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A cuarenta años de la llegada de los ayatolás al poder:

La revolución que forjó al Irán de hoy

sábado, 09 de febrero de 2019

Nicolás García de Val
Internacional
El Mercurio

El paso de una monarquía a una República Islámica en 1979 echó por tierra las reformas de corte liberal que se habían implementado y aisló al país.



Cuarenta años atrás, con el colapso del gobierno provisional instaurado tras la salida de su último sha, Irán dejó el sistema monárquico que lo rigió por más de 400 años y pasó a conformar una República Islámica, una teocracia que cambió radicalmente las alianzas del país y lo dejó aislado.

Considerado por las potencias occidentales como un monarca reformista, el sha Mohamad Reza Pahlevi impulsó una serie de cambios para modernizar el país que, no obstante, solo beneficiaron a la clase ligada al poder, lo que desató un descontento generalizado entre los iraníes.

A medida que las protestas se masificaban entre 1978 y 1979, el sha aumentó la represión, lo que dio pie a una alianza entre islamistas radicales y universitarios inspirados por la izquierda, obreros, republicanos y liberales. Pero los principales opositores del sha en esta coalición eran los clérigos chiitas, que criticaban sus actitudes poco conservadoras y a la cabeza de ellos estaba el ayatolá Ruholla Jomeini, en ese tiempo en el exilio.

Acosado por las multitudinarias protestas populares, el sha se marchó el 16 de enero de 1979, lo que marcó el primer triunfo de la Revolución Islámica. Pasaría menos de un mes hasta que obtuviera el segundo y definitivo.

El 11 de febrero, tras el colapso del gobierno provisional instaurado luego de la salida de Pahlevi, Jomeini regresó triunfal como líder de la revolución y fue nombrado el primer líder supremo del nuevo Irán.

Cambio radical

La caída del gobierno el 11 de febrero es considerada como el fin de la revolución que había comenzado más de un año antes y que dejó a Jomeini como la principal figura de autoridad en el país. Se decretó también el nombramiento de un Presidente -cargo que aún existe-, pero su función se limita a aplicar las decisiones del líder supremo.

Una de las grandes críticas del ayatolá a Pahlevi era su cercanía con Washington, y eso cambió totalmente en 1979. En noviembre, un grupo de seguidores de Jomeini violó la inmunidad de la Embajada de Estados Unidos en Teherán y secuestró a 52 diplomáticos durante 14 meses: el mensaje quedó claro.

Desde entonces, ambos países son rivales y no tienen relaciones diplomáticas formales. Teherán acusa a Washington de intentar intervenir en el país y de ser el "gran Satán", mientras que es conocido su apoyo a grupos regionales con la intención de exportar su ideología.

Estados Unidos, en tanto, respaldó a Irak durante la guerra que mantuvo con Irán entre 1980 y 1988; y ha impuesto varias rondas de sanciones contra Teherán por su programa nuclear y por su "apoyo al terrorismo internacional".

"El cambio más fundamental que provocó la revolución fue el paso de Irán socio de EE.UU. y de Occidente a ser un Estado paria. Eso no solo alteró su sistema de alianzas internacionales sino también la imagen del país en el mundo", dijo a "El Mercurio" Ariane Tabatabai, experta en Medio Oriente de la Rand Corporation.

En el plano social, la revolución echó por tierra las limitadas reformas liberales que había hecho el sha y reintrodujo prácticas más conservadoras, como el hijab (el velo islámico) obligatorio para las mujeres. Algunas de estas se han revertido en el último tiempo, pero Irán sigue siendo uno de los países más restrictivos de la región.

"Jomeini reintrodujo también políticas económicas más redistributivas que se mantienen hasta hoy, como un aumento de los subsidios para bienes y servicios básicos", aseguró a este diario Emily Hawthorne, analista para Medio Oriente de Stratfor.

Sobre todo, la revolución también marcó un antes y un después para el programa nuclear iraní. Lanzado en la década de 1950, había contado con el apoyo de EE.UU. y de la Europa occidental. Después de 1979 eso se acabó; pero Irán, con el apoyo de Rusia, siguió avanzando en su investigación y en 2000 comenzaron a aparecer indicios de que podría estar enriqueciendo uranio a niveles militares.

En 2006, el Consejo de Seguridad de la ONU impuso sanciones económicas, que fueron incrementándose con los años, golpeando duramente a la economía del país, que perdió miles de millones de dólares por la venta de petróleo. El golpe más fuerte lo recibió en 2012, cuando su PIB cayó en un 7,7%, según el Fondo Monetario Internacional.

¿Vuelta a Occidente?

En 2015, Irán alcanzó un acuerdo con el grupo de potencias 5+1 (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia, China y Alemania) para limitar su programa nuclear a cambio de que se levantaran las sanciones.

Libre de las medidas, el país comenzó a reinsertarse en el mundo y a atraer a inversionistas y empresas extranjeras, como Boeing, que veían una oportunidad para entrar a una economía que había estado cerrada por años.

Sin embargo, el actual Presidente de EE.UU., Donald Trump, anunció en 2018 que abandonaría el pacto y reinstauró las sanciones. El resto de los países que firmaron el acuerdo lo han defendido, pero el actual líder supremo de Irán, Alí Jamenei, ha amenazado con retirarse y volver a enriquecer uranio a niveles militares.

"La decisión de EE.UU. hace muy difícil que Irán pueda establecer nuevos lazos comerciales en el mundo, pero no rompe los que ya tiene. Teherán tiene conexiones con varios países del Medio Oriente, así como con Rusia, China y los países europeos que se han mostrado dispuestos a mantener el acuerdo", aseguró Hawthorne.

En enero del año pasado, la lenta recuperación económica y el cansancio por las restrictivas políticas sociales instauradas hace 40 años desataron la mayor crisis en el país desde 2009 -cuando miles de votantes reclamaron contra un supuesto fraude electoral que le dio la reelección al entonces Presidente Mahmoud Ahmadinejad-, con una ola de protestas en contra de las políticas del gobierno, en las que se llegó a exigir la destitución de Jamenei.

Eventualmente, las protestas fueron controladas, con un saldo de más de mil detenidos a nivel nacional, pero la clase política no salió ilesa, especialmente el Presidente Hassan Rohani, quien vio caer su aprobación hasta el 20% en septiembre del año pasado, según IranPoll. En 2015, tenía un apoyo del 89%.

Consciente de eso, el gobierno ha intentado aplacar el descontento transmitiendo juicios por corrupción en los medios estatales y entregando más libertad a la prensa independiente, aseguró The Associated Press, pero las protestas no se han detenido. En total, el año pasado la policía detuvo a más de 7 mil personas por manifestarse contra el régimen instaurado cuatro décadas atrás, según Amnistía Internacional.

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