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Adelanto libro "Conversaciones con María Teresa Ruiz":

Las revelaciones de la astrónoma más reconocida de Chile

martes, 27 de noviembre de 2018

Por Paula Escobar Chavarría.
Entrevista
El Mercurio

En largas conversaciones con la periodista Paula Escobar, la premiada astrónoma María Teresa Ruiz recorrió su historia personal, su vocación académica y los obstáculos que debió superar durante su carrera. El resultado: un libro intimista del que aquí adelantamos un extracto.



S in quererlo ni proponérselo, María Teresa Ruiz, la primera astrónoma graduada en la Universidad de Chile, la primera doctora en astrofísica por la Universidad de Princeton y la primera mujer que preside la Academia Chilena de Ciencias y Premio Nacional de Ciencias Exactas en 1997, dice que se ha convertido en una "niña símbolo" de la astronomía en Chile, en su cruzada por difundir, más allá de las fronteras académicas, el insondable y apasionante mundo de la astronomía a niños y jóvenes, pero también en seminarios y encuentros internacionales. Aun así, nuestra astrónoma más reconocida tiene una manera diferente de ser "estrella". Durante un año, en intensas y largas sesiones, sin cuestionarios previos ni temas vedados nos reunimos para examinar su historia, la de ella, pero también la de la astronomía en Chile.

En este libro están los momentos llenos de afectos, de triunfos, que son los más; los hallazgos científicos, la emoción durante las noches de observación en los grandes telescopios chilenos y mundiales, y cómo movió la frontera del conocimiento con sus investigaciones; el impacto de su trabajo, los honores, los viajes y los premios; el cariño que ha dado y recibido; su historia familiar y la explosión de alegría que ha significado la llegada de los nietos. Pero, además, hablamos de aquellos momentos sombríos, de los que poco o nada había dicho hasta ahora, como la enfermedad a la vista que la afecta hoy y de la que habla en el siguiente extracto.

Extracto del capítulo 10

"Al principio me daba mucho pudor ser puesta como «ejemplo», pero me he dado cuenta de que es importante que una astrónoma pueda ser vista como una mujer normal, como alguien que tiene familia, que tiene una vida completa, en fin, que es un modelo alcanzable. Lo que más me apasiona es hablar a los niños, transmitirles que la ciencia es algo entretenido, divertido. Les digo a los chiquillos: «Ustedes están empezando un camino. Yo estoy en la última parte y no me arrepiento ni un minuto de lo que hice, y me encanta lo que hago. Soy feliz», y si uno puede dejar en ellos una huella, es muy importante. Los libros que he escrito para niños son, lejos, lo que más satisfacción me ha dado.

"Además, a inicios de octubre de 2018, Disney lanzó la campaña «Sueña en grande, princesa», donde aparezco en un cortometraje debido a que Javiera Hernández, cuando tenía dieciséis años, se inspiró en mi trayectoria y decidió ser astrónoma. Hace unos meses ella envió su testimonio a un concurso de Disney y de la ONU, y fue seleccionado, de modo que el equipo de Disney vino a filmar su historia. Javiera hoy tiene veinte años y es estudiante de segundo año de astronomía en la Universidad de Chile. Estoy muy orgullosa y feliz de haber servido de ejemplo para esta joven en proceso de convertirse, sin duda, en una gran científica".

-Hablemos de tu salud. En los últimos años has tenido problemas complicados a la vista.

-Exacto. Yo siempre pensaba que un día iba a dejar de trabajar en la universidad y me iba a dedicar a mis otros talentos, que son la artesanía, el arte, tejer y bordar. Me encanta hacer cosas con las manos. Pero es cada día más difícil.

-¿Qué fue lo que ocurrió?

-Hace cuatro años perdí la visión de un ojo, a causa de una degeneración macular. Una cosa rara, porque no tengo ningún antecedente familiar, aunque no puedo saberlo a ciencia cierta, porque toda mi familia ha muerto joven, y quizás iban a pasar por lo mismo y nunca supimos.

-¿Y pasó de un día para otro?

-Sí. Yo creo que cerca de seis meses antes de que me hicieran el diagnóstico comencé a constatar que veía mal. Iba al oculista, me analizaban y me decían que no tenía nada, y me cambiaban los anteojos apenas, o me los dejaban igual. Pero un verano estaba en mi casa en la playa, bordando, y recuerdo que estábamos construyendo unas defensas para una terraza que hay en el segundo piso. Cuando bordo rostros, son muy importantes los tonos, y yo miraba la lana, pero no podía distinguir bien los colores. Abría y cerraba la ventana para tener más luz, y nada. Me empecé a desesperar, pues no distinguía los matices de los colores. Ese fue el primer signo de que algo malo me pasaba en la vista. Sin embargo, no lo tomé tanto en cuenta y seguí bordando como siempre.

