Fondos Mutuos
Varios de los punteros que jugaron en la década del 70 y parte de los 80 coinciden en que el lateral más bravo del fútbol chileno era el "Indio" Navarro, o el "Hacha", como se le conocía al histórico marcador de punta de Green Cross. Óscar Florencio tiene hoy 70 años y se ríe de su estigma de futbolista feroz. "Navarro tenía una fama de vehemente bien ganada, pero no era mal intencionado. Era violento a veces y lesionó a algunos, pero en esa época el reglamento era más permisivo", contextualiza Patricio Yáñez, extremo referencial de aquellos años. "Fui compañero de Óscar y hay mucho de mito en su mala fama. Lindo no era, pero no estamos hablando de un tronco ni de un bruto; yo rescato lo buen jugador que era, gran tipo, aunque cuando se enojaba era bravo, con sus medias siempre abajo, muy fiero. Lo que es verdad es que los delanteros rifaban su camiseta cuando tenían que ir a Temuco", dice Roberto Hernández, extécnico de Colo Colo que compartió con Navarro en U. Católica y O'Higgins. El exarquero de Temuco y actual concejal Marcelo León quiere postular al protagonista de este artículo para hijo ilustre de la ciudad sureña. "Aunque nació en Puerto Montt, se quedó para siempre en La Araucanía y marcó una época", justifica. "Algo de verdad tiene mi fama, pero no tanto tampoco", dice Navarro, un tipo afable, tras terminar su jornada de trabajo en Temuco. "Me decían de varias formas: 'Hacha Brava', por el argentino Rubén Marino Navarro; ese sí era un muralla. El 'Indio' era como despectivo; mientras que para algunos hinchas era el 'Doctor', por una serie de la época. ¡Opere, doctor, opere!, me gritaban, y yo atendía, je. Pero algo de bueno tenía, porque mis compañeros me querían mucho", recuerda. -¿Es cierto que afilaba sus estoperoles? "Nooo, esa es una mentira. Sí me gustaban los estoperoles largos, y si había que jugar con lluvia, mejor. Me mandaba hacer los zapatos, un pie número 38 y otro 39, yo marcaba la punta izquierda, pero era diestro, la zurda la tenía para no caerme". -¿Su fama de marcador violento no es gratuita? "Debe ser porque en Puerto Montt, desde chico, jugué con mayores. A los 14 años ya jugaba en Primera y tenía que sobrevivir. En Temuco tenía un lema: nadie pasa por arriba de un compañero, y los defendía a muerte. Se jugaba de otra manera. Al tercer partido me dieron un codazo a mansalva en Antofagasta que me reventó la boca. El árbitro me dijo 'esto es para hombres'". Navarro habla de las leyes no escritas. "Antes era muy difícil que te amonestaran en los primeros minutos. Me tocó enfrentar a punteros buenísimos: Pedro Araya, "Pollo" Neumann, Caszely, 'Mané' Ponce. Sabe, nunca escupí, ni pegué un puñetazo ni insulté a un rival. Puede que futbolísticamente haya sido violento, porque antes uno se deslizaba y con un pie sacaba la pelota y con el otro te llevabas al rival, eso no se cobraba (...) Ahora cambió, cobran fuerza desmedida, ¿qué es eso?". -¿Habría podido jugar con el reglamento actual? "Mmmm, uno se adapta a la época. Incluso creo que hubiera sido mejor jugador, porque anticipaba muy bien y tenía buen rechazo aéreo". El "Hacha" conserva muchas heridas de guerra. "Tengo como 70 puntos. Llevo una cicatriz grande de una fractura de cráneo: salté a cabecear contra tres y al caer no sentí las piernas. Fue en un amistoso a beneficio. La pasé mal. En ese tiempo había que ir con todo: la recaudación se jugaba en la cancha, aunque cobrábamos tarde mal y nunca". "También me tocó perder", advierte. "Una vez con 'Chicomito' (Guillermo) Martínez, quedé con una herida grande, pero la peor fue con Luis Araneda, ante Audax. Me quedó todo colgando (se toca el gemelo de la pierna derecha); esa fue mala leche, porque en un duelo anterior tuve un encontrón con el arquero de ellos, (Miguel Ángel) Laino, y seguramente me 'encargó'. Cuando me pega, él levanta las manos haciendo una seña de vengado". "Me expulsaron como nueve veces en 16 años", observa, intentando demostrar su inocencia. "Me tienen anotado que fracturé a (Javier) Santibáñez, un lateral livianito, pero ese día ni me expulsaron y me dieron solo dos fechas. Tengo que haber trabado fuerte, pero nada más. Fue en el borde de la cancha del Nacional, donde había cemento, quizás fue ahí. Pero de insultar nunca, la boca duele, ahora todos se tapan la boca y se hablan, no lo entiendo". -¿Cómo lo pasó en Católica? ¿Era bicho raro ahí? "Estuve como seis meses, en Segunda. Don Luis Vera me llevó. Un maestro, pero me ponía como ejemplo en los entrenamientos. Me gritaba: 'Dele Navarro, demuéstreles a estos pijes' y yo, dele. Terminé desgarrado por primera vez en mi vida, no aguanté más y pedí volver a Temuco. Tomé el bus, y al bajarme, ya no me dolía nada". -¿Mira fútbol hoy? "Poco, veo los resultados, se habla tanta estupidez. ¿Un lateral izquierdo? (Jean) Beausejour me gusta mucho, culturalmente es superior y se nota". Hoy vive feliz, recalca. Goza de hijos profesionales y dos nietos. "Es lo máximo que tengo", dice. "No sé si me temían los rivales, pero más de alguno se bajaba del bus antes de llegar a Temuco", lanza al despedirse. Y sonríe.