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"¡No están en la línea!" El 18 de octubre pasado, pocos minutos antes de que comenzara una pauta de prensa del presidente de la Democracia Cristiana, Fuad Chahin junto a rectores de colegios emblemáticos para referirse al proyecto de Aula Segura, quienes trabajaban en algunas de las oficinas del Centro Democracia Comunidad (CDC), fueron testigos de una fuerte discusión. ¡"No están en la línea"!, levantó la voz el timonel. Lo escuchaba la vicepresidenta de la mujer, Camila Avilés, quien días antes había participado de una iniciativa con otras dirigentas del Partido Socialista, del Partido Radical y del PPD. También estaba ahí Manuel Gallardo, presidente de las Juventudes de la DC, que también se vio emplazado por tomar contacto con sus pares de la ex Nueva Mayoría. Ese mismo día, Chahin le habría señalado a un grupo reservado que, de no darse un cambio en el escenario actual que vive el partido, podría evaluar incluso dejar su cargo. Las rencillas internas no terminan y las disputas por el poder interno cada día ganan más terreno en la colectividad. La DC no ha logrado salir de la crisis que dejó la debacle electoral sufrida el 2017, tras las elecciones presidenciales y parlamentarias. La entonces abanderada Carolina Goic alcanzó apenas un 5,9% de los votos, quedando en quinto lugar en la primera vuelta, y la colectividad logró solo tres senadores y 14 diputados, el resultado más bajo en la historia de la DC desde su fundación, en 1958. A los pocos meses, figuras históricas como Mariana Aylwin, Gutenberg Martínez y Soledad Alvear renunciaron a su militancia, impulsando un éxodo masivo de otros militantes. A casi un año de estos traumáticos episodios, las cosas en la DC, dicen algunos de sus dirigentes, "van de mal en peor". No solo por la gestión de la directiva, sino también por las diferentes posturas en la bancada de diputados en materia valórica, la autonomía que existe entre los senadores y las distintas posturas para definir con quién y en qué momento la DC debe aliarse con otras colectividades. Los errores no forzados de Chahin El 27 de mayo de este año, con el 63,42% de los votos, Fuad Chahin se convertía en el nuevo presidente de la DC. Contaba con el respaldo de históricos, destacaba su buena relación con la bancada de diputados y anunciaba un plan de shock para sacar a su partido de una de sus peores crisis. Las primeras semanas estaba logrando su objetivo, pero no duró mucho tiempo. Su primer traspié lo sufrió a un mes de su ascenso, cuando se mostró contrario al aborto libre y señaló que "la DC no iba a ser cómplice de su legalización". Una jugada que no le rentó políticamente y que dejó en evidencia las diferencias entre conservadores y liberales. Sin embargo, el mayor problema vino después. El 28 de agosto, y para sorpresa de varios dirigentes, Chahin junto a su par del PR, Carlos Maldonado, daban a conocer su decisión de no invitar al Partido Comunista al acto conjunto para conmemorar los 30 años del triunfo del No. "No es casualidad el que hayamos invitado solo a esos partidos, porque nosotros creemos que es importante ser muy claros respecto de la historia y quienes realmente creyeron que era posible recuperar la democracia con un lápiz y un papel", dijo. Las alarmas se encendieron en el Parlamento y, para muchos, ese episodio es considerado como un "punto de inflexión" en la relación de la directiva liderada por Chahin con las bancadas de la Cámara y el Senado. El presidente de la DC en todo caso no era el único con esta postura. Aún existe un sector importante de la colectividad que mira con temor un nuevo acercamiento con los comunistas, precisamente por la manera en cómo fue la relación de la DC con el PC, mientras ambos formaban parte de la Nueva Mayoría. Lo que criticaron fue la manera en cómo se dio a conocer la postura de la DC, porque no se había dialogado anteriormente, incluso, con alguno de los vicepresidentes del