-¿Cuál fue la siguiente alerta de que tenías problemas de visión?

-Recuerdo que de repente miré uno de los palos que estaban instalando en la construcción de la casa, y dije: "Oh, está chueco este palo. Voy a tener que ir a decirle a esta gente a cargo del trabajo que está malo esto". Cuando bajé, lo miré y estaba derecho. Entonces, me di cuenta de que las cosas que estaban en posición vertical las veía chuecas. Y si movía un poco la vista, esa ondulación cambiaba. Una de las cosas un poco más divertidas que por entonces me ocurrían es que, al peinarme en la mañana, encontraba que, en el lado del ojo malo, tenía como hundido el pelo, así que me lo tiraba, me hacía una especie de brushing para que quedara derecho, pero lo soltaba y seguía hundido. Ahí me di cuenta de que tenía un defecto en la vista y me devolví a Santiago inmediatamente para ser examinada por un oculista.

-¿Y cuál fue su diagnóstico?

-Me dijo: "La óptica de su ojo está perfecta. El problema es el fondo, el detector, la mácula". Y esta última se encuentra en el centro de la retina y es la que tiene los pixeles más pequeños, que te dan la alta resolución para leer, para bordar... Entonces quedé con un 60 por ciento de visión en la mácula del ojo izquierdo y, en menos de un mes, bajó a 5 por ciento. Hoy día es cero. Esto pasa a causa de unas pequeñas venas que revientan la mácula, lo cual forma una cicatriz al interior del ojo.

-¿Qué tratamiento te hicieron?

-Te ponen unas inyecciones, las cuales hacen que esas venas se sequen. Pero en mi caso esto no resultó muy bien. Se produjo otra cicatriz y entonces perdí la visión central de ese ojo.

-¿Cómo te lo tomaste?

-Al principio fue muy aterrador, porque hasta entonces todavía veía con ese ojo. Entonces, la realidad se me aparecía deformada. Era terrible. No podía manejar. Cuando se murió ese ojo, quedé con la visión del otro, y también mantuve la visión periférica, ya que esa no se pierde. Me costó acostumbrarme a leer con un solo ojo.

-¿Ese daño a la vista no se puede revertir?

-No hay cómo revertirlo, y lo único que se puede hacer es tratar de que avance lo más lento posible.

-¿Te ha limitado mucho?

-Es que sin vista uno no puede hacer nada. Por ejemplo, estaba comentándole a Fernando (Lund, su marido) hace unos días que el fin de semana iba a cocinar algo y después le dije que me dio lata. Y ahora iba a cocinar de nuevo y sentí lo mismo. Y me di cuenta de que no es lata, es rechazo, porque me dan miedo los cuchillos. Porque cuando tú no puedes calcular las distancias ni ver bien, cortarte un dedo no cuesta nada. Así es que te empiezas a limitar. Ya no manejo. Mi hermana me lleva para allá y para acá, lo mismo Fernando. O pido un taxi, Uber, lo que haya. Porque, a pesar de que tengo carnet de conductor, prefiero no conducir. El riesgo de atropellar a alguien me produce pánico.

-¿Cómo has vivido internamente eso?

-Una se deprime, se enoja o lo que sea, pero después pienso: ¡qué más vas a hacer! Es lo que me tocó. Hay cosas peores. Al principio, por ejemplo, no me atrevía a viajar sola, pero este año, en marzo, tenía un directorio en Pasadena. Y fui sola.

-¿Y qué tal estuvo ese viaje?

-Inauguré mi bastón con ruedas, como le digo. Nunca había llevado equipaje de mano, me cargaba, pero descubrí esas maletas pequeñas con ruedas que van al lado tuyo. Te sirven de seguridad y también de bastón.

-¿Tienes miedo de caerte, de tener un accidente?

-El problema es que si hay una pequeña diferencia de altura, es peor, porque los grandes escalones uno los tiende a ver. Pero esos así, chiquititos, puede que no los veas. Entonces, la maleta la llevo adelante y me avisa cuando hay un cambio de altura. Además, fue fantástico, porque llegué bien a Estados Unidos, pero de vuelta el avión no salió y tuve que esperar en un lugar horrible hasta que, a quienes esperábamos, nos enviaron a un hotel por la noche. En el grupo había una señora argentina que fue a visitar a su hija y a conocer a su nieta. La señora no hablaba inglés y yo la veía angustiada. Me dijo: «Es que yo no he estado nunca en un hotel», yo le respondí que había estado demasiadas veces. Y esta señora en un momento se cayó con su equipaje, y al ayudarla se me olvidó mi propia dificultad. Se me olvidó que no veía bien.

