Fondos Mutuos
Una "Carta al Director" de este medio encendió las alarmas: la esperada postulación para nuevo director o directora del Museo Nacional de Bellas Artes ya había sido convocada. Para sorpresa de todos, se había tomado un procedimiento en el que solo podían postular al cargo funcionarios públicos. Una situación inédita que habría quedado amarrada en la nueva ley del Ministerio de las Culturas y que fue percibida como claramente perjudicial. Si se trata de elegir al encargado del más importante museo público de bellas artes del país, ello exige características difíciles de encontrar en materia de saberes y sensibilidades, de carácter y liderazgo, de gestión y conocimiento del mundo privado y del circuito internacional. La nueva autoridad tendrá que afrontar y superar, además, los escasos fondos que el Estado destina a este museo para nuevas exposiciones, los que fueron para este año de poco más de 300 millones de pesos, de un total de $1.368 millones, aproximado, para su ejercicio administrativo. A diferencia de otros museos o centros creados como corporaciones de derecho privado (Cultural de la Moneda, Museo de la Memoria) que reciben una cifra mayor de apoyo estatal. Asimismo, los museos nacionales como el de Bellas Artes tienen muchas más dificultades burocráticas a la hora de gestionar recursos del sector empresarial. Al cierre de esta edición, fuentes confiables informaban a Artes y Letras que el primer llamado para encontrar director del MNBA será declarado desierto. Y muy luego se abrirá un "segundo llamado", esta vez, abierto a cualquier postulante que cumpla con los requisitos. Directores históricos y más celebrados La historia de este museo contiene muchos de los principales hitos políticos, sociales y culturales del país, partiendo por la muestra inaugural en 1910 con cientos de valiosas pinturas llegadas desde 16 países del mundo, en lo que constituyó el principal evento de las celebraciones del Centenario. Mientras la lista de sus directores dibuja un esquema con nombres de excelencia como el escritor y pintor Pedro Prado, director entre 1921 y 1923; el artista Camilo Mori, entre 1928 y 1929, o el fundador del Grupo Montparnasse, considerado el primer pintor abstracto en Chile, Luis Vargas Rosas, quien estuvo desde 1946 hasta 1970. En 1970 asumió el arquitecto, pintor y gestor Nemesio Antúnez Zañartu, reconocido por su calidad humana, liderazgo y transversalidad. Dirigió el museo en dos períodos muy complejos del país: durante la Unidad Popular y a partir de 1990, con el retorno a la democracia. En los años 60 había sido director del Museo de Arte Contemporáneo y agregado cultural en Nueva York. Antúnez, como director del MNBA, remodeló el edificio y construyó la Sala Matta. Se reconoce su preocupación por salvaguardar la colección patrimonial de arte del museo en tiempos turbulentos. Con el golpe militar, en 1973, fue designada en ese cargo otra eximia figura del arte y la cultura, la primera mujer en llegar a la dirección del museo: la escultora y maestra Lily Garafulic. Es reconocida por las profundas reformas que llevó a cabo, entre ellas, la creación del Laboratorio de Restauración y Conservación de obras de arte del museo. Durante la administración de la periodista y crítica de arte Nena Ossa (1978-90) se creó la Fundación de Bellas Artes, con el objetivo de obtener fondos del sector privado. Inauguró la última muestra importante llegada desde el MoMA, la del artista estadounidense Robert Rauschenberg. Y en arte nacional hubo exhibiciones emblemáticas como "Aquellos años 80". El regreso de Antúnez en 1990, con la elección del Presidente Patricio Aylwin, abrió el museo a un mayor público y trajo más muestras del exterior. Se centró en la difusión y enseñanza. Y a partir de 1993 vino la dirección del reconocido académico e investigador de historia del arte en Chile, Milan Ivelic (1993-2012), la que estuvo marcada por la estabilidad. Se amplió a más exposiciones de arte nacional, al rescate de figuras, y a la restauración del patrimonio. Inauguró muestras notables del exterior: Moore, Rodin, Degas, Stella, además de la exposición con originales de la cultura etrusca, entre otras. Fue, asimismo, objeto de algunas críticas, por no dar mayor espacio a la colección patrimonial y por curatorías débiles para determinadas muestras sobre esa misma colección. El resto de la historia es reciente y habla de una crisis en la gestión y en los objetivos del museo en el siglo XXI.