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Poeta, investigador y periodista Publica "Derecho a fuga" y "Wurlitzer"

Jorge Montealegre, el incesante ilustrado

domingo, 04 de noviembre de 2018

María Teresa Cárdenas M.
Revista de Libros
El Mercurio

Un acucioso ensayo sobre creatividad y resiliencia en la prisión política y un "álbum" de poemas que nombran a cantantes o grupos musicales son sus más recientes trabajos de investigación, a los que se suman Cuenta regresiva , una antología de sus poemas escritos entre 1978 y 2010, Varazones y naufragios , su nuevo poemario, y una reedición de Huesos .



"Yo siempre estoy juntando monitos", dice, y es como si se riera con sus ojos café oscuro, que se achican y brillan. En su escritorio abarrotado de libros, revistas y recortes, con estanterías que llegan hasta el techo, Jorge Montealegre (Santiago, 1954) parece haber cumplido el sueño de ese niño "que soñaba con ser un náufrago/ y recibir una caja llena de historietas". Esta es su isla, en la que se afana en llenar vacíos de la memoria colectiva que otros no advierten. Así lo ha hecho con sus valiosas investigaciones acerca de la historia del cómic, dando forma a libros como Von Pilsener, primer personaje de la historieta chilena ; Coré, el tesoro que creíamos perdido , o Apariciones y desapariciones de Luis Jiménez . Todos ellos publicados por Asterión, la editorial de su mujer, la escritora Pía Barros.

De la misma editorial, aunque de perfiles muy distintos, son sus libros más recientes: el ensayo Derecho a fuga. Una extraña felicidad compartida ; la recopilación Wurlitzer. Cantantes en la memoria de la poesía chilena y el poemario Varazones y naufragios , publicado en 2017, tal como Cuenta regresiva (Lom), una antología de poemas escritos entre 1978 y 2010. Y hay más: Huesos , recién reeditado por Rumbos.

"Álbum" y no antología

"Los libros van saliendo juntos porque son procesos largos", explica. Y cuenta que Wurlitzer , por ejemplo, en el que recopila poemas de autores chilenos donde se nombran cantantes o grupos musicales, es un proyecto que tiene 30 años. "Era una selección para el último número de la revista La Castaña (1982-1987), que nunca se publicó. Yo seguí haciendo este álbum y hace como 20 años apareció una edición que no me gustó y en realidad la secuestré", confiesa.

Como lo hará varias veces durante esta conversación, se levanta para tomar un ejemplar que dé fe de sus palabras. Otras veces, solo indica hacia el lugar donde se encuentra el libro mencionado. En su isla "Da lo mismo el norte y el sur/ da lo mismo/ cuántos sean los puntos cardinales". Sabe dónde está cada cosa. Y eso es lo importante.

Para armar este "álbum" -y no antología, aclara-, Jorge Montealegre siguió buscando, "como quien junta monitos". Y se encontró con muchas sorpresas. "Para mí era una alegría cuando encontraba alguna, porque además me desprejuicié. Leí mucha poesía y a poetas que a lo mejor no los habría leído si no hubiera estado buscando. Los leí con muy buena voluntad, esperando encontrar un cantante y que ojalá ese poema fuera bueno. Yo no estaba pidiendo homenajes, sino que este nombre de cantante o de grupo fuera parte de la atmósfera del poema. Es el ambiente, la época, la cotidianidad".

El resultado fue un libro de 350 páginas, 170 poetas y más de 180 cantantes o grupos mencionados, que será presentado este jueves, a las 20:00 horas, en la Feria Internacional del Libro , en la Estación Mapocho. La edición anterior empezaba con Neruda; en esta, incluye un poema de Gabriela Mistral a Cristina Soro y de Juan Florit a Violeta Parra. "El libro se amplió a poetas mayores, en edad, y más jóvenes -explica-: el último nació en el año 90".

En el estudio introductorio, Montealegre explica los criterios de este "álbum de poetas y cantantes", lo que se complementa, emotivamente, con un prólogo del reconocido locutor radial Miguel Davagnino. El cierre, en tanto, estuvo a cargo de la cantante Palmenia Pizarro y el periodista David Ponce".

