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Presidente de empresas Carozzi desmenuza la coyuntura

Gonzalo Bofill dispara contra el etiquetado y emplaza: "Que el Ministerio de Salud asuma que no se están logrando los resultados esperados"

domingo, 18 de noviembre de 2018

Constanza Capdevila de la Cerda.
Economía y Negocios Domingo
El Mercurio

Con datos de la FAO, advierte que en el mismo período de vigencia de la normativa, la obesidad ha empeorado en Chile, y urge por cambios. "La calidad de la política pública y su reglamento son un fracaso", señala. En exclusiva, habla de los planes de Empresas Carozzi y analiza la situación empresarial.



"¡Qué gusto de verlo, don Gonzalo!", saluda cariñosa una mujer vestida completamente de blanco y que trabaja en uno de los empaques de galletas. Así como ella, son varios los trabajadores de la planta de Empresas Carozzi, en Nos, los que abrazan a Gonzalo Bofill, mientras el empresario recorre las modernas instalaciones de la compañía que preside hace once años y en la que es director desde 1980.

Entre pastas, tortillas mexicanas, galletas, dulces y un centro de distribución que parece sacado de una película futurista -con más de 50 robots desplegados-, Bofill conversa en exclusiva con "El Mercurio".

"Jamás me vendría a Santiago. Mis raíces, mi orgullo, mi legado, todo está allá", explica cuando le preguntan por qué decidió hacer su vida y su carrera en la Quinta Región. Es tanto su cariño por la zona, que además es presidente de Fundación P!ensa, un think tank que trabaja por la descentralización y el desarrollo regional, y a la que dedica parte importante de su tiempo.

En marzo, Empresas Carozzi cumplió 120 años de vida. Todo partió en Valparaíso en 1898 y tras más de un siglo de vida, Carozzi pasó de fabricar pastas a una completa diversificación y hoy es una empresa de consumo masivo, con ventas anuales por US$ 1.200 millones. "Estamos en 17 categorías; exportamos a 50 países de los cinco continentes, dentro de los que se destacan Estados Unidos, Japón y Brasil", cuenta orgulloso el empresario.

Hincha acérrimo del Colo Colo, padre de seis hijos, e igual cantidad de nietos, su otra pasión -además de Carozzi y el fútbol- es el golf. Los domingos se lo puede ver en el Club Granadilla en Viña del Mar jugando junto a amigos de la zona.

"Esta ley incentiva los formatos más grandes, el mayor gramaje. Es un error"

Prácticamente toda su vida ha estado ligada -personal y profesionalmente- a Carozzi, compañía que -cuenta- tiene planes de seguir creciendo incluso inorgánicamente (ver recuadro), a pesar de que en los últimos años la industria de alimentos en Chile ha enfrentado cambios vertiginosos. Uno de los más agresivos, a juicio de Bofill, ha sido la nueva regulación, tras la puesta en marcha, en junio de 2016, de la Ley de Etiquetado. La normativa obligó a poner sellos de advertencia "Alto en" cuando un producto sobrepasa cierta cantidad de contenido en grasa, azúcares, calorías y sodio.

Sin preámbulos, el empresario dispara contra tal normativa, señalando que ha sido un "fracaso", y alerta sobre la urgencia de cambiar el sistema. ¿En qué se basa para tal lapidario diagnóstico? Los datos que arrojó el último informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que el 15 de octubre situó a Chile en el segundo lugar entre los países de la OCDE con mayor índice de obesidad.

"La ley tenía el gran objetivo de combatir la obesidad, pero su mala implementación, debido a un mal reglamento, demuestra que está lejos de mejorarla. ¿Qué mejor indicador externo que el último informe de la FAO? Este señala que, desde que se implementó la ley, Chile saltó del octavo al segundo lugar entre los países de la OCDE con mayor tasa de obesidad. Es un indicador objetivo que la obesidad sigue aumentando y los consumos no se han alterado", alerta.

