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La demanda de cobre

martes, 26 de marzo de 2019

Economía y Negocios Online


Gustavo Lagos Profesor UC

Los chilenos han dado por sentado históricamente que la demanda global de cobre está asegurada en el futuro. Desde que comenzó el gran auge del precio de este metal a fines de 2003, las cuentas alegres eran que China, la que cautivó casi todo el crecimiento de la demanda mundial de cobre desde 1990, seguiría aumentando generosamente el uso de este metal por muchas décadas. Más con el surgimiento de los vehículos eléctricos impulsados por baterías, en cuya manufactura China jugaría el rol de líder. Y, con ello, por supuesto, el alto precio del metal también estaría asegurado. La demanda es igual a los usos que tiene el cobre, más los factores especulativos del mercado.

Lo que ocurrió en los últimos 15 años muestra inequívocamente que el aumento de la demanda de cobre vino de más a menos en el mundo y especialmente en China. Esta tendencia continúa en 2019, era esperable, y sugiere al menos dos preguntas. ¿Con qué rapidez bajará la demanda de cobre en el futuro?, y ¿cuál será el nivel en que se situará en los próximos años?

Los motivos de esta reducción son varios, aquí se abordarán sólo algunos.

El más importante es que el crecimiento del PIB de China ha venido reduciéndose desde 2007 en que fue 14,2% anual, hasta 6,6% en 2018. Y seguirá reduciéndose en el futuro, al igual que lo han experimentado todos los países del mundo en su camino al desarrollo. No es sorpresa que el crecimiento del PIB de EEUU sea considerado extraordinario cuando llega a 3% anual, mientras que, en países mucho menos desarrollados, como la mayoría de los latinoamericanos, alcanzar un 3% de crecimiento anual es considerado modesto.

La regla es que los países avanzados económicamente tienen techos de crecimiento mucho menores que los países en desarrollo. Chile, país de ingreso medio alto actualmente, experimentó el crecimiento del PIB a una tasa promedio de 6,3% anual en los 90, cuando aún era un país de bajo ingreso, pero en la actualidad tendrían un techo de largo plazo (2050) de menos de 2,7%, según las proyecciones del Banco Central.

Y como el crecimiento de la demanda de cobre tiene como principal determinante el PIB de los países, esta también se ha reducido en el tiempo en China. Entre 2003 y 2009 el crecimiento de la demanda de cobre en este país fue 15% anual promedio mientras que entre 2014 y 2018 esta cifra bajó a 4,3% anual.

La reducción de la demanda por metales como el cobre tiene otras dos causas claves, aparte de la ya mencionada.

La primera es el cambio de la intensidad de uso, que es igual a la demanda de metal como proporción del PIB. Dicha intensidad depende no solo del PIB sino también de las características del material y de la sociedad que usa el material. La intensidad de uso se reduce porque los países altamente desarrollados, como EEUU, Alemania, y Japón, ya construyeron su infraestructura e industria, y por ello requieren menos metal por unidad de PIB para continuar su desarrollo, mientras que países con desarrollo mediano, como China, Colombia y Perú, aún deben construir mucha infraestructura, y producir nuevos y mejores bienes y servicios para satisfacer a su población.

Y la segunda es la sustitución del metal por otros materiales. Esta causa se da solo en circunstancias especiales, por ejemplo, cuando surge una tecnología mejor basada en otro material, por motivos de precio, regulatorios, y otros. Según Metal + Research Consulting en un estudio realizado para la Asociación Internacional del Cobre (ICA) en 2017, este metal perdió 4,8 millones de toneladas de uso frente a sus competidores entre 2005 y 2016, lo que representa un 2% de la demanda total del periodo. El 37% de estas pérdidas se dieron en cables de potencia y en barras de aleaciones. El 54% de las pérdidas fueron debido al aluminio, el 17% frente al plástico, un 9% por la fibra óptica y el 20% restante se debió a otros materiales.