-En Alemania te confirmaron el diagnóstico, entiendo. Y puede ser que tu ojo bueno siga siendo bueno hasta el final.

-Sí, pero bueno no está.

-Pero existe la posibilidad de que sigas viendo.

-Claro. Aunque no hay ninguna manera de prever eso.

-¿Y qué reflexión te ha provocado eso a ti, esa situación de incertidumbre?

-Uno tiene que buscar nuevas opciones. Cuando se cierran algunos caminos, hay que encontrar otros. Yo siempre digo: "Quizás lo voy a pasar mejor si encuentro algo que hacer, que sea entretenido y que no involucre la visión". Porque yo leo y escribo, aunque no sé hasta cuándo lo haré. Y cada vez que me llegan legajos de documentos, es como una pesadilla, porque me cuesta mucho. La gente, de forma amorosa, cree que escribirte un documento con la letra más grande ayuda, pero la verdad es que con el ojo como lo tengo ahora puede que parte de las letras caigan en el sector muerto de la retina. En ese caso, no veo la letra y se enreda todo.

-Has dicho que quieres dejar de hacer algunas cosas por este problema. Que querías elegir bien lo que ibas a ver de ahora en adelante. ¿Va a ser así?

-No lo sé. Uno siempre se propone cosas y en algunas oportunidades estas no resultan. Para mí, la obligación principal que uno tiene en la vida es ser feliz, y haciendo felices a los que te rodean, no a costa de ellos. Y si empiezo a amargarme mucho por las responsabilidades que tengo y por la incapacidad que surge, a lo mejor, para leer, ahí voy a tomar una decisión más drástica. Pero bueno, por ahora me las estoy batiendo. Trato de que esto no me impida hacer ninguna cosa. A lo mejor me pongo a bordar cosas abstractas, nada que sea muy detallado, algo que pueda guiar con las manos y no con la vista. Hay mucha gente que tiene pésima visión -incluso peor que la mía-, pero la han tenido desde niños. Entonces, han tenido toda una vida para desarrollar la capacidad de adaptarse. A esta edad, uno es menos adaptable.

-Tu libro "Hijos de las estrellas" ha sido leído por miles de personas, lo que revela un interés masivo por la astronomía.

-Sí, se ha leído mucho incluso fuera de Chile. Ahora, de hecho, se va a lanzar en Turquía. Supe, además, que se va a transformar en audiolibro. Me parece maravilloso que quienes no lo puedan leer lo puedan escuchar. Y bueno, el amor e interés por la astronomía ha mostrado ser bastante amplio, lo que me enorgullece. Que se pueda sentir eso, que todos somos hijos de las estrellas, saber que estos cuerpos tan lejanos y fascinantes de alguna manera viven en nosotros.

-También es un momento relevante para la astronomía nacional.

-Hoy nos encontramos ante un big bang de la astronomía en Chile. Esto se percibe no solo por el número de estudiantes que quieren convertirse en astrónomos, muchas de ellas mujeres, sino también cuando algún familiar me cuenta, emocionado, que su niño o niña quieren estudiar astronomía.

En la actualidad, el país cuenta con más de diez departamentos de astronomía en distintas universidades y más de cien astrónomos se encuentran investigando en distintas instituciones a nivel nacional, junto a una cifra similar de estudiantes de doctorado y posdoctorado que se encuentran realizando investigaciones en el área y que provienen de todas partes del mundo. Es por lo anterior que somos reconocidos como líderes en astronomía a nivel mundial. Para mí, esto es muy emocionante.

"Los cielos chilenos son parte de nuestra imagen país, y tanto las ciencias y tecnologías asociadas como la computación, todo lo relacionado con grandes bases de datos -entre ellas la ingeniería asociada a instrumentación astronómica-, están produciendo externalidades que son positivas para el país. A fines de septiembre, en la página editorial de El Mercurio se hizo referencia al potencial de la astronomía para el desarrollo de Chile, y termina con la siguiente reflexión: 'El país tiene en la astronomía una potente e inesperada palanca de progreso'. ¡Por fin!".

-Qué diferente realidad a la que viviste al partir fuera de Chile, cuando fuiste una pionera.

-Miro hacia atrás y no puedo menos que sentirme orgullosa al observar el camino recorrido. Pensar que, a pesar de los obstáculos, y gracias a la ayuda de muchas personas, la astronomía es y será parte de nuestra identidad nacional. Me siento afortunada por haber participado en esta historia que tiene un final feliz, y que se complementa, además, con la felicidad que me produce haber dedicado una vida a interrogar el universo desde mi hogar en la Tierra, como astrónoma chilena".

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