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Fernando Fischmann: "Quedé solo en un período en que nadie creía que esto era posible"

domingo, 24 de enero de 2010


Economía y Negocios

Su aventura comenzó cuando quiso incorporar una laguna de aguas cristalinas al resort que levantaba en Algarrobo. No existía la tecnología y, en vez de rendirse, la creó, la patentó y hoy su invento causa furor en el mundo entero.




Hace un tiempo el escritor y columnista David Fischmann se reunió con su primo Fernando Fischmann, creador de las hoy afamadas lagunas cristalinas. El escritor le relató al empresario una fábula que resume la historia de este emprendedor: dos ranas se caen a un hoyo profundo y comienzan a saltar para tratar de salir. Las ranas que estaban en la superficie les gritan que les será imposible. Pero en un rebote, una lo logra. Era una rana sorda, que nunca escuchó los comentarios de sus compañeras.

"Refleja lo que me tocó vivir. Cuando uno hace innovación no puede escuchar mucho. Si se pone a escuchar todas las cosas que le dicen, termina no haciendo nada", resume Fischmann, ex alumno del Grange y bioquímico de la Universidad de Chile, quien hace unos 12 años comenzó con su aventura empresarial, cuando se planteó la idea de incorporar una laguna de aguas cristalinas para su complejo de segunda vivienda en Algarrobo.

-¿Cómo fue el inicio?
"Al comienzo fue re malo. Era agua turbia sin transparencia. Fueron hartos años de cabeceo. Por lo menos unos 5 años de malos resultados. Yo recuerdo que en ese momento me quedé solo, porque todo el mundo le empieza decir a uno "para que sigues con esa tontera. Si eso que estás tratando de hacer fuera posible, ya lo habría hecho alguien en alguna parte". Iba a ver expertos a Australia, a Estados Unidos y me decían que de acuerdo a los metros cúbicos necesitaba un filtro del porte de un edificio. Entonces fue una lucha solitaria. Me quedé solo en un período en que nadie creía que esto era posible con costos bajos. Si hay un mérito es haber sido perseverante en conseguir algo que parecía imposible, y escuchando gente con malos augurios".

Aprovechando su formación en la ciencia, Fischmann se puso a la tarea de investigar y experimentar, hasta que dio con un método que permite conservar cristalinos grandes volúmenes de agua con costos infinitamente más baratos que el sistema convencional de piscinas.

En 2007 recibió el récord Guinness por tener la piscina más grande del mundo, lo que contribuyó a poner este emprendimiento en el radar mundial entre los inmobiliarios, ávidos por contar con estas lagunas en sus proyectos. Fischmann creó la sociedad Crystal Lagoons y, como poseedor de la patente, comenzó a "vender la inteligencia". O sea aporta el know how como franquicia en los proyectos y en algunas oportunidades también se asocia con capital.

El crecimiento es exponencial: 125 proyectos en 35 países en el mundo -25 en Chile- que suman inversiones por US$ 80 mil millones. Arribará a Estados Unidos (con proyectos en Georgia y Las Vegas) y a mercados como las Islas Seicheles, Malasia y Sudáfrica, entre muchos.

Y vendrá una tercera generación: lagunas urbanas públicas, aprovechando el interés de diversos municipios. El crecimiento implicará cambios en la compañía. A la oficina en Chile y Dubái, Crystal Lagoons estudia abrir oficinas en Estados Unidos, China y Australia. Y probablemente buscarán un gerente general. Hoy estas funciones las desarrolla Fischmann. "Lo más probable es que esa gerencia sea alguien extranjero, que tenga experiencia de llevar una empresa mundial", dice.

-¿Imaginó la proyección internacional que tendría el negocio?
"Me di cuenta que iba a tener una proyección importante. Pero entre lo que uno sueña y para que algo ocurra hay una brecha. Hoy, y lo digo abiertamente, esto está empezando. En el mundo hay 35 mil canchas de golf. Esto es cinco a seis veces más económico que construir una cancha de golf. Y se ocupa 10 veces menos terreno. De esto va a haber decenas de miles en el futuro. Yo no estoy diciendo que todas van a ser nuestras, pero esto está partiendo. Está cambiando al mercado inmobiliario y los estilos de vida."

-¿Cómo lidia con la piratería?
"Tenemos una empresa que vigila en el mundo si aparecen lagunas cristalinas que puedan infringir nuestra patente. En este rubro uno está un poco más protegido, porque son todos grandes desarrolladores fáciles de ubicar. No digo que sea imposible, pero es más difícil. Hasta el momento no ha ocurrido."

-¿Qué pasará después de los 20 años de patente?
"Uno trata de mantener un liderazgo e ir desarrollando nuevas tecnologías. Tenemos en el mundo una segunda patente con mejoras sustantivas. Y vamos a seguir haciendo más patentes. Investigar, investigar. Estamos preparados para cubrirnos relativamente bien".

-¿Ha pensado recurrir al mercado de capitales?
"Por ahora no. Se han acercado fondos internacionales y chilenos, pero no hemos abierto las puertas".

-¿Se define como empresario o científico?
"Yo soy una mezcla de empresario y científico. De niño chico me han gustado las dos cosas. Me acuerdo haber estado en una clase de biología que pasaron el código genético y quedé tan impresionado, que fui a preguntarle a la profesora dónde se enseña esto. Me dijo la carrera es bioquímica. Y entré a estudiar. Pero por otro lado tenía un taller en Conchalí, que hacía artículos de plata y le vendíamos a los colegios. Y en el rubro inmobiliario estoy de toda la vida. Partí cuando era cabro y compré en Valle de Los Trapenses, hice el camino. Siempre mi vida fue mitad ciencia y mitad negocios. Pensaba que la ciencia iba a ser mi pasión intelectual y los negocios mi interés práctico. Dos caminos paralelos, y cuando me encontré con el problema técnico en San Alfonso, se unieron las dos cosas. Fue un regalo de Dios".

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