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Ridi pagliaccio, ridi

viernes, 04 de enero de 2019


Opinión
El Mercurio




Señor Director:

Después de haber presenciado el festival de fuegos artificiales que, como es tradición, celebra el cambio de año en Valparaíso, cualquiera podría afirmar que la alegría, el gozo y la satisfacción constituyen la médula de la vida porteña.

Las apariencias, sin embargo, engañan, pues debajo de esta fanfarria lo que yace es el desencanto, la tristeza, la melancolía y la desesperanza de cara al futuro. Para cumplir con la tradición que prescribe el lanzamiento de estos fuegos, Valparaíso literalmente se disfrazó. Pasada la fiesta y cumplido el rito, la dura realidad se hace presente de nuevo. ¿Cómo va a haber alegría, satisfacción y gozo en una ciudad que se hunde bajo el peso de los rayados y de la inseguridad? ¿Cómo va a haberlos cuando sus barrios más tradicionales se despueblan y sus edificaciones amenazan ruina? ¿Cómo va a haberlos cuando la ciudad se ve enfrentada a pagar la cuenta de un enfrentamiento violento entre trabajadores portuarios y la empresa concesionaria del principal terminal portuario? ¿Cómo va a haberlos cuando, como fruto de estas rencillas y peleas, Valparaíso se ha visto desplazado como punto de recalada de los cruceros que surcan nuestros mares? ¿Cómo va a haberlos si el trabajo escasea en forma permanente?

Casi 25 años de muy malos gobiernos comunales están detrás de esta situación. Tanto que, agotada la ciudad por tanta ineptitud, en la última elección municipal dio la espalda a esas coaliciones y buscó el cambio en el Frente Amplio. Pero, por lo que se aprecia, el remedio está saliendo peor que la enfermedad. De hecho, de cara a cualquier proyecto que tenga que ver con el progreso de la ciudad, el alcalde dice simplemente que no. Fue lo que sucedió con el mall proyectado para el borde costero en el sector Barón que apuntaba a proveer a la ciudad del moderno centro comercial que tanto necesita y que una martingala jurídica de última hora le impidió concretarse. Y ahora le dice no al proyecto de ampliación portuaria que significa el Terminal 2. ¿Qué propone a cambio? Pues, nada. Nada para impulsar la renovación de los barrios; nada para reemplazar al nuevo terminal portuario como fuente de trabajo y de actividad. Nada para modernizar el comercio que se despeña cada día más en el basurero del comercio callejero. De hecho, la negativa a la construcción del centro comercial en Barón ha provocado que todo el plano de Valparaíso se convierta en un verdadero mall del comercio callejero. La cuestión, parece, no era la de evitar un mall , sino la de evitar un emprendimiento privado de primera magnitud.

¿Qué propone el alcalde, por otra parte, para evitar el brutal despoblamiento que sufre el Valparaíso tradicional? La gente se va, cansada de esperar seguridad, limpieza, trabajo; en suma, de esperar una ciudad amigable...

En las noches, las luces de Valparaíso titilan y crean la sensación mágica de estar frente a un firmamento al alcance de la mano. La verdad es que, hace tiempo ya, ellas no son sino las lágrimas que arranca la impotencia para hacer frente a tanta adversidad, tanto desatino y tanta frivolidad. Como en el circo, según lo recuerda la ópera "I Pagliacci", cuando el artista debe disfrazarse y hacer pasar un momento alegre al público, a pesar de que las más tristes amarguras lo corroen por dentro: Ridi pagliaccio, ridi ...

Gonzalo Ibáñez S.M.


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