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Se habían conocido en Lima, pero fue en París, a inicios de los 60, que los peruanos Mario Vargas Llosa y Julio Ramón Ribeyro se hicieron amigos de verdad. Ambos empezaban sus carreras literarias, comentaban lecturas, se leían páginas inéditas, estuvieron cerca de ser verdaderos cómplices. Pero siguieron caminos diferentes: mientras Vargas Llosa se alzaba como un autor de ambiciones totales que literalmente todo el mundo alababa, Ribeyro escribía cuentos íntimos, de personajes grises y raros, y hacía de su desdicha una marca que lo convertiría en un autor de culto. Vargas Llosa ganaría el Premio Nobel de Literatura, mientras que Ribeyro dejaría al morir, en 1994, un diario personal de título elocuente, La tentación del fracaso . Protagonista y secundario, cara y cruz, puede que sean los grandes faros de la narrativa peruana actual que desde esta semana estará presente en la Feria Internacional del Libro de Santiago. A inaugurarse el jueves 25 de octubre y abierta hasta el 11 de noviembre, este año la Filsa tendrá una versión particular: tras largas disputas gremiales al interior del mundo del libro, el evento de la Estación Mapocho no contará con la presencia de las grandes editoriales locales -organizadas en la Corporación del Libro y la Lectura-, como los grupos Penguin Random House y Planeta. El paisaje de la feria será inevitablemente distinto al que estábamos acostumbrados, pero la aspiración de dotar al encuentro de un muestrario cultural de un país invitado sigue vigente. Este año es Perú, que instalará una gran librería y traerá una delegación de 40 escritores. Aunque por problemas de salud no podrá asistir un novelista del peso histórico de Alfredo Bryce Echenique, los escritores que vienen revelan la amplia diversidad de la escritura peruana actual: compartirán espacio, por ejemplo, Conwell Jara (1949), autor de Montacerdos (1981), una novela clásica y secreta de la marginalidad peruana; y narradores contemporáneos, pop y cosmopolitas, como Sergio Galarza y Dany Salvatierra, en un estilo similar, aunque desde la no ficción. Otros dos autores destacados vendrán a mostrar sus crónicas: el celebrado novelista Daniel Alarcón (1977) -quien reside en Estados Unidos- hoy está abocado al periodismo, y su podcast Radio Ambulante es una guía para acercarse a las rarezas y miserias de Latinoamérica. Sus textos están en L a balada de Rocky Ronta l , que presentará en la feria. Desde España, donde vive, vendrá Gabriela Wiener (1975), autora de libros como Llamada perdida , en el que la confesión biográfica y la observación se mezclan para retratar la actualidad de la mujer latinoamericana. Otro periodista clave en el paisaje literario peruano actual es Renato Cisneros (1976), quien también estará en Filsa. Figura de la radio y la televisión, el papel de Cisneros como comunicador cambió al reconstruir la historia de su padre. Había mucho que contar: su papá fue el general Luis Felipe Cisneros, el "Gaucho", implacable ministro del Interior durante el gobierno militar de los años 70, y en los 80 a cargo del Ministerio de Guerra de Fernando Belaúnde Terry, un intenso promotor de una lucha a muerte contra Sendero Luminoso. Cisneros contó desde su experiencia la historia de su padre en La distancia que nos separa (2016), finalista del premio de la II Bienal Mario Vargas Llosa y luego fue más lejos y narró la de su familia en Dejarás la tierra (2017). "Me interesa la investigación del reducto familiar y privado solo en la medida en que funciona como metáfora o parábola de la sociedad que la contiene", dice Cisneros desde Lima, y añade que su trabajo está conectado con dos fenómenos más recientes en la narrativa peruana: el "abordaje de figuras y espacios familiares" y los libros que "toman experiencias abiertamente autobiográficas como matriz para configurar artefactos literarios". Más allá, Cisneros ve mil voces diferentes. "Lo que me interesa de la literatura peruana es su dispersión temática. Su variada procedencia geográfica. La exploración de géneros. La saludable persistencia de temas como la violencia y la memoria. La activa oferta editorial. La cada vez más articulada presencia de autores peruanos en circuitos internacionales. El reciente protagonismo de ciertas voces femeninas, como Claudia Ulloa, Katya Adaui o María José Caro", dice Cisneros. Mujeres de ayer y hoy Alguna vez, la escritora Katya Adaui (1977) se obsesionó con dos grandes cuentistas peruanos: el precursor Abraham Valdelomar (1888-1919) y el magnético Ribeyro. "Leía sus cuentos una y otra vez, intentaba reescribirlos", cuenta Adaui en un e-mail de paso por Shangái, antes de embarcarse hacia la Filsa. "Lo que me interesa de la literatura peruana, como de cualquier otra narrativa, es la búsqueda en el lenguaje y la estructura. Acercarme a una extrañeza", dice, y pareciera que está describiendo su propio trabajo: en sus libros Un accidente llamado familia (2007), Algo se nos ha escapado (2011), Nunca sabré lo que entiendo (2014) y Aquí hay icebergs (2017) entrega cuentos sobre quiebres familiares o entre amistades, momentos en que algo se rompe para siempre y de una sola vez. Adaui es parte de una camada de