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El mejor partido de una tenista senior

viernes, 03 de mayo de 2019

Ernesto Garratt Viñes
Ya Colección
El Mercurio

Leyla Musalem, de 70 años, acaba de hacer historia: llegó al top 1 mundial en categoría senior . Deportista de élite toda su vida, rompió prejuicios del machismo en el Chile del siglo pasado, consiguió autorización para jugar con hombres (a quienes derrotaba) y fue un ejemplo por la igualdad de géneros. Y ahora quiere visibilizar a su generación.



La tenista Leyla Musalem pide disculpas. Su agenda no ha parado desde que consiguió llegar al top 1 mundial en la categoría senior , y es constantemente requerida por medios, asociaciones, curiosos, cercanos y amistades a causa de su logro a los 70 años.

-Llegué un poco encima de la hora, pero acá estamos -comenta en su departamento de la comuna de Las Condes. Leyla Musalem sorbe una taza de té, ya menos agitada, deja su celular sobre una mesa y sonríe al recordar el mayor triunfo de su carrera en el tenis: llegar a la cumbre del listado mundial de la categoría senior del ranking IFT, que incluye a jugadoras de más de 70 años.

El 11 de marzo pasado, durante un torneo efectuado en Miami, Leyla Musalem hizo historia para Chile.

El partido clave para llegar al tope del ranking fue contra la estadounidense Donna Fales.

-La vi jugar con una chilena antes de que jugara conmigo y le escribí a mi marido (Sergio Elías, presidente de la federación) que aunque Fales es la número 2 de Estados Unidos, al parecer era mayor que yo: una mujer flaca, alta, con el pelo bien blanco.

A pesar de las apariencias, a Leyla le impresionó la capacidad de juego de quien iba a ser su rival.

-Estas gringas no pierden ni una pelota, tú tienes que ganárselas todas... porque siempre uno cuenta con los errores del adversario, pero ellas llevan mil horas en las canchas. La vi jugar y no digo que me atemoricé, porque esa no es la palabra, pero me preocupé. Le escribí a Sergio: "La Fales juega muchísimo y voy a tener que hacer un muy buen partido".

El entusiasmo de Leyla Musalem crece a cada momento de su relato. Dice que al iniciar el juego estaba muy tranquila, aunque su rival dominaba toda la cancha. Y de inmediato supo en qué tipo de juego se había metido.

-El partido se dio muy peleado, gané las pelotas importantes, porque en el tenis de repente es LA pelota la que importa o EL juego es lo que decide el partido. Y llego a estar match point ; tengo dos, sacando yo 40/15. Y pierdo el primer match point .

En esos momentos, la mente de Leyla Musalem se desconectó unos segundos del aquí y ahora y se fue a su pasado. A un inolvidable match point que protagonizó hace 54 años en Chile.

-Esto no se lo he dicho a nadie. Cuando tenía 16 años, tuve un match point con Carmen Ibarra, que era la número 1 indiscutible del país, así como fui yo. Ella llevaba 20 años siendo campeona nacional. La tuve 40/0 en el tercer set... Y no te voy a decir cómo, pero no gané el partido. Perdí una pelota, se bajó el árbitro a ver cómo estaba, me la canta mala; mando la otra derecha y se baja el árbitro, me la canta mala. Con ese partido que no pude ganar, soñé por años. Y en esta final en Miami, cuando se me fue el primer match point y me quedaba uno, se me apareció este pantallazo. Y pensé, en una milésima de segundo: "No. Ya han pasado muchos años, no tiene por qué ocurrirme nuevamente. Tranquila Leyla, tranquila, vas a ganar".

Repitiendo ese mantra interno, "tranquila, vas a ganar", Leyla Musalem se focalizó solamente en ganar el punto. Nada de ser la número uno. Nada de ganar un torneo. Solo ganar el punto. Y en un segundo, Donna Fales se vino encima de la red y Leyla Musalem contestó con un passing shot.

-Ella lo agarró, pero lo tiró afuera. Y ese fue el punto. El partido. Había ganado.

Desde que tiene memoria, Leyla Musalem fue una amante del tenis. Su padre, comerciante de origen palestino, siempre insistió en motivar en la familia el gusto por este deporte.

-Mi padre era fanático del tenis, pero nunca fue muy bueno. Por eso, luchó con todos nosotros para que fuéramos tenistas y, de hecho, en la familia fuimos tres: uno ya era campeonísimo que se ganó una beca, Jaime Musalem; mi hermano menor, Francisco Javier, que también era un campeonísimo, murió en un accidente automovilístico muy joven, a los 24 años; y yo.

El padre de Leyla Musalem salía al alba a trabajar, pero antes, con amigos, iluminaba con velas las canchas de Recoleta para poder jugar tenis en la oscuridad. Así de fanático.

