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CENTENARIO Tres exposiciones celebran al visionario director y artista:

Las revoluciones de Nemesio

domingo, 07 de abril de 2019

CECILIA VALDÉS URRUTIA
Homenaje
El Mercurio

Nemesio Antúnez cambió el concepto decimonónico del Museo de Bellas Artes y redefinió las políticas expositivas del museo de Arte Contemporáneo, con acciones que removieron la escena social y cultural. Tres exposiciones -a partir del miércoles- revivirán parte de su historia clave, en ambos museos, en homenaje a quien trabajó con los gobiernos de Alessandri, Frei y Allende.



Hay un texto del poeta Enrique Lihn que compara la primera dirección de Nemesio Antúnez, en el Museo Nacional de Bellas Artes, con Julio Verne. En tiempos de utopías, en plenos años 60, dice: "El desafío de Nemesio era hacer el gran viaje de Julio Verne, no a la Luna, sino que aquí, a la orilla del río Mapocho, poniendo en marcha a toda máquina ese gran artefacto anclado en el Parque Forestal".

Ese viaje no era un sueño sino que un encargo real. El Presidente Eduardo Frei Montalva le había solicitado a Antúnez, en 1969, elaborar un proyecto de modernización para el museo que funcionaba con parámetros decimonónicos. Debía convertir el "museo-mausoleo" en un museo vivo, dinámico, en sintonía con las tendencias del siglo XX, y responder a las necesidades "que exigen que el mejor arte esté al alcance de todos".

Tenía poco más de 40 años y una sustanciosa trayectoria en el mundo cultural. Y era el autor de una pintura muy genuina, seductora y contundente. Había trabajado con varios de los protagonistas de la vanguardia, como Miró y Picasso, en el Taller de grabados de Hayter, en Nueva York. Había fundado el Taller 99. Venía de ser agregado cultural en Estados Unidos. Y en los años 60, poco antes, había dirigido el Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Chile, con acciones que removieron la escena cultural y social. Llevó el gran arte a poblaciones marginales y fue uno de los gestores relevantes de la traída a Chile, desde el Museo de Arte Moderno de Nueva York, de la exposición "De Cézanne a Miró".

Su visión y capacidad de acción en Chile y el exterior -unido a su transversalidad en un país cada vez más polarizado- transformaban a este personaje de un metro 90, de indudable atractivo (fue también actor de cine), de singular calidez y carisma, arquitecto de la UC, en la persona más indicada. Gran amigo de poetas, artistas, escritores, intelectuales, y también de empresarios, logró realizar una transformación radical del museo, que se proyecta hasta el siglo XXI.

A poco más de 100 años de su nacimiento, la Fundación Antúnez junto al Ministerio de las Culturas inauguran -este miércoles- tres grandes exposiciones dedicadas a Nemesio Antúnez, dos en el Museo Bellas Artes y una en todo el primer piso del Museo de Arte Contemporáneo, en lo que es el mayor homenaje a su centenario.

Revolución y fiestas. Sala Matta

A poco andar en el Museo Nacional de Bellas Artes, Nemesio Antúnez proclamó con ese entusiasmo que lo desbordaba: "El Museo ha muerto...¡Viva el museo! El museo como un mausoleo dejó de existir. Q.E.P.D!".

La idea de la primera de las tres exposiciones -en el ala norte del Museo de Bellas Artes- es justamente impregnar al público de ese espíritu de Nemesio, activar esa memoria y que el espectador participe en esas obras y acciones, señala la curadora Amalia Cross. "Buscamos contar una historia sobre cómo él cambió el concepto del museo, entre 1969 y 1973 . Se exhibirán trabajos de arte y material de archivos, pero archivos que se activan -precisa-. Se dará cuenta de algunas obras emblemáticas que se expusieron bajo el concepto de abrir el museo a la ciudad. Por ello, los artistas hicieron diversas fisuras como el trabajo de Gordon Matta-Clark que excavó en el museo". Y la de Juan Pablo Langlois Vicuña, que desplegó la instalación de "Cuerpos blandos" por todo el museo, convirtiéndose en la primera intervención pública en la institución, en octubre de 1969. Consistió en una gran manga de nylon rellena de papel de 150 metros de largo, que comenzaba en el segundo piso del edificio, daba vueltas, salía al balcón, bajaba la escalera y salía al exterior.

