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"Me volví a casar con mi exmarido"

martes, 22 de enero de 2019

Por Muriel Alarcón y Catalina Claussen, Ilustración Francisco Javier Olea.
Reportaje
El Mercurio

De acuerdo con datos del Registro Civil, 3.060 chilenos, es decir, 1.530 parejas, contrajeron matrimonio por segunda vez con la misma persona entre el 2004 y 2018. Así es cómo viven su segunda oportunidad, un puñado de parejas chilenas.



-Todos los que conocen nuestra historia la encuentran increíble. Dicen que las segundas vueltas no son buenas, pero nosotros estamos muy bien como pareja y lo disfrutamos tanto, pero tanto.

Sandra Majmud (56) se refiere a su inusual historia amorosa. Cuenta que tenía cerca de 20 años cuando se casó el 3 de enero de 1983, por primera vez, con su actual marido, el empresario del rubro informático Kruguer Zepeda (60).

Se conocieron en Ovalle, donde vivían entonces. Los problemas comenzaron cuando la pareja se trasladó a Santiago. En 1988, con tres hijos pequeños, se anularon (no existía el divorcio entonces). Luego de estar separados cinco años, Sandra Majmud se reencontró con su Kruguer en 1993 y volvió a casarse con él diecinueve años después. El segundo compromiso lo celebraron en abril de 2012.

Ellos reconocen que las cosas no fueron fáciles. Que hubo mucho trabajo de parte de ambos.

-Nosotros quisimos que esta relación resultara. Para eso, borramos todo el pasado: toda la rabia y el rencor que nos teníamos -dice Sandra Majmud.

-Tuvimos que crecer y aprender de esto -agrega Kruguer Zepeda.

Volver a la vida de siempre

A comienzos de enero, el Registro Civil hizo público que entre el 7 de mayo del 2004 y el 23 de noviembre del 2018, 3.060 chilenos, es decir, 1.530 parejas, contrajeron matrimonio por segunda vez con la misma persona.

A pesar de que esta tendencia sea minoría, para Arturo Roizblatt, académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y autor del libro "Divorcio y familia: Antes, durante y después", revela que los miembros de un matrimonio cada vez más trabajan menos por hacer de ese vínculo "una experiencia de vida agradable y satisfactoria de largo aliento". Lo explica:

-Muchos se separan impulsivamente, sin haber hecho todos los intentos para mantener bien el matrimonio, ni miden los costos enormes que el divorcio conlleva.

Según el académico, como consecuencia de esto, la opción de un segundo matrimonio podría guardar relación con distintas búsquedas. A su juicio, están quienes al considerar que fue un error el divorcio, desean darse una segunda oportunidad. Además los que tienen la fantasía de reconstruir la etapa inicial y pasional del primer matrimonio.

-O quienes añoran el sentido de familia tradicional y de convivencia diaria con sus hijos. También están los que percibieron, a través de otras malas experiencias de pareja, que su matrimonio anterior podría mejorarse en esta segunda oportunidad -agrega Roizblatt.

Este último es el caso de Francisca, profesora de educación básica, quien pide reserva de identidad para contar su historia. A los 52 años, está en el proceso de divorcio de su segundo marido. La sentencia debería estar resuelta en agosto de este año. Con esto, podrá concretar su actual plan: volver a casarse con su primer marido.

Es algo que le pidió particularmente él: "volver a retomar lo que fue la vida de siempre", dice.

-Es la misma persona que conocí, pero hoy yo lo veo con otros ojos. Y aunque seguimos siendo los mismos, los dos estamos más maduros. Las personas no cambian; cambian las actitudes -cuenta Francisca.

Francisca se casó con él por primera vez a los 23, tras cuatro años de pololeo. Su matrimonio se extendió por 18 años, tiempo en el que la pareja tuvo tres hijos: hoy de 24, de 25 y de 29 años. Francisca tenía 41 años cuando se divorció y 47 cuando volvió a casarse con una segunda pareja, con la que duró tres años y medio. Francisca asegura que ya estaba distanciada de este segundo marido cuando, por un hecho fortuito, se reencontró con su exmarido, tras once años separados.

-Fue como si no hubiera pasado el tiempo. Para mí, es como reencontrarme con mis raíces. Con mi exmarido, tenemos una historia tan larga... Es la persona de toda mi vida. Y es, a la vez, el papá de mis hijos, quien mejor me conoce y yo a él -asegura.