-Hay un criterio de calidad -precisa-, pero no hay un prurito de excelencia, porque yo no creo mucho en ese criterio y también por una cuestión de justicia. Aquí, junto a los grandes poetas, también hay colegas que nunca van a estar en una antología porque su libro era muy precario o porque no pertenecen a un cierto canon o porque son de provincia o porque son muy jóvenes o porque son muy viejos. Pero no hay ningún poema en el libro que sea desechable por su calidad".

La poesía, su "fuga"

Poeta, periodista e investigador, Jorge Montealegre puede pasar de la escritura de un ensayo o un artículo académico a la trascripción de sus poemas -que escribe mientras viaja en micro- o a la revisión de sus revistas. "Yo no sé descansar -afirma, divertido-, no sé tomar vacaciones, no sé viajar, me pongo inquieto cuando no estoy haciendo algo. Además, tengo un archivo en el que siempre estoy cachureando. Ahora hago clases en el Departamento de Historia de la Universidad de Santiago y estamos iniciando un Observatorio Chileno de Gestión Cultural, pero el año pasado estuve de 'incesante' ilustrado. Creo que buena parte de los libros los he hecho porque he tenido largos periodos de cesantía".

Para él, los libros "se van haciendo solos; como por acumulación". Pero enfatiza en que tienen "exigencias distintas". Continuación de una tesis doctoral, que publicó con el título de Memorias eclipsadas (2013), Derecho a fuga es una investigación rigurosa. "Ahí ya estoy en el mundo académico -explica-, con todas las exigencias que este tiene y con una cierta pretensión de aportar al estudio de la memoria, de abrir campos que son complicados".

En 1973, Jorge Montealegre fue detenido y llevado a la Escuela Militar, luego al Estadio Nacional y finalmente al campo de prisioneros Chacabuco. Ante los apremios y maltratos, su "fuga" fue la poesía.

-Nunca había escrito y, torpe yo, se me quebró un Cristo que estaba tallando. Entonces comencé a escribir sobre las cosas que me rodeaban: las casas, las puertas y el choquero, un tarro que era común a todos, lo que me significó un premio en un concurso interno de los presos políticos. Me hice "famoso" en el campo y una vez se me acercó un obrero y me dijo casi al oído: "compañerito, siga escribiendo para que cuente lo que nos ha pasado". Fue como si me hubiese dado una misión.

Como él, otros prisioneros de Chacabuco y de los numerosos centros de reclusión política, recurrieron a distintas expresiones artísticas y, lo más interesante, crearon una realidad colectiva en la que combinaron la solidaridad y la contención con la fantasía, el juego e incluso el humor. Ganaron así un "derecho a fuga" mientras permanecían encerrados. En algunos centros incluso tuvieron un Consejo de Ancianos y un alcalde de la prisión elegido entre ellos.

-La experiencia de haber sido un detenido, me ha dado, entre comillas, un fuero para meterme en temas como el humor, que a lo mejor a una persona sin esa experiencia, la comunidad de víctimas no se lo habría permitido. Hay un atrevimiento ahí, pero también una apuesta teórica, de conceptualizar algunas situaciones. Está la memoria del horror, claro, pero esta es la memoria de la sobrevivencia, que humaniza el porqué quienes vivieron esa experiencia pudieron salir vivos o no locos o menos locos. La memoria es un rompecabezas, cada uno va poniendo una pieza.

Admite, sin embargo, que se necesita tiempo para armarlo.

-En la política respecto de los derechos humanos, hay un medio que te va determinando las prioridades. En el primer momento ni siquiera se sabía que había desaparecidos, entonces tú pedías por los que estaban presos, para que salieran. Después los desaparecidos pasan a ser una prioridad en términos de ocupar los escenarios de la solidaridad, era la urgencia. De repente yo contaba que empecé a escribir poesía en Chacabuco, y me decían "sí, compañero, pero eso no lo es principal, lo prioritario". Por eso el libro anterior se llama Memorias eclipsadas , una le va dando sombra a la otra, y en la medida que hay algunas urgencias que van desapareciendo, por ejemplo, situaciones que están absolutamente acreditadas por el informe Rettig o por el informe Valech, deja de ser una prioridad la denuncia. Ahora estamos en un momento no de la denuncia, sino de la reflexión.

