Fondos Mutuos
Los ajustes en los mercados financieros internacionales continúan siendo el centro de atención en todo el mundo. En esta ocasión, la semana estuvo marcada por el fuerte retroceso en el precio de los commodities, principalmente del cobre, el cual presentó una caída de 21% en el transcurso de la semana, y de 59% respecto del peak anotado el 3 de julio. Por su parte, el precio del petróleo WTI exhibió una caída de 11% en la semana y 55% respecto de los máximos valores anotados en julio, razón por la cual resulta evidente que los términos de intercambio se han deteriorado.
Este cambio de precios ha generado un sinnúmero de cuestionamientos sobre las consecuencias que sufrirá la economía chilena en el futuro. Dentro de éstas, creemos que dos de ellas merecen especial atención. La primera de ellas se refiere a las variables locales que sufrirán el mayor ajuste, y la segunda es si ellas tendrían algún impacto en las decisiones de política económica principalmente en lo que se refiere a materia fiscal.
En lo que respecta a la primera, creemos que las cuentas nacionales acusarían rápidamente este cambio en precios relativos. Dentro de ellas, destacamos el cambio de signo que tendría la cuenta corriente, ya que definitivamente dejamos atrás la era de abultados superávit en dicha cuenta por lo menos por un par de años. De hecho, estimamos que la cuenta corriente este año anotará un déficit superior a 1,0% del PIB y el próximo se ubicaría en torno a 2,2% del PIB. El segundo efecto directo sería sobre las finanzas públicas, ya que la menor cotización en el precio del metal, junto a la desaceleración que actualmente enfrentan nuestros socios comerciales, podrían significar que los ingresos fiscales por concepto de cobre bruto pierdan aproximadamente 2 puntos de participación en el PIB (lo cual equivale aproximadamente a US$3.200 millones), lo cual nos lleva a no descartar que en dicho escenario el gobierno podría enfrentar un balance efectivo deficitario en los próximos trimestres.
En cuanto a la política fiscal, creemos no que existirían modificaciones significativas sobre la ejecución del gasto fiscal en el transcurso de 2009, ya que las decisiones de esta variable se basan en supuestos de largo plazo, lo cual implica que en períodos de crecimiento y precio del cobre por debajo de la tendencia de largo plazo, el balance del gobierno central enfrentará períodos de déficit que serían financiados con superávit de años previos, lo cual permite que el gasto fiscal sea mucho menos volátil y dependiente de los precios spot de las materia primas en los mercados internacionales . Por tanto, no debe ser en lo absoluto motivo de preocupación que dejemos atrás, transitoriamente, cifras abultadas en las cuentas externas y fiscales, ya que esto es propio de los ciclos económicos. Ahora bien, si es que llegaran a existir señales de cambios estructurales que conlleven a modificaciones en los escenarios de largo plazo, obviamente la decisión de política fiscal debiera adaptarse a la nueva realidad.