La profesora de educación básica cree que en la primera ruptura con su primer marido, influyó la visión "desechable" que muchas veces se tiene del compromiso.

-Los 40 años son una edad muy difícil, se da una crisis muy fuerte y nosotros no la supimos llevar. Sumado a eso, también está la edad que estaban viviendo los niños. Para mí fue absolutamente un tema de inmadurez, de no saber cómo resolver los problemas. Si tuviera que volver hacia atrás, yo ahora, a mis 52 años, no me habría separado. Habría tratado de solucionar el tema por otra vía. Vale la pena jugársela.

Francisca reconoce que, al principio, no fue fácil para los hijos admitir su reencuentro, tras más de una década separados.

-Pero a lo mejor tuvimos que pasar por esto para rescatar muchas cosas pero, sobre todo, para valorarnos. Querer casarnos una vez más es una (prueba) del compromiso también. Mi segundo matrimonio no fue una buena experiencia y no lo pasé bien. Y a raíz de eso rescaté todo lo bueno que sí tenía mi primer marido. Hoy tenemos una relación de mucho cariño, amor, comprensión y compañerismo. Queremos estar juntos -asegura.

Ximena Campodónico, abogada especialista en derecho en familia, dice que al no existir un límite una vez cumplidos los requisitos legales para el divorcio, la situación, en la práctica, puede gatillar que las personas, en un acto poco reflexivo, tomen una decisión precipitada o anticipada de distanciarse.

Hay abogados que saben de casos de parejas divorciadas y vueltas a casar, para cometer un fraude a la ley o traspasar bienes. A pesar de que no le ha tocado ver esto directamente, Campodónico dice que no es un procedimiento tan simple.

-Una persona podría (recurrir a esto) para traspasarle bienes a su cónyuge, ya que entre cónyuges está prohibido, con el objetivo de eludir deudas bancarias o comerciales, por ejemplo. Pero las normas no son autónomas, sino que van correlacionadas con otras normas. Divorciarse para burlar la ley es una figura hoy en día mucho más difícil de realizar con el nuevo sistema legislativo, que lo que quizá podría haberse hecho antiguamente -dice Ximena Campodónico.

Divorciada por segunda vez de su exmarido

De acuerdo con la terapeuta de parejas y psicóloga académica de la UDP, Claudia Rodríguez, cuando ocurre una separación de pareja se pueden "apreciar" más cosas desde la distancia que en etapas más tempranas de la relación no se veían. Lo explica:

-Uno debería poder ver la situación de "estar con otro" como un proceso y también la situación de "estar separado de la pareja" como otro. De este modo, uno podría encontrar personas que están juntas pero, de verdad, no están tan juntas. O gente que está separada y no está tan separada, tampoco.

En el caso de parejas que se casan entre sí por segunda vez, la terapeuta Claudia Rodríguez cree que podrían influir tanto factores de contexto externos como internos.

-También se pueden encontrar situaciones donde una pareja a lo mejor decide separarse y antes de la madurez que otorga el tiempo de la separación, puede decidir volver, porque a lo mejor no tolera la incertidumbre de adónde los va a llevar el distanciamiento. De si va a resultar o no, de si se será más feliz con la pareja que se tenía o de si se va a encontrar otra pareja -dice la terapeuta.

Para Úrsula Peña, de 37 años, no hubo una sino varias razones para volver a casarse con su ex, después de un primer divorcio. Hoy está tramitando su segundo divorcio con la misma persona.

Úrsula Peña lo conoció en 2010 y pololeó cinco años antes de casarse. Ya tenía una hija de una relación previa, entonces de cinco años, y en 2012, nació la primera hija de ambos. El matrimonio por el civil se celebró el 17 de enero de 2015 y la ceremonia por la iglesia, el 14 de marzo del mismo año.

-Hicimos un tremendo gasto (en la celebración), prácticamente un pie para un departamento -dice Úrsula.

Pero la pareja duró junta solo unos días. Su ex se marchó de la casa a fines de ese mes. Úrsula Peña reconoce:

-Empezamos a tener problemas. Él salía con sus amigos, llegaba tarde, ya no dormía en la casa. Entonces, le dije que si seguía así, que mejor se fuera. Y se fue. Mi familia lo odiaba. "¿Para qué haber hecho una tremenda fiesta?", me decían. Nadie entendía nada. Yo estaba súper enamorada, para mí, él era todo.