Y lo ve en la evolución de lo que él mismo ha escrito. "El año 74 publiqué en Roma un librito en que se cuentan varias de estas cosas ( Chacabuco )". Es decir, está el testimonio de denuncia; después el testimonio más reflexivo, como en Frazadas del Estadio Nacional (2003): "Ahí yo me miro a mí mismo, que soy y no soy yo. Miro a ese chiquillo de 19 años en un momento en que yo podría ser su papá, en que yo ya tenía hijas de esa edad. Me desdoblo, y digo yo voy a adoptar a este joven que está solo y está contando su cuento. Voy a ayudarlo a que lo cuente mejor, a sacarlo de esa frazada en la que uno en parte sigue estando".

-"La sobrevivencia es un miedo que sobrevive", escribe en "Varazones...".

-Nadie sigue siendo la misma persona después de haber sido víctima de torturas y desarraigos, por mucho que haya tenido un buen proceso de resiliencia para enfrentar el miedo y la vergüenza instalados.

En Derecho a fuga y en Memorias eclipsadas hay una reflexión más teórica y el testimonio es polifónico; en algunos casos, una misma anécdota está contada por varias personas que la van completando. "Al lector no necesariamente le queda claro que estuve ahí. De repente uno da una pista, pero no es mi testimonio, estoy acudiendo al de otros. Así van apareciendo las memorias de lo que no se ha hablado. Y todavía hay cosas que no están. Por ejemplo, yo he estado investigando y no hay un libro sobre la homosexualidad en la prisión política. O hay estudios sobre la traición que tienen una resistencia. Están los temas 'feos', por decirlo así. Y está la vergüenza, en los dos límites: esa vergüenza que no te permite decir lo que te pasó y la vergüenza de contar que de repente lo pasaste bien porque te dio alegría haber compuesto una canción, haber dicho un chiste y que los compañeros se rieran y que eso a lo mejor salvó del suicidio a alguien. O que simplemente te moriste de la risa".

La memoria y el rescate

-¿Cómo ha sido recibido este libro entre quienes vivieron la experiencia?

-He tenido muy buenos comentarios, entre otras cosas, porque me he preocupado de contextualizar siempre las situaciones. Hay cosas que son duras, que tienen antecedentes, se pueden probar, pero hay un juego social que es muy difícil de entender si alguien no estuvo ahí. Uno de los temores que hay en la comunidad, que yo lo entiendo bien, es la mala interpretación o el mal uso de ese relato. "Ah, es que tenían piscina", bueno, nosotros le llamábamos piscina a un fondo oxidado que se llenó de agua. También teníamos una editorial, que era un compañero que hizo un libro con dos ejemplares, manuscritos, corcheteados con un pedazo de alambre que encontró por ahí botado. Se dijo en la prensa, por ejemplo, "aquí están, felices, cantando en el Estadio Nacional". Claro, había que cantar, había que escribir poesía. Esa fue nuestra victoria.

Sus temas de investigación son múltiples, y los combina con la escritura de poesía. "¿Qué lo conecta todo? -se pregunta él mismo-. Parece que la memoria, ¿ah? Y el rescate. Debe ser porque también he estado metido en la institucionalidad cultural, pero yo siempre pienso en el patrimonio. Y hay cosas que yo veo que deberían tener un interés patrimonial, que es importante preservarlas, que se conozcan, y no veo que otra gente lo haga".

Varios de los poemas de Varazones y naufragios son "in memoria": de Bárbara Délano, Aylan Kurdi, Renato Andrade, Óscar, Payo.

-Cada uno de esos nombres son símbolos que alimentan la memoria de mi generación: Bárbara, literalmente perdida en el océano; el niño sirio varado en la playa gritando el espanto de la guerra; la muerte de Nato, dibujante de "Toribio, el náufrago", que me inspiró al inicio. Y en fin, nunca se irá la tristeza por las agonías de la enfermedad de mi hermano Óscar, mi mejor amigo, y el Payo, mi compadre. La historia general y la del día a día se van metiendo en mis poemas. Siempre es así. Se mezcla lo personal y lo colectivo, lo solitario y lo solidario.

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