Nemesio buscaba remecer al espectador pasivo. Lo invita a arrugar papeles, a reconstruir obra, a escuchar poesía y música al interior del museo. "Organiza fiestas loquísimas en una idea del happening , donde incorpora música, danza, teatro y poesía. La artista Cecilia Vicuña leía poesía erótica mientras al lado había música del grupo de rock sicodélico "Escombros", que citaba a Jimi Hendrix, y, además, se escuchaba poesía mapuche", revive la curadora en medio del montaje. Los audios estarán en la muestra. Y también se citará la participación de Antúnez en el cine, entre 1969 y 1973, en películas como "Estado de Sitio" o "La expropiación". Hay una imagen suya caracterizando al Presidente José Manuel Balmaceda, por el que sentía tanta admiración que hasta se dejó crecer por un buen tiempo el gran bigote del expresidente, aunque finalmente la película no pudo filmarse. Eran los últimos meses del gobierno de la Unidad Popular.

La curatoría reconstruyó, además, un mural de papeles que hizo Liliana Porter, que exhibió en los tiempos de Antúnez y después fue montado en museos como el Reina Sofía de Madrid. Sobresalen un par de obras de Matta, gran amigo de Nemesio, realizadas en el museo en plena remodelación. El surrealista dijo, mientras se construía la sala Matta: "Vamos a hacer algo solo con lo que hay", y tomó el terciopelo de las cortinas decimonónicas de acceso a las salas, el látex y otras pinturas de la construcción y dio origen a esas notables obras matéricas en soporte terciopelo, que van montadas al lado de un retrato de la bisabuela de Nemesio -Carmen Alcalde de Cazotte- pintada por Monvoisin, donde ella posa junto a cortinas de terciopelo, tal vez las mismas del otrora museo.

Un capítulo estará dedicado a las pinturas primitivas, lo que también hace la muestra en el Museo de Arte Contemporáneo, dado el enorme interés de Nemesio por ese estilo. Él la llamaba pintura instintiva e hizo la muestra más importante de ese género en el Museo de Bellas Artes, en 1972.

Y al centro de una de las salas del ala norte destacarán la matriz de piedra quebrada con su dibujo semiabstracto sobre el bombardeo de La Moneda. El 11 de septiembre, él llegó al museo, subió al techo y desde allí vio el bombardeo. Lo mantuvo en su memoria y luego dio vida a esta serigrafía y a varias pinturas sugerentes y conmovedoras.

Pintor de vivencias y de tiempos difíciles

Mientras tanto, 100 pinturas se reunirán en la sala Matta para rendirle honor a los 100 años del maestro y del pintor. Esta exposición llamada "Manifiesto real, imaginario y simbólico", a cargo del curador Ramón Castillo, abarca una selección desde los años 50 hasta la década del 90. Y va dando cuenta de ese arte tan propio en que el artista dibuja, pinta y cruza sus experiencias con los hechos que le toca vivir en Chile, Nueva York o París... En ese estilo semifigurativo, a veces más abstracto, real e imaginario y en el que prima una belleza, la sensualidad y sobre todo una poesía. "Mi forma de poesía es la imagen", nos decía en estas páginas.

Se consideraba un pintor esencialmente chileno que pintaba nuestro paisaje, su cordillera, el mar, los volantines. En la muestra habrá algunas pinturas luminosas sobre volantines y otras sobre "Cordillera adentro y el subsuelo". Obras que evocan también su imaginario de lo telúrico. "Sobre su interés por la cordillera, por los volcanes, Milan Ivelic habla de un pintor de lo ígneo, de la naturaleza dentro", dice Castillo.

Se hará también un guiño a otra etapa: "A los manteles y el juego óptico que realiza allí", agrega el curador. Y se vuelve a sus pinturas que evocan el bombardeo de La Moneda: sobresalen sus "cartas de luto" que él envía simbólicamente. Respecto de ellas, Nemesio con su mirada universal, escribe: "Todos dejamos retratados de cuerpo entero las angustias en que estamos sumergidos y no solo en Chile, lo ves también en las ciegas de Tapies, en España; en las mujeres desaparecidas de Kooning en Nueva York, en la Transvanguardia italiana, en el neoexpresionismo alemán".

