Fondos Mutuos
Alberto Barrera Tyszka (Caracas, 1960) se mueve entre los artículos de opinión y las novelas -y cuentos y guiones-; entre la mirada analítica a la crisis que tiene a casi 3 millones de venezolanos repartidos por el mundo, y la mirada íntima de sus personajes que sufren la escasez, la hiperinflación y la inseguridad en las ciudades de Venezuela bajo el gobierno de Nicolás Maduro; entre la crisis vivida a la distancia y la crisis vivida en terreno, entre Caracas y Ciudad de México. Una dualidad que traerá a Barrera Tyszka a Chile la próxima semana: el escritor venezolano, ganador del premio Anagrama por "La enfermedad" (2006), del premio Tusquets por "Patria o muerte" (2015); columnista de The New York Times y coautor de "Chávez sin uniforme", la mejor biografía de Hugo Chávez, visitará Santiago este miércoles 7 de noviembre para participar de una charla del programa Encuentros El Mercurio, y Valparaíso, invitado al Festival Puerto de Ideas. En entrevista con "El Mercurio", el escritor, que reside en Venezuela y México, comenta el éxodo venezolano, el estado de la oposición, las posibilidades de ficción que ofrece la crisis, y adelanta su próximo trabajo. Su última novela, "Patria o muerte", un relato coral sobre el cáncer y muerte de Hugo Chávez en 2013, fue publicada en 2015, en pleno madurismo. Desde entonces, Venezuela ha vivido de todo: la hiperinflación, la radicalización del régimen, la diáspora. -¿Le interesa trabajar esta etapa desde la ficción? "Yo suelo escribir sobre lo que me duele, sobre lo que me angustia, o sobre lo que no entiendo, y en ese sentido siempre es inevitable que eso que llamamos 'la realidad' invada mis libros. Aunque no lo desee, aunque intente que no ocurra, finalmente siempre aparece. Justo en estos días se publica en México mi nueva novela. Se llama 'Mujeres que matan' (Literatura Random House, será editada en Chile el próximo año). Es una historia que yo venía pensando desde hace unos años. Cuando por fin me senté a escribirla, intenté ubicarla en la Ciudad de México. A los meses y después de muchas páginas, algo estaba fallando, no podía avanzar, me sentía incómodo. Finalmente descubrí que no podía escribir desligándome de la realidad que día a día me inquieta y me mueve. Todo comenzó a fluir cuando ubiqué la novela en Venezuela". -Usted también es guionista de teleseries, ¿ve material para guiones de series o telenovelas en esos 20 años de chavismo? El primer intento televisivo, "El Comandante", sobre la vida de Hugo Chávez, fue un fracaso. "El caso de la serie 'El Comandante' es interesante. Fue un proyecto seriamente elaborado, entre otras cosas, porque la producción se cuidaba rigurosamente de una posible demanda legal. Eso los obligó a tener un apego estrecho a lo que pudiera o no demostrarse sobre el personaje, a restringir el espacio de ficción. Creo que lo otro que pasó es que tal vez no hay, en las grandes audiencias latinoamericanas, tanto interés como se cree por esto tipo de figuras. Lo mismo ha pasado con los proyectos audiovisuales sobre el Che o sobre Fidel, por ejemplo. Pero, obviamente, todo lo que ha ocurrido en Venezuela puede servir como material para series televisivas. Hemos asistido a una catástrofe lenta pero contundente, llevamos veinte años viviendo la destrucción de un país. El chavismo es un método de demolición. Es como si hubiéramos sido arrasados por una guerra. Nos invadió un ejército que desmanteló las instituciones, saqueó las riquezas y sometió a la ciudadanía. Solo que no fue un ejército extranjero. Fue un grupo nuestro. Se alzaron desde nuestra pobreza y desde nuestra esperanza para destruirnos. Por desgracia, hay demasiadas tragedias que contar. A todo nivel, en todos los espacios y de todo tipo de dimensiones". -¿Cómo ha afectado a los venezolanos esta situación inédita como sociedad, de tener que partir al extranjero a buscar mejores condiciones de vida, cuando Venezuela era históricamente una sociedad receptora de migrantes? "En lo que mencionas hay un primer elemento importante: el cambio en la imagen, en la idea, que teníamos los venezolanos de nosotros mismos. El propio Chávez reforzó mucho la noción de que éramos 'los ricos' del continente. Estábamos sentados sobre un océano de petróleo. Teníamos las reservas de gas más grandes del planeta. Esa percepción se ha desvanecido. Y a los venezolanos ahora nos toca aprender algo que ya la mayoría de los países de la región habían aprendido: a emigrar. A llegar sin nada y tener que hacer cualquier cosa para sobrevivir, aprender a ser extranjeros en un país que es de otros. Pero todo esto tiene por supuesto otro impacto en el contexto político. De alguna manera, ha internacionalizado el conflicto venezolano, ha convertido al gobierno de Maduro en un problema regional". -¿Cómo interpreta que en Venezuela (y en el éxodo) haya tanto entusiasmo por el triunfo de Bolsonaro, más allá de la lectura evidente de que se trata de un político de extrema derecha que debería hacer frente al régimen de Maduro? "No sé si eso es tan cierto. Quizás ese entusiasmo es más un fenómeno de Twitter, se produce más en las redes sociales que en la realidad, que en la mayoría de los venezolanos, dentro y fuera del país. Lo que sí es cierto es que hay un sector de la población que se ha radicalizado y analiza y verbaliza todo el proceso del país en términos de una derecha liberal y de una izquierda castro comunista, a la que responsabiliza de todo lo que ha ocurrido. Sin demasiados argumentos, ese grupo ve en Bolsonaro una alternativa o, al menos, una especie de revancha". -¿Qué opciones de identificación política tiene actualmente un venezolano opositor que vive en Venezuela, ante la falta de representatividad de la oposición, anulada -por causas externas e internas- después de las presidenciales del 20 de mayo pasado? "Esa es una de las consecuencias más tenebrosas de la llamada 'revolución bolivariana'. Y también es parte de un largo proceso donde los partidos de oposición fueron despojados de todo, desde su financiamiento hasta su legitimidad. Más allá de los propios errores, que también han sido muchos, los líderes de la oposición han debido enfrentar la guerra despiadada del Estado. Han sido descalificados, invisibilizados, perseguidos, inhabilitados, encarcelados, obligados a huir del país. El chavismo aprovechó la democracia para aniquilar la democracia. Ya ha demostrado que está dispuesto a gobernar por la fuerza, con balas y sin elecciones. En este contexto, no solo es muy difícil ser oposición. Es muy difícil hacer política". -A Venezuela se le suele aplicar el lugar común de que la realidad superó la ficción. ¿Se le ocurre alguna comparación o figura más novedosa para describir lo que está pasando en su país? "Tal vez ya hemos pasado ese límite. Porque la realidad es tan absurda, tan delirante, que incluso como ficción parece inverosímil. Somos un país desesperado por recuperar algo de sentido común, de civilidad, de ciudadanía, de política. Mientras, seguimos naufragando en medio de un lenguaje cada vez más apocalíptico: nos gobierna el mal, ¿qué se puede hacer frente a eso?". ENCUENTROS EL MERCURIO Alberto Barrera Tyszka dará una charla en el Club de Lectores de El Mercurio sobre la crisis venezolana el miércoles 7 de noviembre, a las 19:30 horas.