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"A mí, el estar todos contra la derecha porque sí, no me identifica"

domingo, 28 de octubre de 2018

Paula Coddou y Nicolás Guzmán
El_Mercurio

El regreso de Gabriel Boric. Tras 35 días de licencia para tratarse un TOC volvió a la Cámara. Aquí habla de su tratamiento y de su recuperación, y niega que haya colapsado por su año político. Boric también aborda la relación con la ex Nueva Mayoría y se refiere al "discurso moralista de que la historia parte con nosotros ha ido quedando en el camino".

Se fuma el primero de varios cigarros en la cafetería del Congreso, que a las 3:00 de la tarde está vacía, y dice que está bien, que fue un buen regreso, "tranquilo, tranquilo". Está vestido con la misma camisa escocesa y pantalón delgado que usó ayer, y mantiene el corte de pelo que tenía cuando se tomó una licencia médica que duró 35 días y que terminó el jueves 25 de octubre.

Gabriel Boric está de vuelta, y esta mañana lo espera un enjambre de periodistas para ver ese regreso, después de haber transparentado que estaba en tratamiento médico por su TOC (trastorno obsesivo compulsivo) que padece desde niño.

Llegó temprano a la Cámara y se sentó en una sala casi vacía. Abrió el libro de poesía "Bar abierto" de Hernán Miranda y leyó. El primero en abrazarlo fue el diputado de Evópoli Francisco Undurraga. Luego se fueron acercando otros diputados. Su compañero de partido Diego Ibáñez le da un beso en la cabeza. Pamela Jiles pasó por el lado con una mochila rosada en la espalda y no lo miró.

-Yo creo que la Pamela fue muy amable y preocupada además, antes, así que no tengo ningún reproche -dice Boric después, aunque no es un secreto que han tenido públicas diferencias.

-Son diferencias políticas, no personales -agrega.

Este año, la diputada, entre otros, lo criticó por sentarse en la mesa de la Infancia de Piñera, a fines de mayo. Luego otros lo hicieron cuando el diputado pidió el 17 de agosto que la izquierda terminara con el doble estándar, frente a las violaciones a los derechos humanos en países como Venezuela.

-Hace cuatro meses, en un grupo de Facebook interno, que tienen en el movimiento autonomista...

-¿Tú eres parte de ese grupo?

-No.

-Es interno, sí. Es un grupo cerrado. Si hay declaraciones de sapos de adentro del grupo, prefiero no referirme a ellas...

-Ahí usted dijo que se iba a salir por su protección psicológica y que coincidía con la fecha de la comisión de la Infancia. ¿Influyeron esas críticas internas en su ánimo?

-No. Mi ánimo está muy bien porque participar en la comisión, finalmente, fue una decisión correcta y estoy muy contento con el resultado que se logró transversalmente con las autoridades, con la sociedad civil y la mayoría de los sectores políticos. Son de esos riesgos que en política vale la pena correr. Por lo tanto, mi ánimo, en ese sentido, no se vio afectado en ningún caso.

-Tras sus declaraciones sobre Venezuela hubo críticas y reacciones bien violentas.

-Depende de quién vengan y del tono. Uno logra identificar. Hay mucho anónimo opinando lo que uno hace o deja de hacer, y después dan opiniones otros compañeros. Pero lo que vemos en el proceso de madurez que estamos llevando adelante, tanto como Movimiento Autonomista como Frente Amplio, es que estas diferencias se procesen políticamente y no en términos morales.

-¿Pero influyó en su salud?

-No, son cosas que no tienen nada que ver. Entré al tema de la licencia que tiene que ver con un TOC que tenía diagnosticado hace mucho tiempo, del que no me había hecho cargo responsablemente. Pero no tiene que ver con un agotamiento a partir de circunstancias coyunturales del último mes. Polémicas en el Parlamento van a haber siempre y si cada vez que uno tiene una discusión con su grupo cercano o con los adversarios... no habría nadie parado en el Congreso.