En septiembre de 2015 estaban divorciados.

-Me pidió el divorcio al tiro, pero, al mismo tiempo, me seguía buscando. Nunca quiso soltarme -dice Úrsula y cuenta que en 2017, se volvió a reencontrar con él.

-Nunca perdí el cariño por él. Y aunque mi familia me decía: "Úrsula, no, ni se te ocurra, mira lo que te hizo, mira cómo te dejó", yo pensaba: "ahora tengo una oportunidad, a lo mejor ahora sí funciona, ¿por qué no intentarlo?". Mi hija chica no se daba cuenta de lo que pasaba y para mí era mejor que creciera con los dos papás juntos. Él me decía: "veámoslo, a lo mejor resulta esta vez".

Úrsula pololeó un año con su ex, antes de volver a casarse con él en enero de 2018.

-Sentía que era una persona distinta, que había aprendido de todos sus errores. Todos decían: "¿Pero para qué volver a casarse?" Y yo les decía: "¿Por qué no? Si ya estuve casada con él, ¿por qué no darse una segunda oportunidad?".

Pero su segundo matrimonio solo duró once meses. El 12 de noviembre del año pasado, Úrsula se fue de la casa.

-Él empezó a priorizar el trabajo. Llegaba tarde de trabajar en la semana y los fines de semana también. Ya no compartía con nosotros. Tenía una carga laboral muy grande. Y en vez de apoyarse en nosotros, empezó a alejarse. Ese fue su error y yo no se lo perdoné. Ya no hablábamos, solo si era de su trabajo. Le dije: "Mira tus prioridades: es tu familia o tu trabajo". Pero como (no cambió), un día le dije: "esto se acabó. Yo me voy"-dice Úrsula.

Úrsula reconoce que hoy que está lejos de su exmarido, las cosas funcionan mucho mejor. Coinciden en lo que importa: ambos quieren lo mejor para sus hijas.

-Hoy (velamos) por el bienestar de las niñas, independiente de la relación que llevemos los dos. Yo anhelaba tanto tener mi familia y entregarles eso a mis hijas, que a lo mejor eso fue lo que me llevó a casarme. Quería, contra todo, tener una familia, pero ahora me doy cuenta de que las tres, yo y mis hijas, podemos ser una familia.

"Ser más importantes nosotros"

Francisca, profesora de educación básica, cree que nunca dejó de estar enamorada de su primer marido.

-Y si bien hice mi vida, seguí adelante y no miré para atrás, mi marido siempre estuvo presente. Parte de mi entorno decía: "¿y si vuelven?", y la verdad es no se me pasaba por la mente. Solo pensaba: "qué maravilloso sería", pero a la vez imposible. Y se dio, yo diría que de forma impensable. Hoy nos preguntamos qué hicimos todos esos años que no estuvimos juntos "¿Qué nos pasó?", nos preguntamos. Es una cosa que no logramos explicar.

Respecto de las diferencias entre la primera y la actual relación con su pareja, Francisca admite que hoy hay mucha más comunicación entre ambos. -Aprendimos las lecciones y sabemos que ante una discusión, porque toda pareja tiene conflictos, tenemos que conversar y aclarar las cosas en su minuto. Hoy, a diferencia de antes, sabemos llegar a acuerdos.

Para el empresario Kruguer Zepeda la segunda etapa con su actual mujer, Sandra Majmud, ha sido "sumamente buena".

-Sabemos lo que queremos: estar juntos -dice.

La primera vez que se anuló de su mujer, Kruguer Zepeda cree que pesó mucho la edad que ambos tenían al contraer matrimonio. Sandra tenía 19 y él 23. Sus hijos, 2 y 4 años.

La pareja se reencontró en un cumpleaños del empresario. En los años separados, nunca habían perdido el contacto. Hoy Sandra Majmud y Kruguer Zepeda dicen salir todos los sábados, juntarse con los amigos a jugar naipes, ir una vez al año a Europa y aprovechar a sus dos nietos. Sandra lo resume:

-Ya hicimos todo: ya criamos a nuestros niños, ellos ya salieron de la universidad, nos quedamos los dos solos, y decidimos disfrutar la vida. Antes de volver a juntarnos, lo conversamos mucho. Decidimos que íbamos a ser más importantes nosotros.

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