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"Homo dolens": un viaje al pasado por el dolor y sus expresiones

domingo, 03 de febrero de 2019

María Piedad Jiménez Larraín
Historia
El Mercurio

"Cartografías del dolor: sentidos, experiencias, registros" es la frase que completa el título del libro que abre el diálogo entre distintas disciplinas sobre cómo el dolor se ha manifestado a través de la historia. Pone sobre la mesa una temática emocional y de la que poco se habla en la actualidad, pero que, según sus autores, es necesario abordar.



El dolor ha acompañado al ser humano desde tiempos inmemoriales. De hecho, algunos autores afirman que las religiones surgieron para explicar el fenómeno de la muerte, tratando de encontrarle un sentido a la finitud y a la pérdida que aquejaba incluso a los hombres más primitivos. Por eso, cuando los profesores del Instituto de Historia de la Universidad Católica, Rafael Gaune y Claudio Rolle ganaron los fondos del Ian Ramsey Centre for Science and Religion de la Universidad de Oxford para hacer un libro, el cual les exigía tratar un tema que vinculara la religión con la ciencia, no dudaron en hacerlo sobre el dolor. "Era el elemento conceptual que nos podía articular ese diálogo", menciona Gaune.

Así surgió "Homo dolens. Cartografías del dolor: sentidos, experiencias, registros" (2018, Fondo de Cultura Económica), un trabajo colaborativo de 24 investigadores de diversas instituciones nacionales y extranjeras que dan cuenta de las manifestaciones del dolor y sus variados registros desde la historia, literatura, teología, filosofía, psicología y psiquiatría. Luego de tres seminarios realizados entre 2016 y 2017, lecturas compartidas, análisis bibliográficos y múltiples reuniones de trabajo entre los autores, en diciembre se publicó este volumen colectivo que da cuenta de esas reflexiones interdisciplinarias. Gaune y Rolle, editores del libro, decidieron integrar varias disciplinas para darle una perspectiva más integral a ese sentimiento. "Ninguna disciplina puede dar respuesta definitiva al dolor", comenta Gaune. "Y como teníamos el objetivo de 'cartografiar' el dolor, trazarlo y registrarlo, necesitábamos involucrar otras disciplinas que pudieran dar cuenta de este fenómeno, ya que es inabordable desde una sola perspectiva", agrega.

"Los historiadores somos omnívoros. Nos alimentamos de todo lo que toque al ser humano; y el dolor es omnipresente", dice Rolle. "Este volumen busca enriquecer el diálogo en nuestra propia sociedad porque habla de una dimensión que a veces se oculta, como si se quisiera evitar silenciándolo", señala. A su vez, Gaune menciona que "la vida sin dolor no existe. Es una expresión humana, natural y universal que se manifiesta a lo largo de la historia en distintos espacios y momentos". Por eso, el historiador dice que, luego de haber observado las formas en que las sociedades y los individuos abordan el dolor, este debe ser entendido, dialogado y comunicado, "pero no para dar respuestas definitivas y cerrar el tema, si no que para abrirlo".

El "yo religioso"

El libro no está estructurado por disciplinas, sino por temáticas: sentidos, experiencias y registros -como bien lo dice el título. La primera parte es más teórica y especulativa, ya que aborda el vínculo de las experiencias religiosas con el dolor y cómo se construye la identidad religiosa de una persona (el "yo religioso") a través de esa relación. Por ejemplo, el abogado peruano Armando Guevara trata en su artículo el ostracismo social que vivió una monja de Perú tras haberse escapado de un convento y el historiador colombiano Jaime Humberto Borja analiza las pinturas coloniales iberoamericanas para dar cuenta de las manifestaciones visuales del dolor en los gestos de Cristo y la Virgen.

La francesa Solène Bergot, directora de la Licenciatura en Historia de la Universidad Andrés Bello, relata en su texto la relación que tienen dos mujeres con la religión católica frente a dos hechos dolorosos; una es encerrada en un convento luego de haber sido acusada de adulterio y la otra pierde a varios de sus hijos por distintos motivos. Según Bergot, lo interesante de haber analizado los diarios de vida y autobiografías de aquellas mujeres fue diferenciar cómo la fe les sirvió o no de consuelo en los procesos de duelo y angustia que ambas vivieron: la adúltera no tuvo una relación positiva con Dios porque la religión no logró aliviar su dolor, en cambio, la madre que perdió a sus hijos encontró en la fe el consuelo necesario para poder sobrellevar aquellas situaciones tan dolorosas. "En la actualidad, la relación de las personas con Dios no es tan diferente a la de antes", señala la autora. "Hoy día, todo el mundo emplea estrategias o prácticas para sobrellevar esos tipos de episodios, y la religión sigue siendo un punto de anclaje importante en los procesos de dolor", dice.