Gabriel Boric se tomó dos licencias. Una por 14 días, que extendió por 21 más.

-Yo lo venía pensando hace meses, y había intentado otros tratamientos que no me habían dado resultado. Y decidí tomar una decisión que puede parecer más drástica, pero que es normal. Es como cuando alguien tiene un esguince y se lo trata con una venda y corre vendado, pero el esguince sigue doliendo. Me di cuenta de que tenía que intervenirlo, lo que significaba un proceso de aislamiento mayor, de regulación, de un tratamiento que tuve y además una psicoterapia, que va a ser importante en el futuro. Las enfermedades mentales, que están muy estigmatizadas, son tratamientos de largo plazo. Para mí, es muy importante en este debate también desestigmatizarlas, tal como una afección cardíaca no se soluciona con un bypass , sino que requiere un tratamiento sostenido en el tiempo, y es lo que también necesito. Lo que pasa es que esto no sangra, no se ve y además está la estigmatización de que te digan, "bueno, tú estás loco". Yo no estoy loco, sencillamente tengo un problema que está muy estudiado y que tiene tratamiento, tiene mejora, y que decidí abordarlo para mejorarlo.

-¿Sigue en tratamiento ahora?

-Y voy a seguir por un buen tiempo.

-¿Qué tan limitante es un TOC siendo diputado?

-Más allá de mi experiencia personal, el TOC son pensamientos invasivos que van generando una angustia que es difícil de controlar y que tiene diferentes expresiones. En mi caso, yo las tenía ya bastante normalizadas. Lo que a mí me pasaba es que funcionaba, no sé, a un porcentaje menor de mi capacidad. Pero seguía. Entonces, en ningún caso es algo invalidante, sino que sencillamente genera más cansancio y es un esfuerzo más grande, pero que en ningún caso impide hacer la pega. Ahora, yo no me quiero convertir en el niño símbolo de esto. El TOC, como otras enfermedades, tiene diferentes expresiones. Hay algunos que lo tienen asociado a la limpieza, a la higiene; otros, a la simetría; otros, a pensamientos relativos, no sé, a problemas familiares, cuestiones así. Y yo tenía pensamientos invasivos en la cabeza que implicaban una lucha permanente contra la propia mente, y eso lo podía llevar. De hecho, lo llevé durante todo este tiempo, pero me di cuenta de que es posible tener una mejor calidad de vida, y a eso aposté.

-¿Y cómo fue el período de licencia, de bajarse de la micro un rato?

-Muy positivo, estoy contento. No solo porque tengo esperanza a futuro, sino porque veo los efectos que ha tenido para bien.

-¿En qué se puede ver eso?

-En que me siento más liviano, y sé que ahora es un proceso largo. El cerebro es un músculo que hay que ejercitar permanentemente, entonces haber tenido tiempo para pensar sobre esto ha sido súper positivo para el proceso, darme cuenta de que lo puedo enfrentar; y la calidad de vida interna, porque no es algo que la gente se diera cuenta, lo vivía yo.

-¿Cómo fue el paso de dos semanas por el hospital psiquiátrico?

-Privado, como tiene ser todo paso por el hospital psiquiátrico. Pero no fueron unas vacaciones. Es un hospital en donde tienes un médico tratante y entrevistas, y sirve para eso, no es como irte a un retiro a descansar.

-¿Es la primera vez que se interna?

-Sí, la primera vez.

-¿La política es el mejor ambiente para una persona que tiene una enfermedad de salud mental?

-Diría que la sociedad capitalista, individualista y competitiva no es el mejor ambiente para una persona que tiene una enfermedad mental. Y el Congreso es expresión de esa sociedad.

-Pero lo pone en exposición pública.

-La exposición es un factor más, dentro de otros. Me parece bien que quienes estamos en el servicio público, más aún en cargos de representación, debamos tener un estándar más alto de probidad y se nos exija más. Y entre las cosas que se nos debiera exigir es más transparencia, y eso aplica tanto para temas de financiamiento en la política -esto es discutible- como para los temas de este tipo.

