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Legislativas y gubernatoriales del 6 de noviembre:

El Estados Unidos de Donald Trump enfrenta su primera gran prueba electoral

sábado, 20 de octubre de 2018

Carolina Álvarez Peñafiel
Internacional
El Mercurio

MIAMI No solo está en juego la mayoría en el Congreso, también el inicio de la campaña presidencial de 2020.



Las primeras elecciones de la era Donald Trump, el próximo 6 de noviembre, serán una prueba de fuego para la fidelidad de los votantes que lo llevaron a la Casa Blanca y para el compromiso de los que están al otro lado y que llevan casi dos años protestando afuera de su puerta.

En lo inmediato, en los comicios de mitad de mandato ( midterm ) están en juego las 435 bancas de la Cámara de Representantes (desde 2011 en manos republicanas), 35 de las 100 en el Senado (que los republicanos controlan desde 2015) y 36 gobernaciones, incluyendo las de estados claves como Florida. Mirando a futuro, los dos partidos empiezan a trazar el camino hacia las presidenciales de 2020.

La apuesta del mandatario republicano es que su partido mantenga la mayoría en las dos cámaras del Congreso, lo que le permitiría al menos por otros dos años definir sus políticas económicas y, sobre todo, el panorama judicial de EE.UU. Gracias al ajustado dominio del Senado (51 senadores), Trump ha podido instalar a dos jueces de la Corte Suprema y asegurar una preeminencia conservadora a largo plazo en el tribunal; y realizar más de otros 80 nombramientos en instancias inferiores.

Si los republicanos logran la doble victoria, podrán garantizar que Trump avance en sus ambiciones de completar 8 años en la Casa Blanca. Nada más efectivo que mostrar resultados concretos en una campaña para la reelección, cuando el candidato lucha contra un alto nivel de desaprobación popular. Según las cifras más recientes de Gallup, 51% de los estadounidenses rechaza al mandatario y 44% lo respalda. No es un escenario desconocido para un presidente. Para sus primeras midterm , en 2010, cuando aún se sentía fuerte la crisis económica, Barack Obama tenía 45% de apoyo y 48% de desaprobación. Su partido perdió la Cámara Baja.

Pronósticos

Los sondeos dicen que es probable que los republicanos se queden con el Senado y que los demócratas recuperen la Cámara. Esto se explica en parte por los distritos que van a la elección: la mayoría de las competencias senatoriales son en áreas rurales, donde Trump sigue siendo popular y su imagen "ayuda a los republicanos", a diferencia de los distritos urbanos y suburbanos, cruciales para controlar la Cámara Baja, donde el Presidente es "muy impopular y eso sirve a los demócratas", planteó a este diario Mike Tanner, analista del Instituto Cato.

A su favor, los republicanos también tienen las cifras macroeconómicas: 3,9% de desempleo (la más baja desde 1969), una inflación de 2,4% y un crecimiento del 3%, según el FMI. Los economistas coinciden en que es un escenario saludable, mucho más que el resto del mundo; sobre todo cuando China, el principal rival económico de EE.UU., acaba de anunciar que en el último trimestre registró su crecimiento más débil (6,5%) en nueve años. En parte, es un efecto directo de la guerra comercial que comenzó con el alza de aranceles decretado por Trump.

No todos sienten los buenos resultados y a ellos apuntan los demócratas. Héctor López, quien atiende en un local de accesorios para celulares en la zona financiera de Miami, dijo a "El Mercurio" que "todo preocupa, la economía está peor. Nada más hay que ver que no hay tráfico en este mall , ya no viene gente".

El trauma de 2016

La oposición pretende quitarles el control total a los republicanos y, desde una posición fortalecida, preparar el regreso al poder. Ya hay varias figuras que suenan como presidenciables: dos promesas de la nueva generación demócrata, la senadora de California Kamala Harris y su par de Nueva Jersey Cory Booker, y dos viejos conocidos: el exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg (quien se registró en el partido) y el exvicepresidente Joe Biden.

La estrategia de los demócratas es enfocarse en los grandes temas nacionales y aprovechar el rechazo al Presidente y a sus cercanos, que tantas protestas han impulsado en los últimos años. Un episodio clave fue el proceso de nominación a la Corte Suprema del juez Brett Kavanaugh, quien fue acusado de haber cometido una agresión sexual hace 30 años. El debate sobre las virtudes morales del magistrado (finalmente confirmado en el cargo vitalicio) incendió las disputas y obligó a los candidatos a tomar partido.

"Voto pensando en la defensa de los derechos de las víctimas, por nuestras familias, por nosotras mismas", afirmó, refiriéndose al caso, Rachel, una empleada fiscal en Miami y que prefirió no dar su apellido a "El Mercurio" para evitarse problemas. La funcionaria recalcó la importancia que tuvo el debate, porque aunque no hay evidencia suficiente para desmentir una u otra versión, por "primera vez pudimos escuchar ambos lados".

Parece un escenario sin demasiadas dificultades, pero no para los demócratas. El partido todavía no se ha recuperado de la batalla de 2016, cuando perdieron todo. La herencia de esa frustración es una profunda división entre el ala más izquierdista -seguidores del exprecandidato presidencial Bernie Sanders- y los más centristas.

La evidencia

En Florida está clarísima esa brecha. En agosto, Andrew Gillum dio la sorpresa al derrotar en las primarias para la nominación al gobierno estatal a una exlegisladora, hija de un exgobernador y senador, Gwen Graham, que era considerada la favorita. Gillum -quien podría ser el primer gobernador afroamericano del estado- se presentó con una plataforma que incluyó Medicare para todos (el seguro de salud federal al que acceden los mayores de 65 y las personas con discapacidad) y un sueldo mínimo de US$ 15 por hora (en Florida es de US$ 8,25). Los sondeos lo muestran en un empate con el republicano Ron DeSantis, respaldado por Trump.

Además, los efectos en la elección de la polémica de Kavanaugh tienen dos caras. Susan MacManus, experta en política de la Universidad del Sur de Florida, dijo a este diario que en su estado el proceso de confirmación "ya ha profundizado la división partidaria". Pero también "ha incrementado el interés de los republicanos en ir a votar porque la composición de la Corte Suprema siempre ha sido una alta prioridad para el partido".

Es la trampa de estas midterm , porque a pesar de los reportes periodísticos que hablan del caos en la Casa Blanca, de la investigación sobre la injerencia rusa en las elecciones de 2016 y de las disputas del Presidente con los aliados tradicionales de EE.UU., lo que está moviendo a los votantes sigue siendo el sistema de salud, como podría atestiguar el triunfo de Gillum. "Este es un tema que resuena en todo el país", especialmente entre el electorado demócrata, y que tiene que ver con revertir partes de la reforma de Obama, lo que podría aumentar las primas individuales del seguro y poner en riesgo la cobertura para los empleados, comentó a "El Mercurio" Richard Semiatin, especialista en política de la American University.

Otros temas que se repiten de comicios anteriores son el control de armas versus el derecho a portarlas, los impuestos, la inmigración y el financiamiento de la educación pública.

En este escenario, el que arriesga más es el Partido Demócrata, coinciden los expertos. Si no controlan la Cámara, no podrán avanzar en las investigaciones sobre la administración, mientras que para el Presidente sería más fácil movilizar a su partido. "Si los demócratas no pueden ganar al menos la Cámara Baja esta vez, es difícil ver cuándo podrían lograrlo", advirtió Tanner.

DISTANCIA
Trump dijo que no se sentirá personalmente responsable por cualquier derrota de su partido.

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