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Inolvidable Claudio Rauch

jueves, 14 de marzo de 2019

Juan Antonio Muñoz H.
Vidactual
El Mercurio

A 100 años del nacimiento de la pedagogía Waldorf y a 40 de la creación del primer colegio de ese método en Chile, recordamos al hombre que encarnó la antroposofía en nuestro país.



Encontrar un camino. Eso fue lo que movió en su vida a Claudio Rauch Linker (1944-2018). Un camino que otorgara sentido a su propia existencia y a la de los demás, y que lo conectara con el universo.

Aunque su viaje partió al nacer, fue a los 18 años que Claudio necesitó salir de Chile, donde vio la luz porque aquí llegaron sus padres, emigrantes de origen judío austro-húngaro de la Segunda Guerra Mundial. Conoció la antroposofía y los estudios de quien la desarrolló, Rudolf Steiner (ver recuadros), en Los Angeles (California).

"Allí, él descubrió los ideales que buscaba y se propuso llevar la antroposofía a la práctica en la medicina y en la pedagogía", relata Mónica Waldmann, su compañera de vida: "Lo conocí cuando yo tenía 12 años y él, 14; yo vivía en Ñuñoa y él también. Un día me vio en la calle y dijo 'esa va a ser mi mujer'. Después nos encontramos en el Manuel de Salas".

Imbuido desde temprana edad en la literatura de Hesse y luego en la de Goethe, Schiller y otros románticos alemanes, su avidez por el conocimiento se amplió a todos los dominios del arte y de la ciencia. Fue así como la acción de Claudio Rauch se dio en múltiples ámbitos.

Aunque preocupado por el rumbo que tomaba del mundo y de cómo vive actualmente el ser humano, quienes lo conocieron dicen que un rasgo central de todo cuanto hacía y pensaba era la esperanza. "Sí, él tenía esperanza en la humanidad, si esta trabajaba con intensidad en los principios de la antroposofía. Lo que más le preocupaba era la situación del materialismo, pero no el materialismo en sí mismo, al que consideraba un paso dentro del proceso evolutivo, sino el no quedarse ahí anclados", explica Mónica.

Un trabajo incesante y sanador

Tras su paso por Los Angeles, Rauch viajó a Suiza, al Goetheanum, sede mundial de la actividad antroposófica, y trabajó en Alemania en colegios Waldorf. Regresó a Chile con 22 años, dispuesto a desarrollar aquí lo que había aprendido; su primera cima fue la creación del colegio Miguel Arcángel (1967), destinado a niños con necesidades especiales y primer colegio terapéutico antroposófico de América del Sur. Luego asumió la profundización de sus estudios respecto de Rudolf Steiner y comenzó a hacer seminarios, actividad en que se mantuvo de forma incesante hasta 2016.

Giordano Bruno, el primer colegio Waldorf de Chile, fue fundado por Rauch en 1979, mismo año en que creó la rama "Santiago" de la Sociedad Antroposófica. Ofreció más de 1.200 conferencias en Chile y el extranjero sobre temas tan diversos como arquitectura orgánica, música, historia y literatura, entre otros. Existen los textos de muchas de esas conferencias (la mayor parte tomados de la presentación en vivo) y su publicación es un trabajo pendiente.

Como dice su reseña biográfica -preparada por Mónica Waldmann y sus amigos Jesús Lagos y Darío Montero-, "hoy, en Chile, principalmente en Santiago, hay más de 30 colegios Waldorf y muchos kínderes que surgen por profesores o desde agrupaciones de padres. Desde estos contenidos e impulsos antroposóficos aparece en Chile la agricultura biodinámica (...) así como, en el ámbito del arte, surge la euritmia. El trabajo que Claudio realizó con un grupo de médicos interesados en la medicina antroposófica permitió la formación del primer consultorio a cargo de la doctora Blanca Ortúzar en el año 1998".

Desde ese momento a la fecha, existen seis consultas médicas, aproximadamente 80 médicos ejercen la medicina antroposófica a lo largo del país y está en plena actividad la Comunidad Terapéutica de Cuyuncaví (1996), institución que partió recibiendo a jóvenes con profundos quiebres anímicos, quienes se acercaron en busca de una ayuda que fuera más allá de las posibilidades que ofrece la psiquiatría contemporánea. Para dar respaldo institucional a la Comunidad Terapéutica se creó la Corporación Kaspar Hauser (sin fines de lucro), que ampara también a la farmacia antroposófica Tríodo (Coronel Pereira 182, Las Condes), fundada por Claudio en 2005.