-Antes de tomar licencia, fue bien crítico con el Frente Amplio al poner en duda que el bloque pudiera conformarse como una tercera fuerza de gobierno, ¿lo mantiene?

-No recuerdo esa cuña en particular y me huele a descontextualizada, porque quiero que gobernemos...

-El 7 de septiembre, dijo: "Tenemos un mandato y un desafío de ser una tercera fuerza política en condiciones de gobernar. Y hoy día hemos dado cuenta de ciertos problemas que producto de la falta de diálogo ponen en duda eso".

-O sea, tenemos ese mandato, lo sigo creyendo. Ese fue el momento en que había habido varias polémicas al interior del Frente Amplio. Esa frase apuntaba a que si no somos capaces de generar una institucionalidad que dé una seguridad al pueblo de Chile, ¿cómo vamos a dar seguridad de que somos capaces de hacernos cargo de sus problemas? Como estamos partiendo, tenemos que estar permanentemente aprendiendo no solo de nuestros errores, sino que también de los del resto.

EL ERROR DE

LOS "FACHOS POBRES"

-Hay analistas que señalan que hoy la izquierda no está leyendo bien lo que quiere la sociedad. ¿Cree que el Frente Amplio está fallando en el diagnóstico?

-No me atrevería a hacer un juicio definitivo al respecto, pero claramente, con lo que está pasando no solamente en América Latina, sino que en el mundo, no podemos echar la culpa al empedrado de los triunfos de quienes consideramos adversarios, como son las ideas que representa, por ejemplo, Bolsonaro, u Orbán en Hungría, o Le Pen en Francia. Ni tampoco caer en el gravísimo error de que parte importante de quienes votaron por Piñera son sencillamente "fachos pobres". Eso es mirarse el ombligo y un desprestigio a gente que tiene preocupaciones que son legítimas, y las cuales la izquierda no está abordando. Y eso es un desafío que tenemos como Frente Amplio.

-¿Y la izquierda pecó de menosprecio?

-Hubo mucho desconcierto después del triunfo de Piñera. Entonces, ahí salieron algunas frases como esta, de "facho pobre". Se ha reflexionado poco sobre estas ideas y sobre la clase media emergente y la tambaleante, que ante cualquier circunstancia podría perder tal condición, y a los cuales también tenemos que hablarles en temas que han sido tabú en la izquierda, como la delincuencia. O cuál es nuestra alternativa al discurso del crecimiento, que ha sido muy hegemónico en la derecha y donde no hemos logrado hacer un contrapunto.

-¿Cree que está el riesgo de una parlamentarización del Frente Amplio?

-Concuerdo con que ese es un riesgo. La incomodidad, en ese sentido, es una virtud que no podemos olvidar.

-¿Existe ese discurso moralista que puede ser perjudicial para el Frente Amplio?

-Siempre que nace una fuerza que, de alguna manera, disputa el lugar simbólico que otra ocupaba, hay una reticencia por parte de la que va en retirada y acusaciones de cualquier tipo para eso. Ahora, también hemos tenido errores. Y por eso es muy importante entender que el mundo no nace con nosotros. No soy el único que lo piensa. El discurso moralista de que la historia parte con nosotros ha ido quedando en el camino.

"LA VIOLENCIA ES INACEPTABLE"

-¿Va a estar disponible para ser puente en futuros proyectos con el Ejecutivo? Hay gente en el Frente Amplio que no está dispuesta a conversar con el Gobierno.

-Depende en qué punto y bajo qué términos. Yo también estuve de acuerdo para no participar en esta mesa que se intentó llamar en Salud. Pero en materia de infancia, sentía que tenemos el deber de ponernos de acuerdo. Entonces, en materias como estas, estoy totalmente disponible para trabajar con quien sea. El Gobierno tiene un rol y tenemos el deber de parlamentar con el Gobierno cuando queremos llegar a ciertas soluciones.

