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Caso de Chuqui recuerda la rigidez sindical que provocó crisis de General Motors

jueves, 31 de diciembre de 2009


Economía y Negocios

Economista de LyD Tomás Flores recuerda cómo los altos costos de los beneficios sindicales asfixiaron las finanzas de la firma automotriz.

La magnitud de los recursos -beneficios por $18 millones- que los mineros de Chuquicamata solicitan a Codelco evoca un caso extremo: el de General Motors (GM).

El economista de Libertad y Desarrollo (LyD) Tomás Flores hace un paralelo con este caso, debido a que el altísimo costo que implicó para la empresa estadounidense mantener los beneficios de los trabajadores términó por asfixiar sus finanzas.

Flores plantea que si bien las peticiones de los mineros no son tan extremas, sí son desproporcionadas, debido a la realidad de Codelco y a su productividad.

El economista recuerda el caso de GM claramente como un evento que terminó "matando a la empresa", donde se produjo una pérdida de competitividad paulatina frente a los fabricantes japoneses.

Plantea que fueron las restricciones laborales y las exigencias de los sindicatos las que, en último término, le hicieron muy difícil competir.

Como ejemplo, asegura que en el marco de las negociaciones colectivas que hubo entre los sindicatos de GM y la empresa, se estableció que se podían despedir trabajadores, pero la empresa tenía que seguir pagándoles sueldo el resto de la vida, hasta que se jubilaran. "Llegó un momento en que GM tenía más gente fuera que dentro de la empresa".

Añade que la situación se hizo insostenible, al punto que GM "tenía tantas personas pagadas fuera, que en un momento le pidieron que construyera un centro de recreación, porque se aburrían en su casa viendo televisión. Cuando GM trató de cambiar las plantas desde los estados del norte hacia otras zonas de EE.UU. con otro tipo de ley laboral, o a otros países, los sindicatos presionaron al mundo político para impedirlo".

Subraya que como la empresa vio que no podía ajustarse a la competencia de los japoneses y que tampoco podía reducir su dotación de personal ni de subcontratación, declinó inexorablemente. "El costo por trabajador en la producción de un auto era más del doble que el equivalente a plantas japonesas", recuerda.

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