Bofill habla con propiedad, porque ha estado vinculado a esta normativa desde su origen. Y también, porque lo invitaron a participar como vicepresidente en uno de los capítulos del B20, que contó con la participación de más de 70 países. En la instancia tuvo una activa participación en temas de obesidad, desnutrición y comercio internacional.

El empresario explica que el sistema actual se limita solo a decir "Alto en" y no educa. Adicionalmente, regula por 100 gramos y no por porciones. "La gente come cantidades en porciones; no come 100 gramos de mantequilla y tampoco se toma 100 ml de bebidas; por lo tanto, este reglamento favorece los formatos más grandes, de mayor gramaje. Y ese es un error cuando uno lo que pretende es reducir los indicadores de sobrepeso y obesidad", aclara.

-Los defensores de la reglamentación dicen que es un sistema simple.

"Alaban la simplicidad, pero esto ha sido una sobresimplificación, con lo cual se termina desinformando. Lo primero y más importante es reducir las porciones, y en segundo lugar, reformular y educar. Nuestra ley tiene impactos muy graves; por ejemplo, no aplica a más del 70% de la dieta del chileno, que está fuera de la regulación. No aplica a la comida rápida, que es lo que más está creciendo".

-A su juicio, ¿cuál es el mejor sistema?

"Uno por porciones, que entregue más información para poder comparar y decidir, un sistema que eduque. Nuestra propuesta no es eliminar el etiquetado, sino perfeccionarlo. Sugerimos que el sello contenga la cantidad de nutrientes críticos: azúcar, sodio, grasas y calorías; y el porcentaje que representa de lo que la OMS recomienda como ingesta diaria. Eso nos permitiría comparar y tomar mejores decisiones, además de corregir la grave distorsión que representa el criterio de los 100 gramos o 100 ml. No es lo mismo un litro de leche que un litro de bebida".

"No me extraña el resultado de la FAO. Es el fiel reflejo de lo que anticipamos que iba a ocurrir. El tema de la obesidad es concreto y real, y lo que queremos es que la política pública sea efectiva y no que tengamos un sistema lleno de imperfecciones, como el nuestro".

-¿Las personas están preparadas para procesar más información en los sellos?

"No subestimemos la inteligencia de las personas, solo estamos hablando de agregar al logo un número que le permita comparar directa y fácilmente con otro producto similar".

"Además, tiene que haber cambios de estilos de vida, y eso significa educar en los colegios".

-La Organización Panamericana de la Salud apoya el sistema de etiquetados chileno porque, además, incluye restricciones a la publicidad y prohibición de alimentos "alto" en colegios.

"El mejorar el sistema actual de etiquetado no implica que se eliminen las prohibiciones a los alimentos 'altos' en los colegios o que no se restrinja la publicidad para menores. Lo importante es que el sistema funcione y que logre resultados".

-¿Por qué terminamos con una legislación de estas características?

"Durante 10 años estuvimos trabajando con la autoridad, con la academia e industria, y todos alineados en una regulación que apuntaba a la ingesta diaria recomendada, que es el sistema europeo. Pero de la noche a la mañana se borró con el codo todo lo que se había trabajado y se impuso este sistema. Espero que el Ministerio de Salud asuma que no se están logrando los resultados esperados: lo que tenemos actualmente no está funcionando, y hay mejores experiencias en otras partes del mundo, y nuestro sistema requiere de ajustes importantes".

-¿Cómo reacciona frente a las declaraciones del ministro de Salud, Emilio Santelices, defendiendo la normativa "digna de exportar"?

"El ministro Santelices ha tenido unos meses complicados y ha debido enfrentar otros problemas. Espero que ahora tenga tiempo para hacer una evaluación objetiva de lo que ha pasado en estos dos años de implementación de la ley. Que revise la información y se comprometa a mejorar esta política pública. No es posible que consideremos solo las percepciones como herramienta de evaluación de la ley. Los datos de consumo señalan que las fuentes de obesidad no están siendo atacadas. El informe de la FAO es lapidario en este sentido: ha sido un fracaso".

