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El tema se discute en Chile y el mundo:

Con clases de educación emocional se busca reforzar la salud mental de los escolares

domingo, 17 de marzo de 2019

Margherita Cordano
Educación
El Mercurio

Técnicas de relajación y aprender a identificar las propias emociones y las de otros aportan al bienestar de los estudiantes. En el país, las consultas relacionadas con desórdenes emocionales han ido en alza en los últimos años.



A principios de semana se supo que 50 personas estaban siendo acusadas de participar en un fraude que involucraba el pago de coimas a cambio de un cupo en algunas de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos. Y así como las técnicas tramposas y la fragilidad del sistema salieron a la luz, especialistas en salud mental empezaron a hablar del trasfondo del problema: familias ansiosas por mostrar triunfos a través del resultado académico de sus hijos.

Más allá de las élites estadounidenses, la angustia que desencadena en los escolares sentir que tienen que ser los mejores, por lo que sus compañeros son una competencia para lograr este objetivo, es un problema global. En febrero y luego que el Sistema Nacional de Salud (NHS) informó que uno de cada ocho niños ingleses sufría de al menos una enfermedad mental, Inglaterra anunció que introduciría un programa de mindfulness diario en 370 establecimientos educativos. Su objetivo es que los estudiantes aprendan sobre técnicas de relajación, ejercicios de respiración y otros métodos que les ayuden a regular sus emociones, según anunció el gobierno británico en un comunicado.

"Todos los días, nuestros servicios ven a niños y adolescentes que luchan por encajar en un mundo moderno cada vez más complejo, que los enfrenta a cosas como la intensa presión de los colegios, el acoso escolar o los problemas dentro del hogar. Todo esto mientras son bombardeados por las redes sociales", indica Imran Hussain, director de políticas de la organización británica Action for Children.

Epidemia

En Chile, las cifras de bienestar estudiantil tampoco son alentadoras. Según datos del Ministerio de Salud, entre 2014 y 2018 las consultas relacionadas con depresión y desórdenes emocionales en pacientes de entre 15 y 19 años tuvieron un alza de 25% en el sistema público.

Unicef advirtió en septiembre que 15% de los chilenos de entre 13 y 15 años dijeron haber sido víctimas de maltrato escolar en el último mes, mientras que la OCDE informó que 42% de los estudiantes del país presentan graves deficiencias en su capacidad para trabajar en equipo. La misma organización evidencia que 56% de los chilenos de 15 años dicen sentirse muy ansiosos antes de dar un examen, incluso si están preparados para rendir esa prueba.

El problema no se queda en los adolescentes: una investigación con datos de más de 19 mil menores de seis años (entre ellos 400 chilenos) concluyó que los llamados problemas internalizantes, como ansiedad y depresión, afectan a alrededor del 12% a 16% de los niños locales.

Felipe Lecannelier, especialista en infancia e investigador de la U. de Santiago, participó en este estudio.

"Está ocurriendo una epidemia silenciosa, una epidemia de salud emocional en los niños. Y en Chile, esa epidemia tiene una característica bien interesante, que tiene que ver con que en el país no se pueden expresar emociones. En Chile no se puede sentir, llorar, alegar o estar en desacuerdo. Vivimos en una sociedad que desde la sala cuna te pide ser una especie de autómata, digerir todas las reglas y donde decir una opinión personal, llorar o mostrar estrés es visto como psicopatología, como (algo que requiere) medicación, como una conducta inmadura", explica el psicólogo.

Con el objetivo de cambiar estas conductas y de esta forma ayudar a mejorar la salud mental de los niños, Lecannelier integra un equipo de especialistas que trabajan en pos de una ley de Educación Emocional.

La idea de contar con un marco legislativo relacionado con el tema nació desde la Fundación Liderazgo Chile, que en diciembre -con apoyo de personas como el doctor en Neurociencias Héctor Galleguillos y el filósofo y sociólogo de la educación Juan Casassus- presentó ante la comisión de Educación de la Cámara de Diputados su propuesta, la que actualmente está en revisión.

Lo bueno y malo

La propuesta es transversal a todos los niveles (desde prebásica a enseñanza media) y supone que a los estudiantes se les enseñe a adquirir un mejor conocimiento de sus emociones, que aprendan a identificar las de los demás y que suba su umbral de tolerancia a la frustración, entre otros objetivos. Para ello se contempla que la educación emocional se sume a la malla curricular, enseñando, por ejemplo, técnicas básicas para tratar el enojo: desde contar hasta diez antes de actuar, hasta enseñar a pedir perdón.

Tratar estos temas desde los niños es clave para mejorar la sociedad en general, planteó Arnaldo Canales, presidente de la Fundación Liderazgo Chile, durante un seminario en el que se presentó el proyecto. "50% de los presos en Chile partieron su carrera a los 13 años. Y cuando uno se pregunta por qué, es principalmente porque ese niño nunca desarrolló lo que se llama la conciencia emocional; nadie le explicó lo que era bueno o malo".

En el Colegio Jorge Huneeus Zegers de La Pintana -con 88% de alumnos en situación de vulnerabilidad- tienen claro el impacto de enseñar a un niño a regular sus emociones. El año pasado y con ayuda de una consultora especializada, cien docentes se capacitaron en prácticas de mindfulness y programación neurolingüística (que apunta a la comunicación efectiva). "Este año nuestro objetivo es extender esta formación a la totalidad de profesores del colegio, además de directivos y todo el personal administrativo, con el fin de que todos hablemos un mismo idioma", indica Alejandra Huneeus, presidenta de la Fundación Educacional Isidora Zegers de Huneeus. A las ocho semanas de práctica de mindfulness -continúa- notaron "cambios a nivel biológico, emocional y cognitivo. El cerebro comienza a moldearse a esta nueva estructura formando niños más atentos, con más control y en bienestar".

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