Cerca de 50% de la sustitución se produjo por el mayor precio del cobre respecto a sus competidores. El cobre tuvo superciclo, pero no fue así con el aluminio, debido a exceso de oferta en China. En 2018 el cobre era 3,5 veces más caro que el aluminio tomando como base el comienzo del superciclo en 2003. Un 10% se produjo por ventajas de otros materiales en cuanto al ciclo de vida, costos de instalación, riesgo de robo y otros motivos. El 25% de la sustitución se debió a ventajas en las propiedades mecánicas, térmicas, eficiencia energética, maquinabilidad, estética, y peso. Un 5% fue causado por cambios regulatorios, y el restante 15% fue debido a influencia de proveedores y clientes.

Entonces, como era sabido, el mayor precio de un metal tiende a reducir su demanda.

¿Qué pasará con el crecimiento de la demanda de cobre en el futuro?

Parece difícil que la demanda global de cobre repunte a cifras superiores a las registradas en los últimos cuatro años. India, considerada por muchos como el relevo de China debido a su enorme población y a su bajo PIB per cápita, no podría tomar un relevo efectivo hasta mucho tiempo más, ya que en 2018 su demanda por cobre fue sólo 2,1% con respecto al mundo.

Por otra parte, es obvio que esta no se reducirá a cero, ya que ello significaría que el crecimiento económico del mundo habría sufrido la misma suerte. Las proyecciones conocidas indican que este se reduciría a un rango entre 1% y 2% anual, pero no a cero, hacia 2100.

El crecimiento de la demanda de cobre podría reducirse a cero o a una cifra mínima si este metal es reemplazado por uno o varios materiales más eficientes, confiables, aceptados, y baratos. Y eso no lo podemos predecir, pero no hay que descartarlo.

Los dos plazos de mayor interés para las proyecciones de demanda son, el mediano plazo, hasta 2022, y el largo plazo hasta 2040.

En el mediano plazo (2022), las empresas especializadas en proyectar la demanda global de cobre rebajaron en los últimos meses el crecimiento de esta a 2,4% anual, es decir más de 30% con respecto a los cuatro últimos años. Ello es extraordinariamente osado. Estas empresas cuentan con la información detallada por país del mercado del cobre en cada uno de sus segmentos, para realizar estos cálculos. Pero no hay que asustarse, en no pocas ocasiones se equivocan en sus predicciones. Por ejemplo, en 2013, aún con altísimo precio del cobre, predijeron un crecimiento de la demanda cerca de 25% mayor que la que se dio en la realidad en el periodo 2014-2018.

Una explicación bastante común de los errores de predicción es la excesiva influencia que tiene la situación del momento, fenómeno bien descrito en la literatura económica. En auge, las predicciones tienden a sobreestimar el crecimiento, mientras que en ciclos semi bajos como el actual, tiende a haber subestimación. La explicación más común de los errores, sin embargo, es la incapacidad de los modelos predictivos de indicar los cambios de ciclo económico, desde alto a bajo o viceversa.

En el largo plazo, hasta 2040, que incluye el efecto de la revolución de los vehículos eléctricos, la proyección es que la demanda de cobre aumentaría en torno a 1,5% anual. Esto es extraordinariamente modesto.

En resumen, las predicciones de aumento de demanda son mucho más pequeñas que las expectativas de muchos. ¿Qué significa ello en términos del precio del cobre? Este se determina no solo por la demanda, sino también por la oferta. Es decir, puede haber alto precio incluso con un crecimiento modesto de la demanda.

La oferta futura de producción de mina depende de la inversión en nuevos proyectos mineros y en expansiones de la actual capacidad de mina, y sólo se concreta en ciclos altos o semi altos (como el actual), y cuando las empresas especializadas proyectan mayor precio en el futuro de mediano plazo. Ambas condiciones se cumplen, es decir, hay bastante acuerdo en la actualidad que el precio seguirá aumentando lentamente en los próximos años, hasta 2025, en que habría un máximo. ¿Por qué este máximo está tan lejano? Porque el desarrollo de los nuevos proyectos de minas de cobre tarda al menos 10 años desde que se inician las primeras etapas de la ingeniería, mientras que hace 20 años este periodo era de 5 a 6 años. Es decir, es más difícil predecir la oferta ahora que hace dos decadas.

En suma, es sorprendente pero cierto, que a pesar de las negativas cifras estimadas para el aumento de la demanda, el futuro del precio del cobre siga siendo auspicioso.

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