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Encuentro en San Pedro de Atacama:

Escolares apasionados por la ciencia aprenden a trabajar en equipo en el desierto

miércoles, 20 de marzo de 2019

Benjamín Cruz Pacheco
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

Adolescentes de Chile, Argentina y Uruguay participaron en un campamento educativo donde la mayor lección fue que no están solos.



Reunidos en un semicírculo, 40 adolescentes bailan al ritmo de una canción de reggaeton. Se supone que bailan para salir de su zona de confort, pero lo último que se ve es incomodidad.

Entre bromas y risas, el profesor guía, Eduardo Guzmán, le explica a sus estudiantes: "La idea era que, si alguno de ustedes no se sentía cómodo bailando, reflexionara en torno a sus emociones y viera cómo esto podía mejorar su ánimo en vez de empeorarlo... Pero veo que nadie se incomodó, así que continuemos con el programa".

Entre bromas y risas, el grupo de alumnos se dispersa por el hostal donde alojan en San Pedro de Atacama.

Así parte el cuarto día de actividades del Campamento Científico Bayer-Kimlu 2019, organizado por el laboratorio farmacéutico y la Fundación Ciencia Joven, que se realizó la semana pasada en la localidad de la Región de Antofagasta.

Todos los años, escolares de entre 14 y 18 años de Chile, Argentina y Uruguay, postulan para participar en la iniciativa: un campamento de una semana donde los jóvenes hacen investigaciones científicas, asisten a talleres de innovación y liderazgo, y realizan excursiones para conocer los ecosistemas más investigados del país.

Este año, de los 561 postulantes, 40 fueron seleccionados: 25 chilenos, 10 argentinos y cinco uruguayos. Por primera vez, al campamento asistió casi el doble de mujeres que hombres, con 27 y 13, respectivamente.

Esta octava edición del campamento fue la primera que se realiza en el norte del país. En esta oportunidad, los "campers", organizados en grupos de cinco según sus intereses académicos, debieron realizar una investigación. Para su estudio, tomaron muestras de terreno durante un trekking entre Puritama y Guatin, a lo largo de la quebrada Turipite. Luego presentaron los resultados en una feria científica en Toconao. Además, durante el campamento pudieron visitar el observatorio ALMA, en cuyas instalaciones realizaron diversos talleres.

Más chicos como uno

La mayoría de los "campers" viene de colegios donde no se fomenta mucho el desarrollo del conocimiento científico, por lo que su interés por esta área es visto como algo raro entre sus pares. "Si en la escuela le hablo a alguien de biotecnología, capaz que me quede mirando con cara confundida, sin entender por qué me interesa", explica Victoria Diosdado, de 18 años y oriunda de Santa Fe, Argentina. "Pero aquí eso cambia. Es lindo tener gente con los mismos intereses que uno, tener con quién conversar".

Esmeralda Caro, de Uruguay, cree que son pocas las personas que están dispuestas a hacer trabajo científico: "En mi clase todos toman el liceo como un lugar para aprender un par de cosas y ya está. Sentía que era la única con aspiraciones de investigar y hacer cosas nuevas".

Por eso se emociona al pensar que en todo el mundo hay niños como ella. "Cada uno en su realidad está intentando que la ciencia y las carreras STEM se divulguen y se conozcan, y se siga aprendiendo y trabajando", dice Antonia Hucke, de 16 años, del Colegio San Agustín de Concepción.

A pesar de que en este encuentro los jóvenes dicen sentirse a gusto debido a que al fin conocen a otros como ellos, interesados por la ciencia, también creen que en los últimos años ha existido mayor aceptación de quienes son apasionados por esta área. "La generación nuestra vio la transición de que la ciencia pasara de ser algo considerado para 'nerds' a una cosa mucho más valorada. Vimos cómo molestaban a los compañeros más apasionados, pero ahora vemos que a quien sabe de estos temas se le aprecia mucho más", dice Gastón Rothen, de 17 años, que viene de Futrono.

Anabella Donet, argentina de 18 años, cree que este cambio no solo se ha dado en el ambiente social de los jóvenes, sino que hoy en día todo el mundo tiene una mayor apreciación del aporte que la juventud puede dar al mundo científico. "La sociedad se ha dado cuenta de la importancia que tiene la ciencia, y han decidido apostar por nosotros. Ha crecido la confianza que se está teniendo tanto en la ciencia como en la juventud".

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