La soledad como un templo

Es en el contacto con el otro donde emerge el inmenso aporte que hizo Rauch. La soprano Esperanza Restucci estuvo cerca de él desde los 20 años aproximadamente. "Estaba en un momento personal muy difícil. No le encontraba sentido a la vida; tenía logros, pero ningún esfuerzo por algo inmediato significaba algo para mí. A través de Claudio me di cuenta de que yo era un ser humano que buscaba un sentido. Entendí que uno puede dedicarse a algo y a través de eso trascender estados de ánimo como la angustia, el tedio o la parálisis interior. El canto fue ese algo; él me empujó también hacia el descubrimiento del Lied , que consideraba la cúspide del canto lírico, porque va hacia lo íntimo de la música y no al mero lucimiento".

"Claudio daba caminos para los problemas, era muy concreto y decía que lo fundamental para partir era un real y profundo deseo de cambio. Estaba muy pendiente de la experiencia de la soledad en los jóvenes; ese engranaje de evasión donde se quedan en el vacío. Fue eso lo que motivó también la Comunidad Terapéutica Cuyuncaví, que funciona hasta hoy. Él sabía que tenía que hacerla en el campo (Curacaví), porque muchos jóvenes modernos suelen estar tan enajenados que se angustian si no tienen un teléfono cerca; no pueden lidiar con su interior, no tienen paz ni paciencia y suelen querer saltarse procesos. Ponía atención en que la tecnología si bien tiene beneficios, también te puede robar la maravillosa experiencia de la vida, y que el alma moderna vive en un estado de aceleración constante y en una soledad angustiante. Claudio me ayudó a entender que la soledad es un templo donde puedo estar para comprenderme".

¿Cómo responder a su amistad?

El médico Fernán Díaz dice que su contacto con Claudio "me salvó". "Él y todo lo que es la antroposofía: poder entender la reencarnación y lo que significa el proceso evolutivo; la misión evolutiva de nosotros como individuos; la necesidad de restablecer un nexo científico consciente y no solo religioso. A través de esos contenidos, encontré una luz en la que me podía refugiar. Es muy importante que se conozca lo que él hizo, el impacto que tuvo en la cultura. Nada menos que encarnar la antroposofía en Chile".

Al hablar de Goethe, en una de sus conferencias Rauch dijo que "pocas veces ha pisado la Tierra un hombre que se haya entregado tanto al otro y al mundo, y de una forma tan plena como lo ha hecho Goethe (...). Dignificaba tanto la relación humana que la llevaba a un plano donde significaba un proceso de resurrección llevado a cabo en la misma alma de Goethe. De manera que la amistad con Goethe era la amistad entrelazada con las fuerzas de la resurrección".

Se preguntaba luego "¿Por qué nos encontramos los seres humanos? Precisamente para crecer (...). Siempre que se encuentran dos seres humanos es porque juntos tienen que crecer. Esto en Goethe estaba elevado a la máxima esfera. ¡Cómo responderle a la amistad de este titán!".

Una pregunta que bien puede aplicarse al propio Claudio Rauch.

Ese Claudio amigo es el que hace resplandecer Fernán Díaz: "Era un excelente amigo. Me dio consejos cruciales. Respetaba profundamente la libertad del otro; no se permitía influir. Era muy respetuoso del espacio en que se encontraba la otra persona. Además, con él se podía hablar de cualquier cosa, porque sabía de todo. Yo estuve muy cerca de él, hasta su último respiro. Vivió su enfermedad con una valentía y una dignidad admirables, y eso que su proceso de muerte fue extremadamente doloroso".

"Fue mi mejor amigo", termina Esperanza Restucci. "Claudio era capaz de siempre estar ahí cuando lo necesité. Me enseñó que la amistad es también un camino. El verdadero amigo es el que te desafía a corregirte, a superarte, el que es capaz de mostrarte que también el dolor tiene un valor para tu beneficio".

La pedagogía Waldorf, iniciada en 1919 en Stuttgart, busca el desarrollo de cada niño en un ambiente cooperativo, y con un fuerte apoyo en el arte y los trabajos manuales.La medicina antroposófica es un método terapéutico que persigue restaurar la salud a través de la activación de las capacidades autocurativas del individuo, el cual, en el proceso, se hace responsable de su propia salud. Considera al ser humano como un ser físico, pero también de naturaleza espiritual.

La pedagogía Waldorf, iniciada en 1919 en Stuttgart, busca el desarrollo de cada niño en un ambiente cooperativo, y con un fuerte apoyo en el arte y los trabajos manuales.

La medicina antroposófica es un método terapéutico que persigue restaurar la salud a través de la activación de las capacidades autocurativas del individuo, el cual, en el proceso, se hace responsable de su propia salud. Considera al ser humano como un ser físico, pero también de naturaleza espiritual.

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