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Psicología:

Neurofeedback cuando el cerebro habla

martes, 02 de abril de 2019

Por Sergio Caro. Fotos Sergio López i.
Reportaje
El Mercurio

Esta técnica, que se basa en el registro de la actividad cerebral, está logrando resultados favorables como apoyo en el tratamiento del déficit atencional y otros problemas. La comunidad científica, en tanto, mantiene cautela ante un procedimiento que aún está en fase de estudio.



Cada año, además de las múltiples preocupaciones asociadas a la llegada de marzo, Victoria tenía una adicional: "Mi hijo era anticolegio. Le tenía fobia". Como expresan muchos niños, a Pedro solo le interesaba el recreo. La situación fue empeorando hasta que entre tercero y cuarto básico se volvió "inmanejable. No tenía malas notas, y presentaba un trastorno de lenguaje, aunque nada del otro mundo. Pero necesitaba ayudarlo a sobrellevar la etapa del colegio", agrega. A Pedro lo medicaron. Victoria trató de llevarlo a psicólogos y "no sé si fue por la personalidad de mi hijo, pero con ninguno hizo clic, no funcionaba. Se taimaba y se quedaba callado". Cambió de médico, el que le suprimió el medicamento para el déficit atencional. Y una psicopedagoga le habló de un tratamiento desconocido para ella: era lo que se denomina neurofeedback.

El director del laboratorio de Neurociencia Cognitiva y Social de la Universidad Diego Portales, Francisco Parada, explica que se trata de una técnica que utiliza la electroencefalografía (EEG), herramienta clínica y de investigación que registra la actividad eléctrica del cerebro. Esta información se envía a un sistema computacional, completando una interfaz cerebro-máquina, algo que está en desarrollo y que tendría potencialidades como permitir que el sistema pueda tomar decisiones con las señales que recibe, por ejemplo, para permitirles mover objetos a personas con parálisis. Pero eso es todavía una promesa. Lo que actualmente se conoce como neurofeedback tiene que ver con el uso de la electroencefalografía con objetivos terapéuticos, aunque, como enfatiza el doctor Pedro Maldonado, director del Departamento de Neurociencia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, en rigor se trata de una medición y no una intervención:

-Es una manera de observar los ritmos cerebrales y buscar cambiarlos. Las neuronas tienen actividad que son pulsos eléctricos que se pueden analizar sobre la base de distintos ritmos y frecuencias. Se ha considerado que manejar los ritmos cerebrales puede tener impacto en disminuir el estrés, aumentar nuestra habilidad tensional o una de las aplicaciones más conocidas, que es el uso en personas con déficit atencional.

Ambos académicos concuerdan en advertir que si bien se han observado efectos positivos, no existe aún la evidencia científica suficiente como para que el neurofeedback (o interfaz cerebro-máquina) sea recomendado oficialmente por la comunidad médica. En un artículo publicado en marzo, Psychology Today lo define "no como una cura, sino más bien como un método de regular la actividad del cerebro para que funcione de manera más saludable". En 2013, la Academia Pediátrica Americana (AAP) le reconoció estatus de apoyo al tratamiento de desórdenes de atención e hiperactividad. Se han hecho estudios donde se registran diferencias entre pacientes que han sido tratados con esta técnica y grupos de control, pero como señala Francisco Parada, "la gran pregunta es cuánto dura (el efecto de) estos tratamientos", así como hacer un seguimiento en el tiempo, como se realiza con los medicamentos.

No hay botón

La psicóloga Paula Marshall define esta técnica como "un entrenamiento" del cerebro. Ella descubrió el uso terapéutico del neurofeedback cuando trabajaba en un colegio, donde había un sobrediagnóstico de trastornos como el déficit atencional y, por ende, medicación, con posibles efectos secundarios, un riesgo que no presenta esta herramienta. Se capacitó en Estados Unidos como terapeuta en Neurofeedback Othmer Method, y aclara que esto no se trata de apretar un botón para arreglar cualquier problema:

-La atención es más compleja de lo que uno piensa. Abarca todo el funcionamiento cerebral. Tiene que ver con cómo nos conectamos con el mundo, con lo que queremos y lo que nos interesa.

La profesional explica que lo que se consideran problemas de atención o concentración se relacionan con el equilibrio entre la información que viene del mundo externo y la dirección que cada uno le da, que responde a un procesamiento interno e individual. "Esta técnica no es invasiva, es más amable con los niños y permite que ellos mismos se regulen dentro de su funcionamiento. No llevo al niño a decir que tiene que funcionar de esta forma. Le doy información. Algunos harán cierto funcionamiento y otros, otro, pero es dentro de lo que ese niño está pudiendo generar", agrega.