Experimentar el dolor

Así como la primera parte de "Homo dolens" se hace cargo del vínculo entre las manifestaciones religiosas y el dolor, la segunda trata sobre diferentes experiencias dolorosas vividas por personas o comunidades, distinguiendo varios tipos de dolores (físico, emocional, psicológico, etc.) Por ejemplo, el artículo escrito por la doctora en Historia Medieval de la Universidad de Barcelona y profesora del Instituto de Historia de la UC, Ximena Illanes, aborda el dolor de los padres al abandonar a sus hijos en hospitales, porque ellos no podían criarlos, principalmente por la pobreza. Según la historiadora, la infancia vulnerada e institucionalizada era una realidad bastante común en aquella época, pero señala que también lo es en la actualidad. "Escribir sobre esto te ayuda muchísimo a reflexionar sobre el presente. Lo asemejo con el tema del Sename, donde los niños abandonados en los hospitales son trasladados a esos centros donde están a cargo de diferentes personas y circulando de sala en sala a lo largo de toda su vida, como pasaba con los niños del siglo XV", concluye Illanes.

Al comenzar a trabajar en el libro, el editor Claudio Rolle le pidió al doctor Patricio Olivos abordar el dolor desde la psiquiatría. En el artículo, Olivos hace una suerte de mapa -haciendo alusión a la intención cartográfica del libro- del dolor psíquico, en el que incluye cuáles son los dolores que trata más frecuentemente, como el estrés y el duelo. Luego, enfoca su trabajo en un análisis psicoanalítico, en la diferencia entre dolor y sufrimiento y en cómo él se implica como médico tratante. "Hoy en día, el dolor se 'medicaliza' fácilmente, se anestesia, se hacen cuidados paliativos. Estamos fóbicos al dolor", dice el psiquiatra.

Según él, prefiere la visión del dolor en que la persona lo toma, lo acoge y lo elabora, porque asegura que así, el doliente puede crecer. "También existen los 'clausuradores' del dolor, que dan vuelta la página y listo. Pero, en general, conviene elaborarlo", agrega. Al referirse al libro, Olivos destaca el hecho de que ponga sobre la mesa la temática del dolor, "lo cual es muy importante para generar un diálogo y para que la gente lo acepte como una emoción natural que no hay que esconder y que tiene posibilidad de ayuda".

Analizar los registros

La última parte del libro aborda las representaciones del dolor en la cultura, ya sea a través de la literatura, el arte, la poesía, la prensa, entre otros. El poeta, escritor y profesor del Instituto de Estudios Avanzados de la USACh, Felipe Cussen, escribió un artículo que analiza poemas de duelo de tres poetas -un francés, una canadiense y un catalán- y la forma en que ellos abordaron el dolor luego de la muerte de un ser querido. "La poesía experimental es una manera poco convencional para hablar del dolor. No se habla directamente de eso; no dicen 'tengo pena' o 'estoy muy triste', sino que utilizan la materialidad del lenguaje, su combinatoria y sus sonidos para hacerlo de manera más compleja", dice Cussen. "Siempre se piensa que la literatura experimental es puro juego y laboratorio, pero lo que intento mostrar con mi texto es que se puede combinar este tipo de poesía con la más emotiva y natural", agrega el profesor.

El poeta ya tenía pensado escribir sobre las tres obras que analizó en su artículo cuando lo invitaron a formar parte del libro. "Me interesó mostrar la capacidad de que personas provenientes de distintas latitudes e idiomas conmuevan a los demás. A pesar de que los autores están viviendo un duelo, no dejan de ser poetas, es decir, al mismo tiempo que se desahogan, se preocupan de la forma en que lo hacen, por eso logran esa conmoción", menciona Cussen.

Por último, Verónica Undurraga, jefa de Investigación y Posgrado del Instituto de Historia de la UC, analizó la construcción del caso Sara Bell en Santiago a fines del siglo XIX para dar cuenta del "éxito mediático" que tuvo en Chile uno de los crímenes con más repercusión social de la época. Luego del análisis de distintos periódicos de fines del siglo XIX, la autora llegó a la conclusión que, apenas ocurrido el crimen, la prensa justificó el actuar del asesino por la conducta histérica, nerviosa y pasional de Sara Bell, quedando ella como la causante de su propia muerte. Sin embargo, pasados algunos años en los que intervienen una serie de factores políticos, los periodistas ya no representaron a Bell como la protagonista que mueve la acción, sino que como una víctima, haciendo hincapié en el dolor físico, el maltrato psicológico y la vulnerabilidad de ella ante el abuso del hombre. Undurraga concluye que "lo que yo doy cuenta en mi artículo no es necesariamente cómo ocurrieron los hechos, sino que las diferencias que hubo en las representaciones del dolor a través de los registros periodísticos de la época".

El miércoles 3 de abril, la premio Nacional de Historia Sol Serrano y el científico José Egaña realizarán la presentación oficial de "Homo dolens" en el Museo Histórico Nacional.

"El libro habla de una experiencia humana que es necesario reconocer para darse cuenta cuán creativa puede llegar a ser".
CLAUDIO ROLLE


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