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David Bowie: transformación y consistencia

martes, 12 de marzo de 2019

Economía y Negocios Online


Gabriel Moura CFO Itaú

“La absoluta transformación de todo lo que alguna vez pensamos sobre la música ocurrirá a lo largo de diez años y nada podrá detenerla. La música se volverá como el agua corriente o la electricidad".

David Bowie dijo esto a principios de la década pasada (entrevista en 2002), cuando la venta de discos en formato físico aún era un buen negocio. Una época en que Spotify o Itunes no pensaban en existir, pero que mentes particularmente creativas como las del cantante inglés, ya podían empezar a vislumbrar.

Bowie es sinónimo de transformación permanente.

Durante las distintas etapas de su carrera creó e interpretó a una serie de personajes y a lo largo de sus 25 discos, también se mantuvo en constante evolución musical. Así supo cautivar a un público que también cambia de gustos y preferencias con el paso del tiempo. Esta fórmula mutante le permitió mantenerse vigente hasta los 69 años, cuando lanzó su último disco, en enero de 2016.

Bowie fue consistente en el cambio y entendió que para adaptarse a nuevos tiempos, es fundamental cambiar el fondo. Y que para lograrlo, también es necesario cambiar las formas.

Los mismos servicios de streaming de videos y música que, tal vez sin querer anticipó el músico, son ejemplos de ello. El desarrollo tecnológico demanda -y a la vez impulsa- cambios que requieren cada vez de más velocidad.

Es difícil crear ideas disruptivas e innovadoras en un ambiente poco propicio para ello. ¿Cómo se puede desarrollar un trabajo colaborativo si todos están en oficinas cerradas, atados a las jerarquías o a un determinado estilo de vestir?.

En el negocio financiero, donde la solidez y la tradición son profundamente valorados, es necesario buscar un equilibrio que impida que dichos valores se transformen en un lastre que inmovilice el necesario cambio y evolución de las cosas, y que, al mismo tiempo, permitan cumplir con las expectativas de los clientes.

No hace muchos años, la caricaturesca imagen del banquero detrás de un gigantesco escritorio de gruesa madera, enfundado en un impecable terno con chaleco, inspiraban respeto, seriedad y solvencia. Hoy ese estereotipo sólo provoca distancia frente a clientes que buscan agilidad, cercanía y proximidad.

Tal como ya lo hizo Itaú en los distintos países donde opera, incluido Chile, hace algunos días otro importante banco internacional anunció que relajaría su código de vestimenta, en pos de un ambiente más casual. Quienes han tomado este tipo de medidas, sólo exigen una cosa: Que se cumpla con las expectativas de los clientes.

El trasfondo de una decisión que podría ser considerada sólo como un beneficio para los colaboradores, también responde a una lógica de negocios: Iniciativas como estas permiten poner el foco en el talento de las personas y facilitar el despliegue del potencial de cada uno. Y eso, inevitablemente ayuda a que los clientes reciban lo que de verdad quieren. Sentirnos mejor nos hace mejores profesionales. Bowie lo tenía claro.

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