partido. Luego vino la negativa del exparlamentario para coordinarse con algunos de los partidos de la ex Nueva Mayoría, lo que terminó por romper las relaciones con alguno de sus dirigentes, principalmente de la llamada "disidencia". "A la mesa le corresponde actuar con esa unidad de la centroizquierda que demandan las bases DC", señaló en "El Mercurio" la senadora Yasna Provoste, mientras que Francisco Huenchumilla envió como mensaje a la directiva que "la mesa debía ponderar que la DC se ha ido quedando en solitario". Las declaraciones además le abrieron otro flanco, con su sector: "los colorines". La expresidenta de partido, Myriam Verdugo dejó de conversar con el ex diputado por la "segregación" de la DC al PC y porque en la conformación de las comisiones que impulsa la mesa -Previsión, Medioambiente, Educación, Transparencia y Probidad, Seguridad, Descentralización y Salud- no se habría tomado en cuenta a ningún experto de base, sino que se privilegió a los senadores y diputados. Chahin comenzaba a perder el control de la situación. Quienes conocen al ex parlamentario dicen que él es un buen dirigente, pero que le "falta humildad" y que debería evitar el discurso confrontacional y abrirse a discutir temas con los que él no se siente representado. "Fuad Chahin tiene que sacarse el traje de diputado y ponerse el de presidente. Necesitamos un liderazgo dispuesto a dialogar", señala el diputado DC, Raúl Soto, quien además agrega que "acá lo que falta es una conducción más clara y una coordinación interna con las bancadas de diputados y senadores, por parte de la mesa. Hemos tenido varios episodios de descoordinación evidente, lo que ha hecho que no estemos suficientemente unidos". Rebeldía parlamentaria "Es una batalla que perdimos", dice un histórico cercano a Fuad Chahin cuando se le pregunta por la relación de la directiva con los senadores. A excepción de una parlamentaria, Carolina Goic. La excandidata presidencial había tomado distancia de Chahin hace algunos meses, al sentirse poco reconocida por la mesa. Como contraofensiva la directiva decidió poner a la senadora a la cabeza de la comisión previsional de la DC, tomando un rol preponderante en la discusión del nuevo proyecto de ley que impulsa el Gobierno. De esta manera, se vio a Goic el lunes dando un punto de prensa en el ex Congreso, en compañía de Chahin, para abrirse a la posibilidad de llegar a un acuerdo con el Ejecutivo. No salió como se esperaba. En otra de las salas y solo minutos antes, Raúl Soto, en compañía de los parlamentarios de oposición que forman parte de la comisión de Trabajo, criticaban duramente la iniciativa, dejando muy poco espacio para llegar a un entendimiento. Lo mismo hizo el jefe de comité de senadores, Jorge Pizarro, en un contacto con un canal de TV -también en el ex Congreso- que criticó parte del contenido del proyecto de La Moneda. No es la primera vez que queda en evidencia esta poca coordinación. Solo la semana pasada se dio otro episodio cuando Provoste criticaba duramente el proyecto de Aula Segura del Gobierno, mientras que Chahin se reunía con los rectores en una posición opuesta y, en paralelo, Pizarro buscaba un acuerdo con el Ejecutivo y con otros parlamentarios de oposición, sin diálogo alguno con la mesa. Y es que los senadores también tienen diferencias significativas entre ellos, pero, como ellos mismos afirman, "hay respeto y tratan de llevar una buena coordinación". En los diputados también existen estas diferencias. El martes de la semana pasada llegó hasta el comedor de la DC de la Cámara, la vicepresidenta Carmen Frei junto al secretario general, David Morales quienes hicieron un llamado de "unidad" al interior de la DC. Fuad Chahin se encontraba por esos días fuera del país. "Sabemos que no vamos a ganar solos", les dijo Morales a los diputados, reconociendo que pudo haber habido una "mala interpretación" respecto a futuras alianzas. En su momento, Chahin fue cercano a la mayoría de quienes