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Esto no es un hotel

sábado, 02 de febrero de 2019

Texto, Paula Donoso Barros. Fotografías, Carla Pinilla Grandé.
Decoración
El Mercurio

"Más allá que eso", para su dueño y creador Jorge Zabaleta, Desértica es un proyecto de vida. En el corazón de San Pedro de Atacama, ubicado en terrenos de una antigua huerta atacameña, sus 12 habitaciones se instalan con el mayor respeto y con conciencia de ser solo visitas en una tierra ancestral.



L a primera vez que visitó San Pedro de Atacama, el actor Jorge Zabaleta llegó de mochilero. Tenía 17, en el pueblo no había luz, solo un local tenía refrigerador a gas y la gente se peleaba sus bebidas apenas tibias. Treinta y tantos años después, el pueblo es otro, con un hormigueo de razas caminando por calle Caracoles, infinitas ofertas de trekking y tours , almacenes, artesanías y buenos restoranes... Pero Zabaleta, absolutamente enamorado del lugar desde esa primera vez que lo visitó, sigue conectado con su esencia.

-Es mágico, con gente ruda, amante de la tierra. El desierto no es tirar una semilla y ya; acá todo cuesta mucho. Desde ese primer viaje tuve ganas de hacer algo, puros sueños en esa época.

Como él mismo dice, "en la vida se fueron dando las cosas y llegué a comprar este lugar maravilloso", ubicado al final de la calle principal, en terrenos de una antigua huerta atacameña, con frutales, pequeñas melgas de cultivo, y riego tendido. Perfecto para levantar un hotel donde la gente "pueda aprender cómo se vive en el desierto; donde se respetan la mínima planta y la gota de agua; un lugar que no peca de sofisticación, que se enorgullece de su simpleza".

Buscó la construcción menos invasiva para preservar aquello que lo había cautivado. "La vegetación es un milagro; quise seguir regando como antes y por eso construimos palafitos que se comunican por pasarelas. Cuando dan el agua, cada 10 días, se inunda todo".

La principal recolectora de hierbas de Toconao, Patricia Pérez -que las transforma en infusión, condimento o tinte-, se encarga del paisajismo: pequeños sectores de maíz y alfalfa, hierbas aromáticas y frutales centenarios como membrillos, granados, higueras, incluso parras, y de compartir los conocimientos agrícolas que le dejó su abuela.

Cuando el hotel está lleno, son 24 pasajeros repartidos en los 12 turis, nombre de las habitaciones redondas inspiradas en la aldea de Tulor. En una primera etapa, Zabaleta trabajó con el arquitecto Fredy Holzer, quien le ayudó a ordenar lo que el actor tenía en mente. Cuando Holzer partió a Nueva York, lo reemplazó Katherine Rahal. La arquitecta, en paralelo, trabajó la ambientación junto con la decoradora Francisca Allende, mujer de Jorge Zabaleta. Pero, en general, dice él, "no hay nada que no sea mío en Desértica; estuve muy cerca del proyecto, porque yo no quería mandar a hacer un hotel. Quería mi hotel".

Puso preocupación en techos de brea y colores amigables. En usar paneles solares para no gastar más energía que cualquier casa del pueblo. Y cuando necesitó de elementos foráneos, lo pagaron con paciencia.

-Aquí las maderas son escasas y no funcionan bien, porque las fluctuaciones de temperatura pueden ser de 25 ºC en un día, y eso las deshidrata, las seca y se quiebran. Las que trajimos las tuvimos que dejar harto tiempo al aire para que se secaran y tomaran su forma.

Las termas de Puritama inspiraron la piscina, que construyeron de piedra con el agua cayendo como de un pozón a otro. Arriba es solo un espejo; abajo redujeron los litros necesarios con volúmenes para sentarse como en una terma.

-No he seguido ningún patrón en este hotel, solo respetar el lugar y trabajar con gente de acá, que es la que más enseña. Esto no es Cancún; son tierras sagradas donde somos visita.

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