado a cotizar el 11% de su sueldo (con dos tercios aportados por el empleador). Este monto va a un fondo que luego lo reasigna al organismo que la persona eligió de acuerdo con el riesgo que representa. Así, una EPS que tiene afiliados a un hombre joven y a una mujer mayor, en donde ambos ganan $500 mil y destinan $50 mil a salud, recibirá una cantidad mayor por la mujer y menor por el hombre.

De esta manera, a pesar de que el sistema tiene un gran componente privado, se asegura mayor solidaridad.

Pero el sistema está lejos de ser perfecto. Desde 2009, está enfrentando una crisis económica debido a que los tribunales han fallado en favor de que se cubran prestaciones que no están incluidas en los planes básicos y algunas de estas empresas peligran su solvencia. Además, los indicadores de salud de Colombia siguen muy por debajo de los estándares de los países desarrollados y aún persiste la inequidad, en donde las personas con más ingresos igual recurren a seguros complementarios para tener mejor cobertura.


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