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Las abstracciones cinéticas de la artista Liliana Iturriaga

miércoles, 24 de octubre de 2018

Carlos Carrasco Peguero
Cultura
El Mercurio

En "Sólidos de revolución", las obras giran sobre sus propios ejes y generan sombras que se proyectan en los muros donde están instaladas.



En geometría, un eje de revolución es el que permite crear sólidos mediante la rotación de una recta en sí misma. Un concepto que acoge de forma perfecta la sinuosa obra de Liliana Iturriaga expuesta en el Complejo Andrónico Luksic Abaroa, de la U. Católica, en el Campus San Joaquín, que incluye esculturas y serigrafías presentadas bajo el nombre de "Sólidos de revolución".

"Yo vengo de un país en donde el cinetismo está en todos lados", dice Iturriaga, que nació en el Chile de 1965, pero pasó más de tres décadas en Venezuela. "Cuando era chica y vivía en el estado Bolívar, atravesaba el Orinoco para ir desde mi casa al colegio. Es una locura de río, turbulento, pero con una fuerza en sus aguas y movimiento selvático maravillosos", recuerda.

Ubicado en la misma región, el Museo Jesús Soto se construyó en homenaje a uno de los artistas venezolanos más conocidos de la escena op-art latinoamericana. Sus esculturas esféricas ocupan importantes espacios públicos del país y su obra, junto a la del otro cinético Carlos Cruz-Diez en la Central Hidroeléctrica "Simón Bolívar" -también de la zona-, marcó a la chilena. "Esas son imágenes retinianas que te quedan desde la infancia y para toda la vida. El círculo es de Soto, pero es mío también", añade Iturriaga.

A pesar de estudiar diseño y artes plásticas estando allá, esas inspiraciones comienzan a calar hondo en Chile. Hace diez años, la repentina coincidencia con el juguete de resorte "Slinky" en su regreso al país le significó un importante vuelco creativo. Le interesaba llevar ese movimiento inquieto y circular al plano.

Para ello creó una matriz ranurada con la que barre sobre planchas impregnadas en pintura y que generan impresiones de líneas sinuosas que, llevadas luego a troquel y láser, completan la figura escultórica. El resultado son discos de metal, algunos de los cuales ahora forman una estructura colgante de nueve metros, y otros se superponen entre sí, expuestos en el recinto de la universidad.

Pero a Iturriaga no le interesa obedecer las reglas clásicas de la geometría. "Esa matriz la corto midiendo al ojo, nunca con regla. Y la impresión es a mano, por lo que depende de mi pulso", explica. Todo esto hace que ninguno de los discos sea idéntico al otro, como una recomposición de la línea y un ejercicio gestual que escapa de la finitud geométrica.

Las imbricaciones lineales de Iturriaga ponen valor a lo imperfecto desde los múltiples efectos ópticos, al igual que artistas cinéticos como Matilde Pérez y el francés Victor Vasarely, con quien comparte sala en la colección permanente del Museo Ralli.

Exhibidas el año pasado en la Sala Matta del Museo Nacional de Bellas Artes, sus obras también pueden apreciarse durante octubre en Galería Animal y próximamente viajarán hasta el MAC de Valdivia.

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