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Sebastián Edwards, profesor de economía de la Universidad de California (UCLA):

"Chile necesita una tasa impositiva de primera categoría más baja. Ese debiera ser el norte de la reforma tributaria, el único norte"

domingo, 17 de marzo de 2019

Carlos Agurto López
Economía y Negocios Domingo
El Mercurio

El economista plantea que para destrabar el debate por la reforma previsional es necesario volver a discutir la creación de una AFP estatal. Asimismo cree que el país está lejos de dar el salto en productividad que requiere para crecer con fuerza en los próximos años: "No veo un deseo generalizado de ser una potencia productiva", asevera.



Hace unos meses que Sebastián Edwards no venía a Chile, pero esta semana, el economista chileno -profesor de economía internacional de la Universidad de California (UCLA)-, aterrizó en el país. ¿Su objetivo? Participar del seminario "Revolución Microeconómica" que organizó el Ministerio de Economía. En entrevista con "El Mercurio", se refiere a las reformas tributaria y de pensiones, al primer año de gestión del Presidente Piñera y su equipo económico; y los problemas que debe superar Chile para enfrentar la revolución tecnológica.

Asimismo, da a conocer su versión del escándalo conocido esta semana por el ingreso irregular de estudiantes a universidades en Estados Unidos, que incluye a la casa de estudios de la que es docente hace 37 años; y aconseja a las autoridades chilenas para evitar que casos similares ocurran en el país. "Es necesario reforzar todo el procedimiento de admisión", advierte.

-¿Cuál es su evaluación del primer año del gobierno de Piñera? ¿Qué es lo mejor, los aciertos, lo peor y en qué está fallando?

"Ha sido un año relativamente bueno, pero lento y parsimonioso. Un año sin errores, pero al mismo tiempo, sin grandes logros. Quizá lo más importante es que cambió el tono en el que estaba sumido el país. Se superó la atmósfera de confrontaciones y de mezquindades que se habían instalado con la llamada "retroexcavadora". Ha habido una clara voluntad de diálogo por parte del Gobierno, de buscar acuerdos y visiones compartidas con los distintos bloques políticos. Todo esto es positivo. Sin embargo, cuando uno trata de hacer una lista con los grandes proyectos aprobados y en marcha, se da cuenta de que hay una sequía. Es curioso que se hable de las elecciones presidenciales -lo hizo el Presidente hace unos días-, antes de que se pueda hacer una lista contundente de lo logrado".

-¿Cómo debiera el Gobierno llegar a puerto con la reforma tributaria?

"Para crecer Chile necesita mayor inversión y es absolutamente sabido por todos los expertos que la inversión es muy sensible a la tasa impositiva a las empresas. El desafío, por tanto, es bajar la tasa efectiva de tributación a las empresas chilenas de todos los tamaños. El énfasis es el término "tasa efectiva". Esta es la tasa que en la práctica cada empresa paga año tras año, y que además del tributo incluye los papeleos, los costos en contadores, las ansiedades y preocupaciones. Esto debe traducirse en algo muy simple: Chile necesita una tasa impositiva de primera categoría más baja. Ese debiera ser el norte de la reforma tributaria; el único norte. Que el sistema esté o no integrado es menos importante que la tasa efectiva".

-¿Qué cambios debe introducir, qué instrumentos o qué tipo de franquicias debiera ponerles fin, en pos de llegar a acuerdo con la oposición para lograr la idea de legislar y luego la aprobación propiamente?

"Los cambios deben ir por dos lados: en primer lugar, revisar todas las franquicias que resultan en inequidades y abusos. En segundo lugar, se debe compensar la baja del impuesto a las empresas con mayores tasas en la segunda categoría. El objetivo es mantener o aumentar la progresividad del sistema. Lo que debe evitarse es dar franquicias de carácter populista a ciertos sectores o regiones, para lograr votos en el Parlamento".

-¿Es regresivo el proyecto tal como está?

"Este es un desafío muy importante. Hay que reformar el impuesto corporativo para hacerlo más amable con la inversión, y al mismo tiempo debe aumentarse la progresividad del sistema impositivo como un todo. La OCDE publica dos datos muy importantes: desigualdad antes de impuestos y transferencias, y después de impuestos y transferencias. Nuestra desigualdad antes de impuestos es similar a Australia y Nueva Zelanda, y menor que España. Sin embargo, una vez que se incorpora el sistema tributario y de transferencias, estamos entre los países más desiguales del grupo. Este es un tema que no se puede desatender. La desigualdad pronunciada es caldo para populismos".

- El Gobierno ha planteado que la aprobación de la reforma tributaria es clave para el desempeño económico de los próximos años. ¿Puede un país como el nuestro depender solo de un proyecto de ley para crecer?

"El tema del crecimiento económico es, desde un punto de vista técnico, relativamente simple. Para que una economía crezca en forma sostenida se requieren tres cosas: más inversión, una fuerza de trabajo más calificada, y un aumento en la productividad. La reforma tributaria busca aumentar la inversión, y en ese sentido es esencial. El lograr una mayor calificación de la fuerza de trabajo es también clave, especialmente por la invasión de los robots que se viene encima. Pero entrenar a millones de personas toma tiempo. El ministro Valente está trabajando a toda máquina en el tema productividad, pero es una cuestión compleja".

