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Ante la escasez de donantes, tanto en Chile como en el mundo:

La medicina recurre a órganos y a pacientes que antes no eran considerados para trasplantes

lunes, 29 de abril de 2019

C. González
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

Personas con más de 60 años, con obesidad o patologías como hepatitis C ya no son descartadas como potenciales donantes. Los médicos reconocen que es mejor utilizar un órgano "en situación límite" que no tener nada.



Más de 2 mil chilenos están a la espera de un trasplante de órgano en el país. Una cifra que crece cada año, a la inversa de lo que está ocurriendo con el número de donaciones: en 2018, la cantidad de donantes (119) disminuyó en 31% en comparación a 2017 (173). Y la tendencia este año parece no ser mejor.

El fenómeno no es solo local, aclara el doctor Erwin Buckel, cirujano jefe del Programa de Trasplantes de la Clínica Las Condes, uno de los centros en donde se realiza la mayor cantidad de estos procedimientos, tanto a pacientes del sistema público como privado, a nivel nacional.

"Es un tema relevante y que preocupa. La brecha entre lo que se necesita y lo que está disponible es cada vez más grande", precisa.

Además de la negativa familiar y de la falta de información y de sistemas de procuramiento de órganos, el envejecimiento de la población y el aumento de estilos de vida poco saludables, entre otros factores, inciden en la cantidad de pacientes que llegan a requerir un trasplante y de personas dispuestas a ser donantes.

A nivel local, "el problema no es que se esté utilizando todo lo que se podría. Potenciales órganos están, pero por un asunto cultural no se está llegando a ellos. Eso no se cambia con una ley", lamenta el doctor Juan Carlos Díaz, jefe de Trasplantes del Hospital Clínico U. de Chile.

Frente a esa realidad, la medicina ha comenzando a poner más atención a alternativas que solían ser descartadas, así como a nuevos procedimientos que ayuden a disponer de más órganos.

Así ocurre con los llamados órganos "marginales" o "en situación límite", como prefiere llamarlos Buckel. Es decir, aquellos que pertenecen a pacientes añosos o con condiciones que antes no les permitían ser donantes.

Hasta los 80

"Si el nivel de corte para un donante era los 60 años, hoy son los 80. Si antes se evitaba a pacientes obesos con hígado graso, hoy hay que considerarlos", precisa Buckel. "La proporción de potenciales donantes con sobrepeso u obesidad es alta; dejarlos fuera significa disminuir en alrededor de 40% la disponibilidad de órganos".

Bajo ese criterio, la opción de recurrir a pulmones de gente que fuma, a riñones de personas hipertensas o a hígados de consumidores de alcohol, por ejemplo, es una alternativa más. "Siempre buscando que estén en el mejor estado posible y, aun así, eso supone un pequeño precio en el resultado. Pero en muchos casos es mejor recurrir a eso que esperar a que el paciente muera".

Un estudio realizado el año pasado por la U. de Minnesota (EE.UU.) arrojó que la donación de riñones entre adultos mayores de 60 años, cuidadosamente seleccionados, representa un riesgo perioperatorio mínimo, y no hay riesgo adicional de insuficiencia renal a largo plazo.

"Este hallazgo tiene el potencial de expandir el grupo de donantes al hacer accesible un segmento completo de población que anteriormente se percibía como de alto riesgo para la donación", precisa el doctor Óscar Serrano, autor del trabajo.

La presencia de patologías tampoco sería un impedimento. "Hace tiempo que ya se trasplantan órganos de pacientes con hepatitis C, siempre que no tengan un daño hepático crónico o cirrosis", cuenta el doctor Buckel.

Este mes, cirujanos del hospital de la U. Johns Hopkins, en EE.UU., anunciaron haber realizado el primer trasplante renal de una donante viva con VIH, a un receptor también con el virus. Una ley federal de 2013 permite que los órganos extraídos de personas VIH positivas fallecidas pueden ser trasplantados en receptores VIH positivos.

Aunque en el país aún no se ha realizado un procedimiento similar -sí se han hecho trasplantes a pacientes con VIH-, el recurrir a donantes vivos sanos es una opción que ha tomado fuerza en los últimos años. En especial para el trasplante de órganos -o segmentos de ellos-, como riñón, pulmón, hígado, intestino y páncreas.

Si bien no existe un registro oficial, en centros como Clínica Las Condes o el Hospital Barros Luco Trudeau, un tercio de los trasplantes renales se obtienen de esta fuente.

Asimismo, este año se implementó la ley de donación cruzada de órganos, que permite que dos parejas de donante y receptor incompatibles, intercambien órganos con aquellas en las que sí hay compatibilidad.

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