En la práctica, el tratamiento consiste en que al paciente se le instalan electrodos en la zona del cuero cabelludo para registrar la actividad eléctrica del cerebro. Estos elementos están conectados a un computador, en cuya pantalla se grafican ritmos y frecuencias de las ondas cerebrales. Durante la sesión, la persona está frente a una pantalla, donde se proyecta un video o un juego, que incluye estímulos para aumentar la atención, como escenas con colores más brillantes o distinta calidad de audio. Con los juegos, por ejemplo, el niño maneja un auto que avanza más rápido o sin problemas en la medida en que consigue regular sus ritmos. La psicóloga lo compara con el juego de la gallinita ciega: "Te voy guiando, por aquí o por acá no". O como si alguien no se diera cuenta de que respira mal y se le hace escuchar su respiración para que aprenda a regularla. Advierte que el resultado no es instantáneo, ya que, como todo entrenamiento, requiere tiempo y práctica, por lo que en promedio un tratamiento comprendería unas veinte sesiones para lograr un cambio (Psychology Today coincide en que la terapia promedio es una sesión semanal durante veinte semanas). También enfatiza en que no se puede generalizar, y que en cada caso es preciso evaluar si el neurofeedback se aplica en combinación con la terapia psicológica tradicional y/o el tratamiento médico con fármacos.

Combinación

La mamá de Pedro recuerda que cuando el niño llegó a su primera sesión, no quería conectarse al equipo porque creía que con los electrodos le iban a ver el pensamiento. "No fue una cosa inmediata", dice Victoria, pero en una primera etapa fueron desapareciendo los dolores de cabeza y de estómago, ya que somatizaba todo, y redujo sus niveles de ansiedad. Así pasó a una segunda fase, donde se mostró más dispuesto a la terapia psicológica: "Este niño, que era reacio a expresarse, empezó a hablar de sus problemas, de lo que le molestaba o no le gustaba", y después de casi dos años logró lo más importante: un cambio de actitud. "A lo mejor va a tener el mismo promedio 5,5 o 5,7, pero ahora es un niño que va feliz al colegio", cuenta.

En el caso de Marcela, su hijo Tomás no tenía déficit atencional, sino disfunción ejecutiva: "Se portaba bien, le iba bien, pero tenía un desorden organizacional más allá de lo normal. Nunca se acordaba de lo que tenía que hacer. Como estaba más grande (cuarto básico), uno quería que fuera más autónomo, pero empezó a tener anotaciones por faltas de responsabilidad. Lo llevé a evaluar; empezó con remedios para la concentración", cuenta. Después de un año de tratamiento, tuvo una leve mejoría pero no suficiente, y la misma psiquiatra infantil le habló del neurofeedback. El primer resultado que observó fue que el niño no se concentraba para leer, "le gustaban los cómics y libros de tips científicos, pero no libros largos, y empezó a leer como loco". Le suspendieron los medicamentos, y siguió con neurofeedback y terapia psicológica.

-No tuvo un resultado tan rápido como con la lectura, pero de cómo empezó el año pasado a ahora... Antes vivía en Plutón, ahora está consciente de si se le olvida algo, dice se me olvidó. Toda la vida va a vivir con esto. Necesita crear hábitos y técnicas que le ayuden a recordar, como guardar las cosas siempre en el mismo lugar. Se ha ido ordenando.

Cautela

El doctor Pedro Maldonado insiste en que "si bien hay estudios que han encontrado algún efecto, en conjunto la evidencia lleva a tener una posición cauta. En la guía de prácticas clínicas para el tratamiento del déficit atencional no está el neurofeedback. Es considerado una intervención experimental, aún en estudio". Pero tal como ocurre con el uso de las células madre, cuyo efecto está probado en un par de enfermedades, pero se ofrece para muchas más, llama a tener cuidado con las expectativas.

Citada por la revista The Atlantic, la doctora Cynthia Kerson, expresidenta de la Sociedad de Biofeedback de California, señala que pese al recelo de la comunidad médica, este tipo de terapias tiene cada vez más aplicaciones, como para mejorar el desempeño de ejecutivos y deportistas de alto nivel. La publicación agrega que en Estados Unidos y Europa se preocupan por la falta de regulación de esta actividad, en cuanto a la certificación de los terapeutas y establecimientos que la ofrecen, algo que el expresidente de la Sociedad Internacional de Neurofeedback Jay Gunkelman compara con el "salvaje oeste". El director del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva y Social de la Universidad Diego Portales coincide en que es muy difícil para una persona común distinguir entre "neurofeedback real de algo que no lo es". No obstante, concluye:

-La invitación como neurocientistas cognitivos es que esta es una técnica que promete bastante, pero necesita más estudios para ver hasta dónde llega.

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