integran hoy la bancada tras ser dos períodos diputado, hasta que perdió el año pasado la senatorial con Huenchumilla. Actualmente, esa relación se ha ido debilitando con algunos, pero no con Gabriel Silber, quien se ha desempeñado como un "aliado" de la mesa, algo positivo para el timonel tomando en cuenta que el diputado asumirá a futuro como presidente de la Cámara. La directiva de la DC sabe que los diputados tienen su propia agenda y así ha quedado demostrado en una serie de proyectos de ley que han presentado, muchos de ellos en coordinación con los partidos de la ex Nueva Mayoría e incluso con el Frente Amplio, a diferencia de la posición que ha tomado la directiva. Por ejemplo, hace algunas semanas se presentó la moción de reforma constitucional para limitar el plazo que tiene la cámara revisora para aprobar un proyecto de ley -impulsada por el jefe de bancada DC Matías Walker- que fue respaldada por cinco diputados de su partido, pero también por el comunista Hugo Gutiérrez, la frenteamplista Natalia Castillo y el socialista Marcelo Díaz. A ello se suman las constantes bilaterales impulsadas por Walker con las bancadas del Partido Radical y del PPD, además de un diálogo fluido con los socialistas y comunistas. El panorama se complica aún más para Chahin con las "dos almas" que conviven en la bancada. Mientras por un lado está Miguel Ángel Calisto con Jorge Sabag -del ala conservadora- que defienden la idea de seguir un "camino propio", por otro lado están los partidarios de una alianza con el resto de la izquierda como Víctor Torres, Gabriel Ascencio y Soto. Nuevamente, la poca coordinación se hace presente en la DC. La prueba de fuego Genaro Arriagada -histórico cercano a Chahin- será el primer orador del consejo ampliado que tendrá mañana la DC. No es el único que ha estado atento al curso que está tomando la DC. El ex ministro de la Secretaría General de la Presidencia ha tenido encuentros con el ex Presidente Eduardo Frei, el ex senador Andrés Zaldívar, el exministro de Hacienda Alejandro Foxley y el exministro del Interior, Belisario Velasco. También ha sostenido diálogos, en otras reuniones, en los que ha estado el exministro del Interior, Jorge Burgos, el constitucionalista Jorge Correa Sutil y el exintendente Claudio Orrego. Quienes han participado de estas citas explican que están "preocupados" por la actual situación del partido y discuten la estrategia que debería tener la directiva para lograr la "unidad" en la colectividad. Probablemente sea este el mensaje que Arriagada buscará transmitir mañana cuando se encuentre con los parlamentarios, expresidentes del partido DC, los miembros del consejo nacional y la mesa en pleno. Huenchumilla anunció que no participará. La mesa tratará de bajarle el perfil a las diferencias y dará a conocer sus desafíos a corto y largo plazo. También insistirá en la idea de llevar 300 candidatos jóvenes para las próximas municipales, descartará que dentro de sus objetivos esté la de seguir un "camino propio", y dará a conocer los resultados de las comisiones internas que impulsa la directiva. "La DC tanto su mesa como la bancada de diputados y senadores están trabajando temas para entregar propuestas con mesas específicas, asesorando múltiples tareas y temáticas. Es muy importante la coordinación y estamos haciendo un gran esfuerzo para ello", dice la vicepresidenta Joanna Pérez. Otros, en tanto, son un poco más críticos y piden un escenario de mayor diálogo entre los distintos estamentos de la colectividad. "La DC requiere de un esfuerzo unitario tremendo. No solo en lo interno, sino que también con los otros partidos", afirma el vicepresidente, Humberto Burotto. Independiente de las distintas posturas, hay coincidencia en el partido de que el consejo ampliado será la "prueba de fuego" de Chahin para aunar posturas en torno a lo que ya muchos califican como un "caos" en la Democracia Cristiana. Un caos que en vez de ir en descenso, cada día toma más fuerza.