-¿Lo entienden así en el Frente Amplio?

-Creo que la mayoría lo entiende así, y también que hay temas en que las diferencias son tan insalvables que cuando las conversaciones se utilizan como excusa para validar políticas ya definidas no nos vamos prestar para eso. El ejemplo de la reforma tributaria que se está proponiendo ahora es uno ellos.

-El proyecto de Aula Segura se verá pronto en la Cámara. ¿Cree que debe darse un buen diálogo con el Ejecutivo en esto?

-Recién hoy estoy tomando el trabajo parlamentario y quiero estudiar más en detalle el proyecto. Pero el problema existe y uno no se puede hacer el leso. Pero no se aborda solamente desde un punto de vista de seguridad pública, sino que más desde un punto de vista de convivencia escolar.

-¿Cómo explica los episodios de violencia en algunos liceos y colegios?

-Se ha hablado muy poco de cuáles son los motivos que están detrás de estas protestas. Como estuve ausente este último mes, no he podido ver en detalle lo que está pasando, pero evidentemente la violencia a la que se ha llegado (en los colegios) es inaceptable y nadie puede tener dudas en condenarla. Creo que hay motivos que son coyunturales y otros, de fondo. La sociedad excluyente que tenemos, individualista, es sin lugar a duda uno de ellos, pero eso no justifica tampoco los actos de violencia que hemos visto.

-¿Cómo evalúa los continuos fracasos del Frente Amplio? Primero, la acusación constitucional al ministro Santelices, luego a los ministros de la Corte Suprema y ahora, la remoción del fiscal Jorge Abbott.

-No los considero como fracaso. Si uno lo mide solo por el resultado, evidentemente no se cumplió lo esperado. Pero lo que se empujó desde el Frente Amplio era lo que sentíamos como una obligación de medios, más que de resultados. Nos formamos la convicción en el caso contra Abbott de que acá se estaba imponiendo una doctrina que favorecía una diferencia en el trato respecto de quienes habían realizado actos incompatibles con la probidad. Eso era inaceptable y teníamos que marcar una posición muy clara. Cuando hacemos esto, el fiscal nacional lo va a pensar dos veces antes de realizar declaraciones como las que hizo en la cuenta pública.

-¿El Frente Amplio está disponible para una alianza con Convergencia Progresista para derrotar a la centroderecha?

-Esa no es una decisión personal, evidentemente. Pero soy de quienes creen que cuando las alianzas están principalmente mediadas por intereses electorales, terminan siendo espurias y de corta duración. Sin un debate ideológico de principios y programático previo, a mí por lo menos no me hace mucho sentido pensar en alianzas por fuera del Frente Amplio.

-Muchos dicen que si la centroizquierda no va unida en un 100%, la derecha va a ganar las próximas elecciones. ¿No es una amenaza potente como para converger?

-Es que esa amenaza impide la posibilidad de pensar por fuera de los márgenes de lo que todavía queda del pacto de la transición. Yo no subordinaría la política del Frente Amplio exclusivamente a esa amenaza. Evidentemente, es un factor a tener en cuenta en particular al ascenso de las derechas en América Latina, pero me parece que es más importante preocuparnos hoy de que si queremos ampliar nuestra base de apoyo. Eso me parece más relevante que estar pensando juntarse con la directiva de los otros partidos para tener un acuerdo electoral, sin perjuicio de que eso se pueda hacer también. Pactos electorales sin debate ideológico y programático en serio, y no por la angustia electoral de ganarle a la derecha, que fue lo que le pasó a la Nueva Mayoría, ya sabemos las consecuencias. A mí, todos contra la derecha porque sí, no me identifica. Creo que tiene que haber un sustento ideológico más profundo que eso.

-La foto hoy es la de un gobierno bien evaluado. Si las condiciones siguieran más o menos parecidas, ¿cree difícil ganar una próxima elección?