narradoras que, como en Argentina o Chile, están mostrando nuevos ángulos para entender la realidad y se han estado imponiendo a años de exclusión en el campo literario. Adaui tiene clara esa historia: "Una de las fundadoras de la narrativa indigenista fue Clorinda Matto de Turner con Aves sin nido (1889). La novela realista en el Perú se inició con una mujer: Mercedes Cabello de Carbonera con El conspirador (1892). Ambas fueron criticadas por los hombres de su época por emanciparse, por ser ilustradas, por su claridad. Temían su inteligencia", sostiene. "Otras escritoras que recomiendo: Laura Riesco, Carmen Ollé, Pilar Dughi, Teresa Ruiz Rosas, Karina Pacheco, Grecia Cáceres, Irma del Águila, Victoria Guerrero. Y entre las de mi generación, por afinidad narrativa: Claudia Ulloa, Susanne Noltenius. Cada vez somos más las escritoras que persistimos, cada una desde su habitación propia", añade. La habitación de la escritora María José Caro es la de Macarena, una niña de la clase acomodada limeña que protagoniza todos los relatos del libro ¿Qué tengo de malo? En conjunto se puede leer como una novela sobre el entorno familiar de la niña, que se enfrenta a las desdichas clásicas del crecimiento: las amigas, los amores rotos, el desencanto adolescente. Es una historia de afectos quebrados que le dio a Caro un lugar ascendente en Perú. Es una promesa, y el año pasado fue seleccionada por Bogotá 39 como una de los 39 mejores autores hispanos sub 40. Los otros peruanos fueron Claudia Ulloa y Manuel Robles. "Creo que no hay que tomarse en serio las listas porque es un peligro mirarse a uno mismo con demasiada seriedad. Creo que es contraproducente para la escritura", dice. "Me interesa la literatura que habla del dolor, de lo cotidiano, de la frustración, la niñez y la familia. Me interesa sobre todo el mundo emocional de los personajes", dice, oblicuamente, describiendo también su ambición al escribir. Del resto del paisaje peruano menciona: "Me gusta mucho lo que logra Francisco Ángeles en su novela Austin Texas 1979 ; la belleza e intensidad en los relatos de Claudia Ulloa. En cuanto a libros fundamentales, La ciudad y los perros , de Mario Vargas Llosa, y Ximena de dos caminos , de Laura Riesco, como novelas de aprendizaje. Y Los inocentes , de Oswaldo Reynoso. También están los diarios de Julio Ramón Ribeyro". La mención de Laura Riesco que hace Cano no es inocente. Según ella, puede que se trate de la única mujer oficialmente aceptada en el canon de la literatura peruana. "Lo positivo es que ahora se está rescatando a autoras muy interesantes. Un caso es Pilar Dughi, una cuentista tremenda. También pasa que se les está empezando a leer de otra manera, como en el caso de Magda Portal. Creo que es un buen momento para las escritoras", dice. "Hay talento y diversidad temática y estética. Tenemos a Jennifer Thorndike, Katya Adaui, Susan Nolthenius, Nataly Villena, Mayte Mujica. Si hablamos de otros géneros, están las poetas Victoria Guerrero, Carolina Quiñonez, la dramaturga Mariana de Althaus, Gabriela Wiener... por mencionar solo a algunas", añade. El retrato de Perú Autor de policiales, novelas sociales y periodista destacado, Fernando Ampuero (1949) estuvo a punto de morir de cáncer. Cinco doctores coincidieron en el pronóstico: le quedaban cinco meses de vida. Antes de irse a la casa, intentó todos los tratamientos médicos, pero también otros: fue a ver a Hilda, una bruja gitana, una de las más legendarias mujeres de universo esotérico de la Lima de los 90. Y le fue bien. Según él, fue la mezcla de tratamientos lo que lo mantuvo vivo y lo cuenta en La bruja de Lima , unas memorias publicadas este año que también son un retrato de la cultura mestiza de su país. Lo que late en su libro es algo que siempre está en su obra, y también en decenas de novelas peruanas: el retrato social y político del país. La escuela de Vargas Llosa. Precisamente será La bruja de Lima la novela que Ampuero presentará en Chile. No es el único retrato peruano que estará en la Filsa; acaso uno de los más importantes de los últimos años sea el libro Los rendidos , de José Carlos Agüero, quien vendrá a la feria. Los autores Renato Cisneros, María José Caro y Katya Adaui coinciden en que es clave para entender el país en los últimos años. El libro es un testimonio: Agüero, hijo de miembros del Sendero Luminoso ejecutados en acción, cuenta la historia de sus padres y, a la vez, la suya a la sombra diaria del extremismo, y también la del drama del país. Héroes, víctimas y victimarios, todas son categorías que Agüero va explorando, poniendo en duda, siempre desde un ángulo: el perdón. Por supuesto, para leer al Perú actual hay muchos más libros. Novelas, historia, no ficción, periodismo. Caro llama a buscar las novelas de Alonso Cueto o Karina Pacheco o Carlos Enrique Freyre. Cisneros dice que "siempre" hay que volver a Vargas Llosa, Arguedas, Bryce Echenique, Miguel Gutiérrez y Oswaldo Reynoso. Y hay más. Muchos más. Decenas de poetas. El espacio ineludible de la Filsa 2018 estará a la entrada de la Estación Mapocho: una librería con 10 mil títulos de escritores peruanos. Incluidos los del retraído Julio Ramón Ribeyro y también los del omnipresente Vargas Llosa.