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Libro rescata olvidadas fotografías de la danza en nuestro país

lunes, 28 de enero de 2019

Romina de la Sotta Donoso
Cultura
El Mercurio

El musicólogo José Manuel Izquierdo reconstruye la gran heterogeneidad que exhibió este espectáculo hasta consolidarse, en el volumen "Memoria visual de la danza en Chile. 1850-1966". También se asoma a sus más grandes misterios.



Ya había publicado grandes volúmenes sobre el órgano de la Catedral de Santiago y la historia de la orquesta en nuestro país. Pero la temática que José Manuel Izquierdo König (1985) -director del Doctorado en Artes en la UC- aborda ahora, en su tercer libro, es muy distinta.

El musicólogo acaba de lanzar "Memoria visual de la danza en Chile. 1850-1966" (130 páginas), que contó con financiamiento de un Fondart (descarga gratuita y distribución en Centrodae.cl).

La génesis del volumen estuvo en los cuatro años que Izquierdo trabajó en el Centro DAE, el archivo de artes escénicas del Municipal de Santiago, antes de doctorarse en Cambridge. Un acervo que define como "prácticamente inabarcable", pues reúne más de 40 mil fotografías y 4 mil programas de mano, numerosos registros sonoros y audiovisuales, recortes de prensa, y una gran biblioteca. Archivo que se constituyó sobre colecciones personales que fueron donadas, e "incluye muchísimos documentos no sólo de la danza en el Municipal, sino en Chile y fuera del país".

Como el acervo es muy heterogéneo, apunta, "decidimos hacer una curatoría de imágenes que abren preguntas puesto que muestran cosas inesperadas". Ese equipo lo integraron Isidora Cruz y Loreto Góngora, encargada actual y anterior del Centro DAE; Andrés Grumann, académico UC, y el fotógrafo Patricio Melo, quienes colaboraron también con artículos.

"Esta no es una historia de la danza, sino el punto de partida para entusiasmar a la gente a que investigue estos materiales tan singulares que hemos seleccionado", aclara Izquierdo.

Figuras olvidadas

"Memoria visual de la danza en Chile" parte en 1850 porque ese año llegó a Chile la primera compañía extranjera, y cierra en 1966 porque es cuando se retiran Octavio Cintolesi y Ernst Uthoff de la dirección del Ballet de Arte Moderno y del Ballet Nacional Chileno, respectivamente.

"Las imágenes reflejan una gran cantidad de cosas que ocurren antes de que la danza se consolide como un arte. Había una diversidad gigantesca; en el Municipal, por ejemplo, había circo y acrobacias en los espectáculos de danza", dice Izquierdo. Por un lado, detalla, "se combinaban un exotismo muy fuerte, con danzas árabes o griegas, donde se representan escenas de tipo clásicas, con túnicas griegas, estatuas y pantomimas". Por el otro lado, "había intentos por hacer propuestas más creativas y coreografías locales".

Entre los episodios dancísticos olvidados que rescata se cuentan dos casos singulares hoy olvidados pero con relevancia fundacional.

Primero está Jan Kaweski, discípulo de Ana Pavlova que vino con la estrella rusa y se quedó en Chile para fundar su propia compañía en 1921. "Se sabe muy poco de él, pero hay dos álbumes con sus propios recortes personales. Viene de la tradición de los Ballets Rusos de París, había trabajado como bailarín con esa compañía e incluso estrenó 'Till Eulenspiegel' de Nijinsky en Nueva York. Él trae esa escuela exótica francesa a Chile y la pone de moda por dos décadas", comenta Izquierdo. Y aclara que su aporte fue grande, porque con las temporadas estables que mantuvo, Kaweski instaló la noción de la danza como un espectáculo, y generó un público.

El otro caso singular es del primer conjunto de danza residente del Municipal: el Ballet Clásico Nacional Chileno, que fundaron Vadim y Nina Sulima. "Se sabe muy poco de ellos. Eran de Rusia, y muy de la escuela soviética. Traen el ballet clásico de la escuela rusa, y esa técnica, y también la idea de que la danza hay que llevarla al pueblo, entonces hacen las primeras coreografías con temas locales y actúan en poblaciones, en espacios no habituales", detalla el musicólogo.

No menor es el misterio que rodea a la fundadora de este archivo: Claire H. de Robilant. Su colección personal la donó en 1965 al Municipal, pero desde que se va de Chile, en 1973, no se sabe más de ella. "He tratado de rastrearla por años; sin éxito. Ella dejó una cantidad enorme de material; y casi todas las fotografías son copias que ella misma hizo. Anotó muchas cosas de su puño y letra, e hizo cronologías; realmente estaba armando una historia de la danza en Chile. Es una figura clave y no ha sido reconocida. Al final este archivo le debe mucho a las personas que lo han cuidado, especialmente a Hilda Soto y Benjamín Cabieses", cierra Izquierdo.

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