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Valentina Valech

martes, 06 de noviembre de 2018

Antonia Domeyko
Oficina con vista
El Mercurio

"Soy testigo de que el liderazgo vertical está quedando atrás".



1 Mi papá era emprendedor desde chico, venía de una cultura árabe, todos muy emprendedores, y fue papá súper joven, entonces siempre estuvo como creando su propio camino. En ese crear hubo éxitos y fracasos, pero siempre desde el hacer. Si terminaba un proyecto, altiro empezaba con otro. Mi mamá también fue mamá súper joven, no terminó la carrera de Arquitectura, y siempre hizo cosas muy distintas, trabajó desde en un banco hasta en un colegio, nunca tuvo miedo al hacer; y aunque se puede haber sentido poco preparada, se movía hacia adelante. En esa misma lógica, yo tiendo a moverme hacia adelante y, se puede decir, a "pedir más perdón que permiso". Mi esencia es hacer, moverse, desafiarme, y en el camino si me doy cuenta de que estoy equivocada, me reposiciono para seguir avanzando.

2 Soy exigente sobre todo en la gestión, no me gusta que no se avance en los temas ni en las ideas. Pero he aprendido que los ritmos son diferentes y que en recorridos más lentos se puede llegar al mismo valor. También que, aún cuando la gestión es importante, hay que decantar las ideas y que "hiervan" un poco.

3 La frustración la enfrento respirando, y ahora que estoy embarazada, conectándome con mi guagua y mis otros niños. De inmediato me acuerdo de que las cosas más importantes están en otro lado.

4 Creo en los liderazgos horizontales, donde jugamos con saberes transdisciplinarios, con diferentes lenguajes y sabidurías. Soy testigo de que el liderazgo vertical está quedando atrás, y que los jóvenes se muestran desde otro espacio, entendiendo que todos tienen alguna tecla que tocar en la generación de soluciones. Me ha servido mucho dar espacios de libertades y creer profundamente en el trabajo colaborativo, en "equipo de equipos". De esta manera, lograr miradas distintas que logran la generación de valor. Y esa nueva mirada es un desafío para todos.

5 Dejar los miedos e inseguridades a ser valoradas, y siempre avanzar, es fundamental para que una mujer llegue a un cargo alto. Creo que he logrado recorrer mi camino teniendo seguridad de que puedo avanzar desde mis creencias y propios sueños. Las mujeres hablamos desde otra mirada: menos competitiva, más colaboradora. Eso siempre va a ser una ventaja, sobre todo en un mundo donde el trabajo colaborativo no es una ventaja, es una necesidad. La dificultad que me ha tocado a mí es que se espera que una en ciertas posiciones hable desde el mismo lenguaje del hombre y que esa es la manera validada. Mi aprendizaje ha sido que sí se puede liderar desde un lenguaje distinto, y tener un buen liderazgo.

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