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El Presidente de EE.UU., Donald Trump, llegó ayer a California para inspeccionar la devastación que ha causado la serie de incendios forestales que afectan al norte del estado y que hasta ayer habían dejado 76 muertos y casi 1.300 personas desaparecidas. "Parece que hay muchas más personas desaparecidas de las que cualquiera se habría imaginado", dijo Trump a periodistas al salir de la Casa Blanca con rumbo a California. "Quiero estar con los bomberos", añadió, a quienes aplaudió su "extraordinaria valentía". Los cuerpos especializados en incendios forestales han logrado controlar parcialmente el fuego. El mandatario arribó a la base militar Beale, al sur del pueblo de Paradise, muy cerca del lugar donde el 8 de noviembre comenzó "Camp Fire", el incendio más letal en la historia californiana y el más mortal en un siglo en EE.UU. A su llegada, Trump fue recibido por el gobernador, Jerry Brown, y el gobernador electo, Gavin Newsom, ambos demócratas. Pese a haber acusado días atrás a Brown por "mala gestión" forestal, Trump dejó atrás las críticas al destacar la necesidad de que el gobierno federal y el californiano trabajen "unidos" en las tareas de reconstrucción y el auxilio a las víctimas. El republicano recorrió junto a Brown, Newsom y otras autoridades la localidad de Chico, donde vieron plantaciones, casas y autos totalmente quemados. Posteriormente, el convoy presidencial se dirigió a Paradise, hogar de unas 27.000 personas que fue consumido por las llamas. "Es triste de ver", dijo Trump. El "Camp Fire" ha arrasado más de 59.000 hectáreas y se ha transformado también en el incendio más destructivo de la historia del estado. Tras visitar la zona, se esperaba que Trump se dirigiera al sur de California para recorrer el área afectada por otro gran incendio, el "Woolsey Fire", cerca de Los Angeles.