Ese imaginario lo cruza con sus pinturas de estadio(s), multitudes con pequeñísimos personajes que nacieron cuando miraba desde su oficina en el piso 31 de un edificio en Manhattan.

Una curiosidad para el curador es una pintura que hizo Matta con Antúnez, en 1953, sobre la cerámica de Conchalí. Conviven allí ambas estéticas. Matta pinta el fondo y Nemesio, la figura. Pero es la serie titulada aquí "Inconmensurable" la que más seduce a Castillo. Es cuando se pone a medir una nube con ese humor e ironía que siempre lo caracterizó y aparece junto a ella una escuadra. "Algo imposible de pintar, o hace una medida de lo negro y el fuego... y añade en el soporte la pintura o esbozo de una regla o escuadra...".

Quiebres en el MAC: desde el MoMA y hacia una población con Alessandri

El Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Chile dedicará todo su primer piso a capítulos más desconocidos de nuestra historia pero claves, bajo la dirección de Antúnez. Algunos delicados y que marcan un quiebre. Y se estrenará hasta un corto realizado para esta exposición que recrea diálogos y programas de radio y televisión de Nemesio.

La muestra -que ha supuesto también una intervención arquitectónica del museo, como en la sala norte del MNBA- se centra "en la capacidad de gestión de Nemesio, lo que implicó además presentar un modelo de financiamiento mixto. Él creó, junto a Flavián Levine, la Sociedad de Amigos del Museo", precisa el curador Matías Allende. Y logró traer muchas otras muestras del exterior, además de "De Cézanne a Miró"; algunas también fallidas como la de Joseph Albers, que por alguna razón no llegó pero él lo celebró igualmente con champagne y catálogos, de la misma manera que lo haremos ahora".

Pero uno de los logros que más se destaca es que durante su periodo la colección se incrementó en 200 obras. La muestra exhibirá 130 de ellas, entre las que hay pinturas y esculturas de artistas de todas las épocas y estilos como Ana Cortés, Martínez Bonnati, Ximena Cristi; hay una notable pintura, "Círculo dorado", de Brugnoli, hasta Matta, Guayasamín, o Santos Chávez".

Un capítulo más delicado y rodeado aún de un cierto halo de misterio será el dedicado a la muestra "De Cézanne a Miró", la más importante del siglo XX, subraya el curador. Pero no solo se hablará de su aporte sino que del revuelo que suscitó y el costo que significó para Antúnez y otros profesores, en tiempos de las revueltas estudiantiles.

"Esa exposición fue posible gracias a Nemesio y a la Sociedad de Amigos del Museo y a la familia Edwards. Pero dada la relación cercana de Nemesio con Estados Unidos, donde era agregado cultural -en tiempos de la Guerra Fría-, los estudiantes universitarios se opusieron a ello e incluso hasta llegaron a acusarlos de conexiones con la CIA... Los profesores se dividieron: Nemesio Antúnez, Luis Oyarzún y Federico Assler, entre otros, defendieron la llegada de la exposición. Pero les costó: Oyarzún fue "confinado" a Valdivia; Assler renunció al directorio del museo y Nemesio no pudo luego volver allí", relata el curador.

Por último, otro capítulo estará dedicado a la revolucionaria exposición que Antúnez llevó a la población San Gregorio (1963). "Contra cualquier principio contemporáneo de conservación, Nemesio llevó más de 100 piezas de la colección del museo a un centro social de esa población, generando nuevas audiencias para el arte y marcando un precedente de magnitud". Se exhibieron obras como "Sylvia" de Marta Colvin; "Vagabundo" de Enrique Zañartu; "Gran cazador" de Eduardo Martínez Bonnati. Fue un movimiento que redefinió las políticas expositivas y el apoyo del gobierno fue entonces indudable: la visita sorpresiva del Presidente Jorge Alessandri permitió que la visibilidad en la prensa de este hecho fuera muy contundente", subraya Matías Allende.

Sin ambiciones personales, con una enorme visión y una extrema generosidad, que lo llevó a sacrificar el tiempo dedicado a su pintura, Nemesio Antúnez lograba derribar muros en favor de su querido país.

Nemesio llevó también los happenings al Bellas Artes. Y para el MAC organizó: "De Cézanne a Miró".

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