La número uno del tenis femenino chileno entre algunos años de las décadas de los 70 y 80 cuenta que su entrada al hábito deportivo fue más que nada una especie de correctivo.

-Yo la revolvía mucho, me colgaba de las micros, era súper pelusa. Entonces, mi viejo me metió al tenis, y de ahí no me sacó más. Siempre me acompañó, hasta el final. Me preguntaban hoy día cuán importante es la presencia de los padres cuando llevan a los niños a hacer deporte. Creo que es más del 50 por ciento. Yo era grande y mi padre siempre estuvo a mi lado. Siempre.

Ya a los 13 años era una jugadora que supo instalarse entre las primeras tres mejores de Chile.

-A esa edad tomé esto como una profesión. Salía en diarios y me dije: "Esto es lo que quiero hacer".

Mientras crecía y se convertía cada vez más en una deportista difícil de vencer, Leyla Musalem se daba cuenta de que su vida se distanciaba de las existencias más tradicionales de sus amigas. Ellas comenzaban a casarse, jóvenes, a tener hijos, a ser dueñas de casa en plena era machista del Chile del siglo pasado, mientras Leyla sentía la libertad de su propia identidad en las canchas de tenis.

-Me sentía diferente al resto; desde luego que era muy diferente a mis amigas, ya no había temas en común (...) Seguimos siendo amigas, pero siento que ellas nunca entendían, quizá ahora que tenemos 70 años comprenden más, y es muy lindo lo que me dicen... pero ellas nunca me fueron a ver jugar, porque era una cosa muy rara lo que yo hacía.

Y más rareza causó en la tradicional sociedad chilena de aquellos años cuando se ganó una beca deportiva para ir a Estados Unidos. No tenía aún 16 años y estaba con dudas respecto de si aceptar o no. Estaba pololeando con su actual marido y desde el lugar más inesperado de su familia surgió el apoyo y valor para viajar a una realidad completamente nueva.

-Mi mamá, que era muy calladita, pero cuando hablaba era más fuerte que mi papá, me dice: "Tú te vas a Estados Unidos y vas a aprender inglés y vas a crecer". Entonces puede ser también que yo fuera diferente porque viajé desde chica, tuve otro mundo. No andaba preocupada de pequeñeces, sola, sin comunicación, sin saber de mi familia a veces por dos meses. Y ojalá recibieras una carta de ellos, y si no, fregaste; la comunicación era una vez al mes por teléfono, con suerte.

Fueron cerca de tres años viajando por Estados Unidos, jugando tenis, aprendiendo y fortaleciendo el espíritu y abriendo su visión de "mundo".

A los 19 años, Leyla Musalem regresó a Chile y continuó su carrera deportiva, a pesar de que significara ir contra la corriente y lo que se suponía debía hacer una señorita de bien en la sociedad chilena de aquellos años. Se casó con su amor de juventud y se convirtió en madre de cuatro hijos. La menor la tuvo a los 42 años: una joven periodista que prepara las memorias de su famosa madre.

Todos esos roles -esposa, madre- no le impidieron escuchar su pasión por el tenis y seguir su sueño de conquistar la cancha.

-Afortunadamente mi marido me entendía esa parte, porque él también venía de un mundo bien machista. Nosotros somos de orígenes árabes, donde la mujer siempre ha estado más subordinada. Y pude hacer mi carrera porque peleé por eso; de alguna forma, mi mamá me ayudaba con los niños y yo corría de acá para allá, pero mis entrenamientos nunca cesaron. Tenía a los niños con cesárea y te juro que ya a los 25 días estaba inscrita en los torneos. O sea, ¿qué me llevaba a eso? Nadie me lo exigía. Fue una época equivocada del tenis, en que yo jugué, como decía un diario, porque no se recibía ni un peso, pero ¿qué me llevaba a jugar?: la pura pasión de volver a las canchas.

Leyla Musalem pasaba horas entrenando, buscando ser la mejor, y llegó a un punto en que era difícil encontrar rivales femeninos que le hicieran sombra. Entonces, se presentó frente al presidente de la Federación de Tenis para pedirle permiso para jugar contra rivales hombres para mejorar su performance deportiva y no estancarse.

Fueron cerca de cuatro meses en los que pudo medirse con tenistas con más fortaleza física, sin duda, pero pese a eso derrotó a muchos de ellos limpiamente. Leyla se tomaba cada triunfo como un aprendizaje, pero por el lado de los derrotados empezó a haber malestar y reclamos.

