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Empresario Jaime Said relata cómo vivió el terremoto en la mitad del Pacífico

domingo, 07 de marzo de 2010

Marily Lüders M.
Economía y Negocios

Estaba entrando a Juan Fernández con su familia en el yate "Darwin" para cargar combustible, a las 9 de la mañana del 27 de febrero, cuando supo del terremoto. Tuvo que seguir a vela y con muy poca información de los fenómenos que lo rodeaban.




El 22 de febrero pasado, Jaime Said y su familia trataron de cruzar por primera vez el Canal de Chacao para dar inicio a un viaje que simularía la trayectoria de Darwin por Chile.

Tenían que estar a las 3 de la madrugada para aprovechar la marea que los propulsaría al Pacífico. No alcanzaron a llegar a tiempo. "A dormir", dice la bitácora que llevó durante la travesía.

Doce horas más tarde volvieron a intentarlo, y salieron camino a Juan Fernández. Ese atraso les salvó la vida. Si hubiese cumplido el cronograma, habrían estado en la madrugada del 27 de febrero, día del terremoto y de la ola que arrasó con parte de la isla, donde pretendían cargar combustible y pasar un par de días.

En vez, llegaron a las cercanías de la isla pasadas las 9 de la mañana. No vivieron el terremoto, pero la bitácora de Said registra durante toda la noche de la tragedia, a las 2:58 y a las 6:02, el concepto "mar gruesa", que los navegantes explican como olas fuertes y altas.

No sabían que en tierra sus familias vivían un terremoto y que en la isla a la que se dirigían se la había prácticamente "comido el mar". Ahora desde su oficina de El Golf con sus anotaciones manuales y todos los programas computacionales a mano, Said se horroriza de lo incomunicado que estaba en la mitad del mar.

El empresario le entregó a "El Mercurio" el registro de todos los mensajes que recibió mediante el servicio de la Armada que contratan los navegantes para informarse de condiciones meteorológicas e incidentes como iceberg, puertos cerrados... y tsunamis.

No hay en ese día alguno que alerte de un tsunami, pese a que en otros servicios de información internacionales (a los que no tenía acceso desde el barco) a pocos minutos después del terremoto dieron la alerta. "Cuando hay una alerta así, las embarcaciones se alejan de las costas para evitar ser empujadas por las olas. Habría sido de gran ayuda", explica.

Said y su familia se enteraron por una llamada de uno de sus hijos que estaba en Santiago y porque fue interceptado por las comunicaciones de un avión de la Armada poco antes de llegar a Juan Fernández: "Fue curioso, porque a las 9 de la mañana ellos ¡me preguntaban a mí cómo estaba la isla!".

No pudo cargar combustible, y debió seguir a vela su camino, sin parar en la isla: "Nos fuimos con racionamiento, sólo para las comunicaciones, un poco más lento, pero tranquilos". Tenían suficiente comida y agua, porque el yate cuenta con un sistema de desalinización, pero había momentos en que casi no avanzaban, porque el mar estaba muy tranquilo. Estuvieron varios días sin comunicación por parte de las autoridades, salvo algunos barcos con los que se iban topando en el mar. Hasta que a pocas horas de llegar a tierra, el Buque Lynch le entregó unos bidones de combustible para lo que seguía. "Lo agradezco, pero la verdad es que la Armada no nos salvó, porque estábamos avanzando lento, pero seguro".

Habría preferido que los hubieran orientado antes, ya que la Armada sabía desde el zarpe hacia dónde y en qué plazos era la ruta del "Darwin", pero no lo contactaron ni siquiera a su teléfono satelital, cuyo número había dejado al partir.

Said dice que no entiende cómo no se ha invertido en un sistema de comunicaciones marítimas a prueba de estas catástrofes naturales, pero asegura que seguirá navegando, porque lo hace desde los 13 años, y ya es capitán de alta mar: "Fue un poco pesado, pero tras un descanso, volveré a subirme al yate".


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