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A una semana de la segunda vuelta electoral:

El Brasil que dejará Temer (y Rousseff) al próximo presidente

domingo, 21 de octubre de 2018

Amanda Marton Ramaciotti
Internacional
El Mercurio

Quien gane estará a cargo de un país con instituciones muy sólidas, pero con desafíos importantes en economía y seguridad.



"Los últimos cuatro años han sido tan caóticos, que a uno casi se le olvida cómo era Brasil antes de todo esto", comenta la profesora Márcia Simões (58), quien admite que no sabe "si reír o llorar" por lo que ha ocurrido en el país desde las elecciones de 2014.

La impresión de Simões probablemente coincide con la de muchos de sus coterráneos. En cuatro años, Brasil tuvo dos presidentes: Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda socialista), quien fue destituida mediante un impeachment en 2016, y su exvicepresidente, hoy mandatario, Michel Temer, del Movimiento Democrático Brasileño (MDB, centro). En cuatro años, el "gigante sudamericano" también se enfrentó a su peor recesión en décadas; al mayor escándalo de corrupción de la historia del país, y a niveles de violencia sin precedentes.

La suma de estos factores llevó a la segunda vuelta presidencial más polarizada desde el fin de la dictadura militar (1985). Y ya sea el candidato de extrema derecha Jair Bolsonaro, o el aspirante del PT, Fernando Haddad, el que gane el balotaje el próximo domingo 28, el nuevo presidente se enfrentará a un Brasil mucho más complejo. Aquí, sus principales características:

INSTITUCIONES FUERTES

El que asuma la presidencia el 1 de enero estará a cargo de un país mucho más pendiente de su gobernante, sobre todo en lo que se refiere a la corrupción.

En 2015, durante el gobierno de Rousseff, se destapó el megaescándalo de corrupción de Petrobras. La inmensa trama de sobornos dejó manchados a políticos de casi todos los partidos y empresarios, y se extendió hacia Latinoamérica y parte de África gracias a una de sus ramificaciones: el caso Odebrecht.

Mientras en 2014 Brasil estaba en la 69ª posición entre 180 países en el ranking de percepción de corrupción de la ONG Transparencia Internacional, hoy ocupa el 96º lugar, justamente por las tramas reveladas en los últimos años. Pero los casos sirvieron para demostrar que la Policía Federal, el Ministerio Público Federal y la Justicia brasileña son sólidos e independientes. Ni siquiera Lula da Silva, el político más popular del país, se salvó de las investigaciones de la Operación Lava-Jato y de la sentencia del popular juez Sérgio Moro, considerado por muchos un "héroe nacional". Desde el 7 abril de este año, el exmandatario cumple una condena de 12 años y un mes de cárcel por corrupción pasiva y lavado de dinero.

Las consecuencias de estos escándalos se hicieron notar en las elecciones legislativas del pasado 7 de octubre: el Congreso sufrió su mayor renovación en 25 años, y decenas de legisladores investigados que se presentaron a reelección perdieron los comicios. Y, apenas terminen su mandato, perderán también su fuero privilegiado. "La sociedad demostró, al manifestarse en las calles y en las urnas, que no quiere más políticos corruptos, y que está mucho más pendiente de quienes son investigados por la justicia y quienes no", comenta a "El Mercurio" Carlos Henrique Barbosa, quien se desempeñó en la operación Lava-Jato como director de recuperación de activos.

Bolsonaro se ha fortalecido en las encuestas (58% de los apoyos) gracias a su promesa de combatir con mano dura la corrupción y a que se proyecta como un outsider . Haddad, por el otro lado, se ha visto perjudicado por los escándalos de sobornos en el que su partido estuvo involucrado.

¿CRECIMIENTO SOSTENIDO?

Para economistas, el desafío más importante del próximo gobierno será llevar a cabo una batería de reformas que permitan que la economía más grande de la región tenga un crecimiento sostenido. El economista Daniel Duque, del instituto de políticas públicas Mercado Popular, dice a este diario que es "urgente que se reduzca el altísimo crecimiento de los gastos, que han sofocado cada vez más las arcas públicas".