-Hubo una locura tremenda en los hombres. En esos años, imagínate, si ahora aún es penca que a un hombre le gane una mujer. A estos tipos no los dejaban tranquilos en la oficina, los molestaban semanas enteras, les ponían sobrenombres, a algunos les decían "Leylos". El presidente me quitó el permiso porque los alegatos fueron demasiados. Eso fue muy machista, porque yo lo estaba haciendo bien, no me reía ni me mofaba de nadie, lo tomaba muy profesionalmente, porque era la única posibilidad que tenía de crecer en un medio que era un poquito bajo para mí.

Su hija periodista, Stephanie Elías, le comenta de tanto en tanto lo avanzada que era para la época en que le tocó vivir.

-Mi hija me dice que yo era muy chora, que por qué no había contado nada. Es que me olvido, porque no hablo de las cosas que han pasado hace muchos años. Cuando me quitaron el permiso para jugar con hombres, mi viejo trajo a los mejores profesores de tenis de este país y entrenaba con ellos, porque la verdad es que el nivel era un poquito bajo. Siempre pensé que las mujeres podíamos hacer de todo y nunca me cuestioné mucho nada, para mí era natural ir arrasando, jugando en los torneos.

Si hace más de 40 años Leyla Musalem encontraba resistencia frente a rivales masculinos, y más cuando ella los derrotaba, esa misma situación no cambia mucho hoy en día cuando entrena con rivales "hombres" más jóvenes que ella, y a quienes varias veces derrota.

Hace unos fines de semana jugó un torneo interno de tenis en el Estadio Palestino. Y fue fichada en una categoría con jugadores entre 20 y 30 años más jóvenes que ella. Allí, cuenta Leyla, derrotó a un "amable joven de 40 años" que no se enojó con ella.

-No siempre encuentras gente correcta; él estaba muy feliz de haber jugado conmigo y por suerte no se enojó. Hay muchos hombres que no quieren jugar con esta señora porque saben que les puedo ganar.

Pero, aclara, ella no es una máquina imbatible. Tiene claro que a sus 70 años debe cuidarse más para seguir jugando a un nivel tan alto como el actual.

-Tampoco es tan fácil para mí irme a jugar todos los días, hay una cuota de esfuerzo grande, tengo 70 años y me doy cuenta de que no es lo mismo que cuando tenía 60 o cuando tenía 50. Pero yo digo: "Vamos, un poquito más, sí se puede".

Su próximo objetivo es recuperar el primer lugar de su categoría.

-Hubo un error garrafal de la ITF, porque la australiana que era la número uno me volvió a pasar, pero lo publicaron la misma semana que el mío. Ellos han pedido miles de disculpas, porque fue un error tremendo. Mi siguiente objetivo y es ir por el uno, estoy a 20 puntos, créeme que es la nada, pero para eso necesito seguir entrenando más fuerte aún, ojalá poder tener los medios.

Se lamenta de que no haya sponsors para deportistas de la tercera edad, salvo el Balthus, que le facilita sus instalaciones para sus entrenamientos, y las raquetas que le hace llegar la marca Wilson.

-Pero uno necesita tener un entrenador, necesita un preparador físico. Estas mujeres (las que compiten en el circuito senior ) viajan con todo su team , igual que los cabros jóvenes.

Y si en su juventud su ímpetu fue quizá una lucha, sin pensarlo, por los derechos de las mujeres y por un trato más igualitario en las canchas deportivas, ahora Leyla cree que debe trabajar de una manera más consciente para poner en el tapete el valor de personas de la tercera edad como ella.

-Para la sociedad chilena, los de la tercera edad somos como invisibles; es la mejor palabra con la que lo puedo definir, y eso es un error garrafal, porque tenemos mucho que entregarles a los jóvenes. Pero no nos ven, no nos escuchan. He sido afortunada, porque he tenido una vida parecida a la que tenía cuando joven.

Una vida saludable, una vida buscando el mejor partido... de tenis.

"A ESTOS TIPOS (A LOS QUE LES GANABA) NO LOS DEJABAN TRANQUILOS EN LA OFICINA, LOS MOLESTABAN SEMANAS ENTERAS, LES PONÍAN SOBRENOMBRES, A ALGUNOS LES DECÍAN 'LEYLOS'".

"PARA LA SOCIEDAD CHILENA, LOS DE LA TERCERA EDAD SOMOS INVISIBLES; ES LA MEJOR PALABRA CON LA QUE LO PUEDO DEFINIR, Y ESO ES UN ERROR GARRAFAL, PORQUE TENEMOS MUCHO QUE ENTREGAR A LOS JÓVENES".

"MI VIEJO ME METIÓ AL TENIS Y NO ME SACÓ MÁS. CUÁN IMPORTANTE ES LA PRESENCIA DE LOS PADRES CUANDO LLEVAN A LOS NIÑOS A HACER DEPORTE, CREO QUE MÁS DEL 50 POR CIENTO".

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