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La historia del empresario Ricardo Claro

martes, 28 de octubre de 2008


Economía y Negocios Online

El empresario estaba relacionado con la propiedad de Compañía Sudamericana de Vapores, CristalChile, Elecmetal, Saam y Viña Santa Rita. También con la de los medios de comunicación Megavisión, Diario Financiero y revista Capital.

SANTIAGO.- Ricardo Claro Valdés nació el 26 de agosto de 1934 en Santiago, en una casa en la que se respiraba un ambiente de trabajo y todos sabían que las cosas llegaban por tesón y no por casualidad. Su padre Gumercindo era un corredor de Bolsa que no terminó el colegio, porque debió empezar a trabajar desde pequeño.

Aunque no solía hablar de su vida privada, Claro recordaba que en su familia siempre reinó un ambiente de seriedad y responsabilidad en todos los órdenes de la vida, sobre todo, en lo valórico, que es donde el "estilo Claro" ha quedado marcado a fuego.

Profundamente católico, en 1992 el Papa Juan Pablo II lo distinguió con la orden San Silvestre en el grado Comendador.

Locuaz y de carácter fuerte, más de una vez Claro sorprendió al declarar que alcanzó una gran fortuna entre fines del gobierno de Eduardo Frei Montalva y el de Salvador Allende, mientras todos los demás empresarios no invertían. Su fortuna era considerada una de las seis más grandes de Chile y se especula que, como no tiene descendencia, su natural heredera sería la Iglesia Católica.

En el ámbito cotidiano, la rutina de Claro comenzaba muy temprano, propiciando el trabajo duro y la familia. Atribuyó el éxito de sus empresas a la calidad de vida que ofrece a sus empleados.

De escasa vida social, a Claro siempre se le veía en misa y los fines de semana solía viajar a la playa con su esposa, María Luisa Vial, con quien colaboraba en el Hogar de Cristo y otras instituciones.

Estudió en el colegio Saint George, del que siempre se sintió muy orgulloso.

Fue compañero de curso de Javier Vial, con quien hizo negocios hasta principios de 1970 en el ya mítico grupo de "los pirañas": junto a Manuel Cruzat Infante y Fernando Larraín Peña levantaron el conglomerado empresarial más emblemático de la fecha. Claro salió antes de la crisis del "82, la que obligó a sus socios a entregar casi todo a sus acreedores.

Su primer trabajo fue en la corredora de su padre. Tenía 17 años, pero prefirió seguir la carrera de Derecho, así que se quedó sólo dos años en la Bolsa. Entró a la Universidad de Chile, donde fue candidato a delegado de curso en el primer año por la Juventud Conservadora. Mientras estudiaba se incorporó a la firma de abogados Claro y Cía., que no tenía parentesco con su familia, pero en pocos años llegó a presidirla.

Se tituló en 1958 y hasta 1990 hizo clases de Política Económica en esa misma casa de estudios. Un ex alumno suyo, Valentín Solar, señala que sus clases se caracterizaban por el análisis de casos reales y la narración de vivencias por parte del jurista.

En la Universidad de Chile, Claro trabó amistad con el ex ministro de Agricultura del Presidente Patricio Aylwin, Juan Agustín Figueroa. Otros de sus amigos son Ernesto Corona y Carlos Ugarte, con quienes compartió su afición por la historia, ciencia política, economía, el arte y los ensayos.

Vinculado a la derecha, fue asesor económico de Relaciones Exteriores del gobierno militar entre 1973 y 1975. Ese año viajó por primera vez a China y su última misión en el gobierno de Pinochet fue en 1976, cuando organizó la Sexta Asamblea de la OEA en Santiago, la que preparó por varios meses.

Ese mismo año, y en paralelo a su trabajo en el estudio de abogados, comenzó a incursionar en los negocios: su primera adquisición fue Elecmetal, la que compró en una licitación de la Corfo, en la que también competía el grupo Luksic. En 1980 adquirió la Viña Santa Rita que tardó ocho años en generar ganancias.

Controlaba una de las 15 mayores navieras del mundo - Compañía Sudamericana de Vapores (CSAV)- lo que le otorgaba una posición clave en el comercio exterior; era el socio mayoritario del principal canal de TV privado del país -Mega-, a lo que se sumaba una posición importante en el "Diario Financiero" y la adquisición de revista Capital.

Dueño de una fuerte personalidad, su poder se fundaba también en la información. Recibía a diario dos reportes preparados especialmente para él con los temas que más le interesaban. Y siguiendo ciertos índices clave logró determinar con certeza el comportamiento de la actividad mundial y sus tendencias. Por ejemplo, anticipó lo que ocurriría con China respecto a su auge económico: ya en el año 2000 se convirtió en el mayor inversionista chileno en ese país, tras comprar la naviera Norasia. También hizo acertados análisis sobre la llamada crisis subprime y la eventual recesión a Estados Unidos.

Sus informaciones las respaldaba por el asesoramiento de Sebastián Edwards, Patricio Rojas, Ricardo Matte y de empresarios, tales como, Hernán Somerville, Fernando Léniz y Alfonso Swett. Pero Claro no necesitaba intermediarios para moverse en el mundo de los negocios o en la política: cuando lo estimaba conveniente, él mismo se encargaba de hacer llegar su mensaje.

Uno de los temas que hoy por hoy más le ocupaba e interesaban a Claro era China, donde la Sudamericana maneja 16 oficinas. Aunque no hablaba mandarín, estaba al tanto de todo lo que pasa en la hoy llamada turbina de la economía global.

Sus lazos con esa nación son tan importantes, que cuando el Presidente de ese país, Jiang Zemin vino a Chile el 2001, su única visita privada fue a la Viña Santa Rita, invitado por la Sudamericana.

El mismo Ricardo Claro estuvo en 1978 junto al ministro de Relaciones Exteriores de la época, Hernán Cubillos, en una entrevista con el líder reformista, Deng Xiaoping. Allí, el mandatario chino les habló una hora y media sobre los cambios que pensaba implementar, como la apertura al capital y la tecnología extranjera.

Y Claro creyó en esa promesa. Sin embargo, esperó 22 años para apuntar al Lejano Oriente. "Deng Xiaoping era un gran estadista y un hombre pragmático", afirmó en un seminario sobre ese mercado en el Instituto Libertad y Desarrollo, agregando que China ha tenido una gran capacidad creadora a través de los siglos.

Sobre el ingreso a ese mercado, Claro comentó en esa oportunidad que Francisco Silva, el gerente general de Sudamericana en el 2000, recibió una oferta de un empresario austríaco que tenía una empresa naviera llamada Norasia, con sede en Friburgo, Suiza, y que ya operaba en China. La empresa estaba en mala situación financiera y apremiada por los acreedores. Claro pagó US$ 38 millones para incorporarla a su flota.

"Silva me consultó sobre la posible adquisición y, después de un breve estudio, basándome en mi visión optimista sobre el desarrollo de China, le di mi aceptación y le presenté el proyecto al directorio que lo aprobó", señaló Claro en Libertad y Desarrollo con ese "ojo" económico que pocas veces se equivoca: en 1997 anticipó la crisis asiática e inició un ajuste en CSAV que le permitió sortear con éxito la recesión.

Antes de entrar a China, eso sí, se convirtió en un jugador de peso en América Latina, comprando las navieras Libra, de Brasil, y Montemar, de Uruguay.

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