-No lo veo para nada imposible. No solo por los errores no forzados del Presidente, sino porque además este gobierno... bueno, es muy pronto para decirlo todavía, pero tenía un relato que se basaba fundamentalmente en el crecimiento económico, y el crecimiento económico tiene una pregunta implícita que desde la izquierda tenemos que poner con mucha fuerza, que es: ¿Quién crece cuando Chile crece? No creo en ningún caso que este gobierno sea invencible, ni que la derecha lo sea. Desde el Frente Amplio vamos también a ir construyendo figuras y programas que van a ser capaces de oponérseles.

"BEA CORRE CON VENTAJA"

-¿Hoy cómo está la carrera presidencial en el Frente Amplio?

-Es demasiado anticipado. Evidentemente, Beatriz es la que cuenta con el mayor liderazgo y unidad en el Frente Amplio, en eso. Ahora, quiero ser muy respetuoso, es una decisión que en último término la tiene ella.

-¿Qué le parece el rol que ha cumplido Beatriz en este último tiempo? Tomó la decisión de no estar en la primera línea.

-El rol que ha tenido la Bea es tremendamente importante y sé que puede que se vea poco en medios tradicionales, pero es de formación de acompañamiento, de consolidación del Frente Amplio en regiones. Cuando Allende saca un 5% en las elecciones del 52, todos decían que había muerto, y el hecho de haber seguido recorriendo el país para llegar al resultado que tuvo después, en las elecciones del 58, fue tremendamente importante. Estos son procesos largos.

-¿El camino natural sería que ella fuera la candidata presidencial nuevamente?

-Es muy pronto para decirlo, y depende de ella. Pero creo que Bea Sánchez corre sin lugar a dudas con ventaja.

-Giorgio Jackson señala que no quiere ser presidente, además, porque no cumple con el requisito de edad. ¿Usted también podría ser una carta si se lo piden?

-Insisto en que estas son decisiones colectivas, pero no está dentro de mis intereses ni ambiciones personales aspirar a ser Presidente de Chile. Más aún, considerando que falta muchísima experiencia, muchísimo por aprender, muchísimo por leer, muchísimo de conocimiento del Estado.

-Entre sus prioridades, ¿está ser un rearticulador del Frente Amplio?

-Por cierto, voy a jugar un papel en el proceso de convergencia que es poder traspasar la experiencia adquirida, no solamente en los años en el Congreso, sino también desde todo el tiempo que venimos dando vuelta. Tengo algo que aportar en ese debate y no lo voy a andar haciendo a escondidas, sino públicamente, y espero jugar un rol ahí.

-¿Tiene más, o menos, poder y legitimidad que antes para jugar ese rol?

-No creo que sea diferente a la que tenía antes. Espero que seamos más los que la tengamos, nomás. Sí creo que tengo la total legitimidad para aportar, como la tiene la Bea, Jorge (Sharp) o todos quienes han tenido cargos de dirigencia en el último tiempo y los que están construyendo desde los territorios. Este tiene que ser un proceso muy democrático, y tenemos que buscar otras formas de construir política, no desde el aspecto moral de "nosotros somos los buenos, impolutos", sino de aprender de los errores de los partidos que se terminaron burocratizando. Ese es el error que nosotros no podemos cometer.

-¿Le molesta que los pongan como "adversarios" con Jorge Sharp?

-Creo que se trata de generar una caricatura ahí, pero con Jorge nos conocemos desde los 14 años y tenemos una relación muy fluida, independiente de que en algunos temas podamos tener diferencias. Las conversamos a cara descubierta y no por la prensa.

"Lo que tenía era un pensamiento invasivo que implicaba una lucha permanente contra la propia mente".

"El crecimiento económico tiene una pregunta implícita que desde la izquierda tenemos que poner con fuerza, y que es: ¿Quién crece cuando Chile crece?".

"Tenemos que buscar otra forma de construir política, no desde el aspecto moral de "nosotros somos los buenos, impolutos"".

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