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Gran medallero

sábado, 10 de noviembre de 2018

Beatriz Montero Ward. Fotografías, José Luis Rissetti.
Coleccionistas
El Mercurio

Fue el arte que hay detrás de cada medalla conmemorativa lo que motivó a Jorge Plantat a iniciar esta extensa colección, dedicada solo a piezas chilenas y francesas. Hace poco, a ella sumó condecoraciones.



L a numismática, en general, ha sido un tema que siempre le ha llamado la atención a Jorge Plantat. Recién egresado del colegio Alianza Francesa y con su medalla conmemorativa de exalumno en la mano, hecha en bronce por el medallista galo René Thenot, comenzó a coleccionar monedas chilenas. Recuerda que entonces, mientras estudiaba Construcción Civil en la PUC, acudía con frecuencia a los remates que organizaba la casa de subasta de Carlos Schmidt, especializada en filatelia y numismática, y también a negocios dedicados a estas materias, y que le llamaba la atención el hecho de que nadie cotizaba las medallas, ya fueran conmemorativas, de recuerdo o premio. "Iban quedando guardadas en los cajones", dice.

Bastó que notara esa falta de interés para que pusiera sus ojos en ellas. "Me encanté con el arte que había detrás de cada pieza y descubrí que en las medallas la libertad en materia de relieves permite obras muy interesantes. Además, la variedad de ellas es enorme", dice en el escritorio de su casa, el lugar donde guarda su extensa colección, clasificada y ordenada de manera impecable en álbumes especiales.

A raíz de que la única medalla que entonces tenía era la de Thenot, comenzó a buscar solo piezas hechas por este reconocido grabador medallista que llegó a Chile en 1937, contratado por el gobierno para desempeñarse en nuestra Casa de Moneda. "Me atrevo a decir que llegué a formar la más importante colección de él que hay en Chile", dice Plantat. Incluye, por ejemplo, la serie completa de plaquetas de grandes animales que hizo durante su estadía en África a fines de los años 20, que fue editada por la Casa de Moneda de París y con la cual obtuvo medalla de oro en la Exposición Internacional de Artes y Técnicas de 1937.

En los años 80, el tema lo amplió a piezas realizadas por la Casa de Moneda de Chile, y en los 90, a la medallística nacional en general. "A partir del 2000 comienzo a sumar a la colección medallas francesas, pero solo correspondientes a la época del art nouveau , y desde 2010 en adelante, a incluir la rama de la falerística o condecoraciones", explica.

Además de los grabadores franceses que llegaron a Chile entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX, Plantat reconoce el trabajo de algunos connacionales. De Guillermo Córdova, por ejemplo, rescata la fuerza de sus composiciones; de Francisco Orellana, el rigor en el dibujo; de Pedro Urzúa, su capacidad para realizar detalles arquitectónicos, y de Santiago Urzúa, su destreza para componer diseños con relatos muy claros.

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