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Otra mirada sobre la precariedad

domingo, 21 de abril de 2019

por José Promis
Revista de Libros
El Mercurio




Con su novela Panaderos , Nicolás Meneses (Buin, 1992) entra por la puerta ancha en la prestigiosa narrativa social chilena. El propósito de sus autores ha sido impedir que cerremos los ojos ante la explotación humana y económica que ha sufrido la clase obrera en nuestro país. A Nicolás Meneses no le ha sido necesario un relato voluminoso donde se reescriba la lucha del proletariado para defender su dignidad y acceder a los derechos sociales que se les niegan, ni tampoco que se haga una denuncia, indignada a veces, a veces conmiserativa, de sus precarias y hasta miserables condiciones de existencia. Con solo 124 páginas, Panaderos golpea con fuerza inusitada la sensibilidad del lector, lo incomoda con la imagen del lado oscuro del actual bienestar económico que solo algunos gozan, y hasta despierta en él un sentimiento de culpabilidad frente a las penurias sociales que sufren los marginados del sistema. Todo gracias al no fácil recurso de contar una historia de adversidad mirándola con sus propios ojos.

William Fuentes, protagonista y narrador de dicha historia, es un joven que vive en una población marginal de Buin. Una desgracia familiar -su padre pierde una mano trabajando en una panadería de barrio- termina con su vida de adolescente y lo arroja abruptamente al sector humano que trabaja en las trastiendas de las nuevas instituciones económicas del país. Para ayudar a la subsistencia de su familia y pagar los estudios de su hermana menor consigue empleo de panadero en un supermercado de la ciudad. Su relato está compuesto mayoritariamente por minuciosas explicaciones de las maneras como se elaboran los distintos tipos de pan, de la responsabilidad que ello implica para los trabajadores y de los peligros a que están expuestos. Ellas enmarcan a su vez descripciones de lo que va sucediendo a los miembros de su familia, de las situaciones a que se enfrenta cuando regresa a su hogar, asfixiado por penurias económicas, y de diversos episodios y anécdotas que suceden durante sus horas de trabajo. La confluencia de todos estos engarces narrativos va creando progresivamente una estremecedora historia de seres oscuros, como los habría denominado Nicomedes Guzmán, pero desprovista de la intención redentora de la novela social clásica. Lo que, por el contrario, construyen las palabras de "El Chala", como llaman a William Fuentes sus compañeros de trabajo, es la imagen de la destrucción moral de la otrora orgullosa y combatiente familia proletaria chilena.

Pero la atrayente personalidad narrativa de Panaderos nace sobre todo de la construcción de la figura de su narrador y de la manera como describe las arbitrariedades e injusticias que ocurren en la sombra de la cornucopia que el supermercado ofrece a la vista extasiada de los consumidores. "El Chala" representa la explotación que sufren los trabajadores con una naturalidad que sorprende, como un procedimiento propio del sistema en que le ha tocado vivir. En el supermercado "prohíben trabajar horas extras, amonestando a las secciones que se van más tarde o que llegan demasiado temprano [...] Apenas se cumple el horario, el supervisor te manda para la casa. Si en el reloj los minutos acumulados del mes llegan a una hora extra, te hacen salir más temprano los últimos turnos del mes". Pero aunque percibir estas y otras iniquidades despierte a veces la cólera de "El Chala" y provoque incluso violentas discusiones a garabato limpio con sus padres (su madre trabaja de temporera recogiendo fruta), en su discurso no se descubren signos de autocompasión, de resentimiento ni de agobio ante el horizonte avaro de oportunidades que lo espera. Sus comportamientos como protagonista responden únicamente a la generosidad, la solidaridad y el esfuerzo personal. Y después, como narrador de sus experiencias, relata con una mirada que no trasluce rebeldía ante lo establecido; más bien, en ocasiones sugiere un indudable atisbo de humor.

Aunque Panaderos puede despertar encontradas interpretaciones ideológicas, es una novela que aporta nuevos bríos literarios al desarrollo de la narrativa social chilena.

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