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Defender la realización de una protesta contra el gobierno venezolano en 2016, le costó a Bénédict de Cerjat la expulsión del país sudamericano como encargado de negocios de la embajada suiza. Y hoy, como secretario de Estado adjunto para América del gobierno helvético, reafirma esa postura al asegurar que la reconocida neutralidad de su país no se aplica cuando se trata de proteger los derechos humanos o de luchar contra la corrupción. "El problema de la corrupción en algunos países del Cono Sur los ha llevado a crisis políticas", comentó en entrevista con "El Mercurio", De Cerjat, quien estuvo esta semana en Santiago para celebrar los 100 años de relaciones bilaterales. Desde su cargo en el gobierno De Cerjat supervisa las relaciones entre Berna y América Latina, una región en donde Suiza ha estado implicada en asuntos que van desde mediaciones en conflictos -como en el caso Colombiano- hasta en escándalos que involucran el uso de cuentas en bancos suizos. Pero los intereses de Suiza -un país de 8 millones de habitantes que pese a su central ubicación en el Viejo Continente no pertenece a la Unión Europea (UE)- en América Latina son mucho más amplios. En Chile, por ejemplo, el país es el décimo inversionista y sus empresas generan 30.000 empleos. De Cerjat comenta que debido a la estabilidad política y económica de Chile y las posibilidades de exportar y proyectarse en la región lo hacen un lugar atractivo y de bajo riesgo: "Un ejemplo interesante que es el hecho de que Nestlé tiene su centro de investigaciones para toda América Latina en Chile". -Según el Global Innovation Index 2018, Suiza es el país más propicio para la innovación. Chile es el mejor en Latinoamérica. ¿Qué hace que Suiza tenga estas capacidades para favorecer la innovación? "Yo creo que nuestros gobiernos y nuestras empresas han identificado la necesidad para nuestro país, que no tiene muchos recursos naturales, de que siempre tengamos que estar en la vanguardia de la innovación. La mayoría de las inversiones viene del sector privado, pero el Estado también ha tomado decisiones visionarias estratégicas y ha puesto un esfuerzo muy fuerte en las escuelas politécnicas que dan frutos". -¿Cuáles son los intereses de Suiza en la región? "Tenemos interés en paz y seguridad, condiciones necesarias para la prosperidad, y la prosperidad es una condición previa para ser socios económicos exitosos. Eso significa cuestiones básicas, pero también valores: gobiernos que respetan reglas, el derecho internacional, el Estado de Derecho, que haya criterios claros de lucha contra la corrupción. Entiendo que acá en Chile muchos de esos criterios están logrados. No es ese el caso en todos los países de la región. Por parte de Suiza, en el caso de Brasil en concreto, y en los escándalos de Lava-Jato y Odebrecht, es por cierto en parte gracias a la cooperación de la justicia suiza, que estos escándalos se han podido identificar". -En esos casos siempre está implicada alguna cuenta de un banco suizo. ¿Qué medidas ha tomado y tomará Suiza para facilitar estas investigaciones? "Desde hace décadas hemos tomado medidas, primero medidas propias del sector financiero, de autorregulación, pero también legislativas para controlar los flujos ilícitos de dinero. Primero vino la lucha contra el dinero de los 'potentados'. El dinero que sacaron jefes de Estado, ministros, de los flujos estatales, por ejemplo de (los expresidentes de Filipinas, Ferdinand) Marcos y (de Haití, Jean-Claude) Duvalier. Esto ya casi no es posible por controles obligatorios. Segundo vino la lucha contra el lavado de dinero de narcos, etcétera. Eso también ha tenido mucho éxito. Lo que sí queda es el dinero que sale de la corrupción, y el dinero de la evasión fiscal. Y eso, naturalmente, nos ha obligado en un contexto de crisis financiera, donde cada Estado tiene que poner su casa en orden, a aceptar cambiar profundamente el sistema bancario suizo. Estamos en la última fase de implementación un cambio total de paradigma del sistema. En concreto, hoy los bancos suizos no aceptan más dinero que no sea declarado tributariamente, y que no sea fiscalizado. Eso es un cambio mayor". -Hay otro asunto de la región en el que ha actuado su país. ¿Por qué Suiza impuso sanciones a Venezuela? "Esta medida contra algunos funcionarios del gobierno de Venezuela son consecuencias de un análisis de la situación de derechos humanos, de falta de democracia, de falta de respeto al Estado de Derecho, que hizo la UE (...). Nosotros compartimos absolutamente ese análisis sobre Venezuela y por eso el gobierno suizo tomó medidas de manera paralelas (al bloque comunitario). Hubo un primer paquete a inicios de 2018. La segunda lista de medidas son sanciones que impiden a representantes del régimen de entrar en el territorio y tener cuentas bancarias suizas. Yo no diría que estas sanciones tienen un impacto enorme, porque son para unas 15 personas. Son más simbólicas, para dar una señal". -Suiza tiene la imagen de un país que no se mete en los conflictos... "Eso no es meterse en un conflicto, es reflexionar una situación de violación evidente de Derechos Humanos y de reglas democráticas en un país dado. Este comentario que usted hace me hace pensar en algunas reflexiones de los países de ALBA que nos dijeron 'cómo puede ser que un país neutral que siempre ha sido amigo de todos, siga medidas de la Unión Europea'. Y yo digo que no hay neutralidad en la lucha contra el terrorismo, no hay neutralidad en la lucha contra la corrupción, no hay neutralidad en la promoción de los derechos humanos. Esa es la respuesta". -Suiza es observador de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú). ¿Qué oportunidades ve en el bloque? "Hay dos mecanismos de integración u organismos regionales donde tratamos de ser observadores activos. Primero, la OEA y sus entes como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Y con la Alianza del Pacífico, hemos hecho propuestas desde hace dos o tres años, para proponer tres temas de cooperación y hemos recibido una buena acogida: formación profesional, innovación y un tema un poco más específico y técnico que es la gestión del agua". -Suiza es un país mediterráneo, sin salida al mar, pero de todas formas es competitivo. ¿Es relevante tener salida al mar? "En algunas situaciones en la historia, sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial, donde había problemas de abastecimiento, por estar enclavados entre dos países del eje, fue un problema. Pero hemos encontrado soluciones pragmáticas que nos han permitido utilizar, por ejemplo, el puerto de Génova (Italia) para permitir llevar alimentos desde ahí hacia Suiza". ''En Suiza estamos en la última fase de implementación de un cambio de paradigma. En concreto, hoy los bancos suizos no aceptan más dinero que no sea declarado tributariamente".