En su gobierno accidental, Temer logró que el Congreso aprobara una enmienda constitucional para que durante los próximos 20 años los gastos públicos, incluyendo salud y educación, solo puedan crecer de forma proporcional a la inflación del año anterior, y así reducir el déficit. También pudo llevar a cabo su reforma laboral, que flexibiliza las contrataciones, los despidos y la jornada laboral. Gracias a ambas medidas, Temer consiguió sacar a Brasil de la recesión que heredó de Rousseff, tras dos fuertes contracciones en 2015 y 2016, ambas de 3,5%. Gracias a esto, Brasil pasó de ser la novena economía mundial a ser la octava (en 2010 era la quinta).

Pero quien asuma la presidencia deberá hacerse cargo de un Brasil cuya tasa de desempleo de 12% golpea a más de 12 millones de personas, y un déficit fiscal creciente alimentado por el costo de las pensiones. Según expertos, en caso de que el futuro gobierno no cambie ese sistema, en menos de 10 años los gastos por jubilaciones y pensiones aumentarán en 113 mil millones de reales (unos US$ 36 mil millones), lo que deja menos espacio para otras necesidades del país, como salud, educación e inversiones.

"Temer logró señalizar cuál es el camino correcto a seguir. Pero para que Brasil vuelva a crecer de verdad, será necesario que el próximo presidente asuma la responsabilidad de hacer más reformas estructurales, sin miedo a perder su popularidad en el proceso, porque el tema del déficit fiscal es una bomba de tiempo", sostiene a "El Mercurio" Fernando Schüler, cientista político y académico del Instituto de Enseñanza y Pesquisa (Insper).

Mientras Bolsonaro se propone hacer las reformas de la mano de su gurú económico y eventual ministro de Hacienda, Paulo Guedes, Haddad asegura que revocará las medidas realizadas por Temer y afirma ser contrario a un cambio en el sistema de pensiones.

INSEGURIDAD

Brasil registró el año pasado 63.800 homicidios, 30,8 por cada 100.000 habitantes, según el Foro Brasileño de Seguridad Pública. Asimismo, la mayoría de las grandes ciudades se enfrenta con el crecimiento de organizaciones criminales dedicadas al tráfico de drogas. "Vivir acá es temer ser sorteado en la próxima lotería de la muerte", dijo recientemente el escritor brasileño Luiz Ruffato.

El ejemplo más evidente de la crisis de inseguridad es el turístico estado de Río de Janeiro, donde la tasa de homicidios llega a 40,4 por cada 100.000 habitantes. El desborde de violencia llevó al gobierno de Temer a decretar en febrero pasado la intervención militar de las tareas de seguridad en el estado, el segundo más rico del país.

Según la legislación actual, la seguridad debe ser vista por las gobernaciones y municipios, no por el gobierno federal. Sin embargo, con la crisis de violencia, los candidatos se han propuesto a resolver el problema a nivel nacional. Bolsonaro propone despenalizar el uso de armas, mientras Haddad quiere fomentar el mayor intercambio de información sobre criminalidad entre los estados.

Cualquiera de los dos también deberá encontrar una manera de poner fin a la intervención en Río, ya que, según la Constitución, mientras las fuerzas militares estén a cargo de la seguridad de un estado, el Congreso no puede aprobar nuevas reformas.

96º
lugares la posición de Brasil en el ranking de 180 naciones sobre la percepción de corrupción de la ONG Transparencia Internacional. En 2014, el país ocupaba el 69º lugar. Según el estudio, esto se debe a las investigaciones de sobornos en Petrobras y el escándalo de Odebrecht.

30,8
homicidiospor cada 100.000 habitantes se registraron el año pasado en Brasil, según datos del Foro Brasileño de Seguridad Pública.En el turístico estado de Río de Janeiro, bajo intervención militar desde febrero de este año, la tasa fue de 40,4 por cada 100.000 habitantes.

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