"En Chile no hay una cultura de la eficiencia y de la productividad"

-¿Qué otros proyectos que lleva adelante el Ejecutivo pueden ayudar a fortalecer el crecimiento "potencial" a largo plazo?

"El drama de Chile es que en los últimos 10 años la productividad ha estado estancada. Y sin un aumento rápido de productividad es imposible que haya un crecimiento sostenido en el tiempo. Y sin crecimiento no hay prosperidad, no hay progreso, no hay mejoras sociales. La pregunta clave, entonces, es cómo aumentar la productividad. Aquí los problemas son múltiples, y tienen que ver con aprobación de proyectos, contradicciones en las normativas medioambientales, confusiones, burocracia excesiva, papeleos y trámites. Pero además de todo esto hay un problema cultural muy de fondo. En Chile no hay una cultura de la eficiencia y de la productividad. Somos impuntuales, poco confiables, improvisadores, buenos para el cafecito y para el fin de semana largo. Creo firmemente que, a no ser que haya una revolución cultural en Chile, no será posible experimentar un salto en la productividad. Y no veo que esa revolución esté viniendo por ninguna parte; esa es una de mis preocupaciones esenciales. Culturalmente queremos ser un "país B," un país tranquilo y buena onda, simpático y despeinado. No veo un deseo generalizado de ser una potencia productiva".

-¿Cuál es su evaluación del desempeño de los ministros del sector económico?

"Creo que lo han hecho bien. Felipe Larraín ha demostrado su experiencia y muñeca política, su capacidad de negociación y de diálogo. No sólo es un buen economista, sino que además es una persona muy sociable, con facilidad para hacer amigos, y con capacidad de entendimientos con otros. El ministro Valente también ha tenido un rol importante, y ha impulsado una agenda que si bien no es extraordinariamente glamorosa es vital: destrabar proyectos y aumentar la productividad. Entre los ministros sectoriales destacan el ministro del Trabajo, señor Monckeberg, y el ministro Juan Andrés Fontaine, siempre creativo y juicioso".

-¿Cuál es el mayor riesgo para la economía chilena?

"Hay varios. El mayor desafío es la invasión de los robots que se nos viene encima. Nadie lo está tomando en serio. La situación me recuerda el hundimiento del Titanic. El gran transatlántico se iba a pique, y los pasajeros de primera clase le exigían a la orquesta que tocara un foxtrot. Hace años dimos la voz de alarma en un artículo titulado "Ya pronto tu empleo desaparecerá". Desde entonces ningún gobierno ha considerado el problema como real. De hecho, la reforma laboral del gobierno anterior ignoró completamente el tema de la revolución tecnológica, de la automatización, la robotización, la inteligencia artificial, y de los algoritmos que reemplazan a las personas. Se legisló pensando en la mitad del siglo XX, en vez de pensar en el siglo XXI. Es decepcionante y preocupante. La revolución tecnológica y su integración a la vida diaria debiera ser una de las banderas de este gobierno. Este debió ser el gobierno del capitalismo moderno y tecnológico, pero no lo ha sido. A veces me parece que las autoridades están atrapadas por las encuestas del momento. No se piensa en grande, con una visión que se proyecte en 25 años más".

- ¿El gobierno está cumpliendo con la promesa de los tiempos mejores, en materia económica, empleo, remuneraciones, inversión, etc.? ¿Los buenos números económicos le llegan a la gente?

"Aquí hay una gran confusión. Los gobiernos no pueden afectar en forma instantánea ni la tasa de crecimiento, ni los salarios, ni los ingresos. Es un proceso que toma tiempo. Digamos las cosas como son: el gobierno anterior había creado un desorden de expectativas muy serio, y había instalado un pesimismo castrador. Esta administración ha logrado ordenar el panorama, y esto se va a traducir, paulatinamente, en tiempos mejores. A mí no me cabe duda de que la situación económica en Chile es hoy mejor de lo que hubiera sido si el señor Guillier hubiera triunfado en las elecciones".

BALANCE GOBIERNO:
"Un año sin errores, pero sin grandes logros. Cambió el tono en el que estaba sumido el país. Se superó la atmósfera de confrontaciones y de mezquindades con la llamada "retroexcavadora". Sin embargo, cuando uno trata de hacer una lista con los grandes proyectos aprobados y en marcha, hay una sequía".

PROGRESIVIDAD TRIBUTARIA:
"Nuestra desigualdad antes de impuestos es similar a Australia y Nueva Zelanda, y menor que España. Sin embargo, una vez que se incorpora el sistema tributario y de transferencias, estamos entre los países más desiguales del grupo. La desigualdad pronunciada es caldo para populismos".

RIESGOS:
"El mayor desafío es la invasión de los robots que se nos viene encima. Nadie lo está tomando en serio. La situación me recuerda el hundimiento del Titanic".

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