-¿Qué posibilidades hay de que se resuelva el tema antes de que termine este gobierno?

"Hacerlo solo depende del ministro de Salud, porque se trata de un reglamento y no de una ley. La evidencia está a la vista: los resultados no han sido los esperados".

-¿Por qué Carozzi está dando esta pelea contra la regulación en forma tan solitaria?

"Porque con este reglamento el problema de la obesidad va a seguir agravándose y finalmente se van a buscar responsables. Le aseguro que si se da el escenario que pensamos, nadie va a decir que se equivocó y que el reglamento no era el correcto, sino que van a culpar a las empresas de alimentos como la nuestra, y no queremos poner en riesgo nuestro prestigio, que hemos construido durante 120 años".

"No tenemos por qué asumir la responsabilidad de una mala política pública. Nosotros queremos seguir siendo una empresa respetada, por eso defendemos con todo nuestro prestigio, y no vamos a aceptar que estigmaticen a las empresas de alimentos, como ha pretendido hacerlo más de alguien. No estamos solos, pero sí lamentablemente a algunos les ha favorecido la ley, y se han quedado callados".

-¿A quién le favorece esta ley?

"En general, a las empresas cuyas porciones de consumo son mayores a los 100 gramos o 100 ml; lo cual va en el sentido contrario de lo que debiera ser. Porque para reducir los indicadores de sobrepeso hay que disminuir las porciones. Y también todos aquellos que se han quedado fuera del reglamento, como la comida rápida y las comidas preparadas. Cuando se promete que se va a reducir la obesidad y solamente se regula el 30% de la dieta, que es lo que representan los productos envasados, es imposible lograr resultados. Es una promesa incumplible, es un engaño".

-¿Cómo le ha afectado a Carozzi esta ley en términos económicos?

"La ley de etiquetados no ha tenido impacto económico en Carozzi. Todos los mercados se han recuperado a niveles superiores a los previos a su entrada en vigencia. Carozzi ha seguido creciendo y le ha ido bien, lo que nos da la autoridad moral para enfrentar esta pelea, cuyo único objetivo es mejorar una política pública que resuelva definitivamente el problema de la obesidad. En la industria de alimentos estamos todos de acuerdo con el objetivo de una ley que ayude a combatirla, y solo pedimos que se haga bien".

-Pero las exportaciones de Carozzi registraron caídas importantes, lo que demuestra que ahí sí hubo un efecto negativo.

"En las exportaciones sí nos afectó: perdimos el 40%. Y este tema no solo está afectando a Carozzi, sino al comercio internacional en general. Tal es así que fue uno de los temas ampliamente tratados en el capítulo de comercio internacional del B20. La proliferación de sistemas de etiquetado en el mundo es muy amplia y se ha transformado en una importante barrera paraarancelaria. La recomendación específica en este punto es encargar a un organismo internacional y reconocido en el tema alimentario, como es el Codex Alimentarius, que elabore un sistema de etiquetado frontal y basado en evidencia científica, para que sea utilizado en forma universal".

-¿Ha planteado su opinión frente a las autoridades?

"Sí, en todos los ámbitos. La gran mayoría, en privado, reconoce que nuestro planteamiento es un aporte, pero nadie es capaz de decirlo públicamente. Eso es lo decepcionante. ¿Quién está realmente preocupado de resolver este problema? No da la impresión de que se le asigne la prioridad que se merece".

"El ministro Santelicesha tenido unos meses complicados y ha debido enfrentar otros problemas. Espero que ahora tenga tiempo para hacer una evaluación objetiva de lo que ha pasado en estos dos años de implementación de la ley, que revise la información y se comprometa a mejorar esta política pública. No es posible que consideremos solo las percepciones como herramienta de evaluación de la ley".

"El tema de la obesidad es concreto y real, y lo que queremos es que la política pública sea efectiva y no que tengamos un sistema lleno de imperfecciones, como el nuestro".

"Tenemos que ser muy duros con la empresa que se equivoca, porque el prestigio se pierde una sola vez en la vida".

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