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Ambigüedad económica y sus efectos en el emprendimiento

martes, 04 de diciembre de 2018

Economía y Negocios Online


Claudio Bonilla. Ph.D. y profesor titular de la Universidad de Chile

Uno de los resultados fundamentales en el estudio de la economía del emprendimiento es la relación entre la actitud frente al riesgo y las ganas de emprender (Kihlstrom and Laffont, 1979). Efectivamente, cuando un individuo tiene baja aversión al riesgo es más probable que decida emprender. Por el contrario, individuos con alta aversión al riesgo preferirán permanecer como empleados.

El resultado clásico anterior está siendo estudiado últimamente a través de métodos experimentales, resultando ser información muy interesante, en especial para nuestros hacedores de políticas públicas, quienes buscan fomentar el emprendimiento y la innovación en nuestro país.

Examinemos con más detalle dos importantes conclusiones obtenidas recientemente por esta literatura. La primera dice relación con que cuando se comparan emprendedores con empleados, sorprendentemente ambos grupos obtienen niveles de aversión al riesgo muy parecidos. Sin embargo, los emprendedores tienen una más alta aversión a la ambigüedad que los empleados (Paraschiv y Shyti, 2016).

¿Cuál es la diferencia entre riesgo y ambigüedad? El riesgo se expresa a través del conocimiento que tenemos de la distribución de los posibles resultados de una lotería –emprender por ejemplo–, pero no sabemos a ciencia cierta en qué estado de la naturaleza estaremos en el futuro. Por el contrario, el término ambigüedad no solo desconoce en qué estado de la naturaleza estaremos en el futuro, sino que además no nos proporciona información sobre cuál es la distribución de probabilidades a la que nos enfrentaremos. Por lo tanto, el riesgo es inherente a emprender. La ambigüedad, sin embargo, está condicionada a la probabilidad de que las reglas del juego cambien; es decir, todo escenario que dificulte realizar una correcta evaluación del riesgo. Podríamos decir que es un riesgo sobre otro riesgo, que se conecta intuitivamente con un cierto nivel de inestabilidad institucional. En este caso, podría ser la regulación o las condiciones macro.

¿Cuál es la lección entonces para los hacedores de política pública que quieren fomentar el emprendimiento y la innovación? La respuesta es muy simple: se debe proveer estabilidad política, económica y regulatoria, consensuando políticas públicas y no partir refundando todo ante un cambio de gobierno. Esto parece ser una de las claves para fomentar el emprendimiento.

La segunda conclusión que provee la literatura experimental es que, a diferencia de los empleados y ejecutivos, los emprendedores tienen una alta aversión a las pérdidas (Koudstaal et al., 2016). Por esta razón, si bien es cierto que para las agencias de desarrollo es más fácil tercerizar, aportar cuasi-capital o derechamente otorgar una línea de crédito para el desarrollo de proyectos, sería aconsejable que en la confección de programas públicos que fomenten el emprendimiento, las instituciones como CORFO, por ejemplo, desarrollen programas en los que co-inviertan en proyectos innovadores junto al emprendedor. De esa forma, es posible compartir los riesgos y acotar la pérdida máxima que pueden sufrir los emprendedores.

Considerando la aversión a las pérdidas que los emprendedores muestran, parece una alternativa razonable explorar que este organismo se transforme en socio de los emprendedores, respecto del capital de las empresas y así acotarle las posibles pérdidas que los emprendedores puedan llegar a tener.

Si tomamos en cuenta lo que nos indica la evidencia científica, existe una alta probabilidad de que se fomente un mayor número de emprendimientos con proyecciones de largo plazo y que aporten al sistema productivo del país.

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