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Bajo el grito de "sí se pudo" y "no somos traficantes, somos inmigrantes", cientos de miembros de una caravana de migrantes hondureños derribaron una valla fronteriza en el límite entre Guatemala y México y consiguieron superar un bloqueo policial para entrar finalmente a territorio mexicano, desde donde intentarán ahora llegar a EE.UU. La caravana de cerca de 4 mil personas -entre ellos niños-, que comenzó su marcha el sábado pasado desde la ciudad hondureña de San Pedro Sula, se reagrupó ayer en la localidad guatemalteca de Tecún Umán. Desde temprano, muchos probaron suerte cruzando ilegalmente la porosa frontera a través de puntos ciegos en el río limítrofe, con la ayuda de lancheros. Por la tarde, sin embargo, miles de hondureños se aglutinaron ante un portón de seguridad que da hacia el puente internacional Rodolfo Robles, que conecta los dos países, el cual fue reforzado por cerca de mil policías mexicanos. Primero pasaron por sobre la valla niños y mujeres, pero luego un grupo de jóvenes la forzó hasta derribarla, lo que permitió el paso de una marea humana. Los agentes antimotines mexicanos, que actuaron sin armas de fuego y parecían sobrepasados por las circunstancias, en un comienzo no pudieron hacer mucho para frenar el flujo de migrantes, pero luego utilizaron gas pimienta para contenerlos y consiguieron cerrar nuevamente las rejas de la frontera. Poco después, las autoridades mexicanas empezaron a permitir el ingreso ordenado de las personas, en grupos reducidos, y se formó una larga fila en el puente fronterizo para organizar mejor los trámites en las instalaciones del Instituto Nacional de Migración de Ciudad Hidalgo. "Si va a haber un ingreso, será en los términos que se ha dicho desde un principio: ordenado, con procedimientos establecidos, jamás por la violencia ni por la fuerza como se pretendió por un grupo de personas", afirmó Manelich Castilla, comisionado de la Policía. Mientras esto ocurría en la frontera de Guatemala y México, a unos 1.200 kilómetros al norte, en la capital mexicana, el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, se reunió con el canciller Luis Videgaray, con quien habló a puertas cerradas sobre la caravana de migrantes hondureños. "El Presidente Donald Trump ha sido claro con respecto al tema más importante que enfrentamos hoy. Rápidamente estamos llegando a lo que parece un momento de crisis con una cifra récord de migrantes", advirtió el jefe de la diplomacia de Washington, quien destacó "la importancia de detener este flujo (migratorio) antes de que llegue a la frontera de EE.UU. y México". Videgaray, sin embargo, no pareció amedrentado por la presión de la Casa Blanca, que fue evidente este jueves cuando el propio Trump amenazó con llamar al Ejército y cerrar la frontera sur de EE.UU. si México no detenía esta "embestida" -la palabra que usó para definir la pretensión de los migrantes hondureños-. "La política migratoria de México la define México, así como la política migratoria de EE.UU. la define EE.UU.", enfatizó el canciller mexicano, parado junto a Pompeo. "Somos vecinos y somos países soberanos", añadió. Las definiciones son importantes porque todo indica que recién comienza esta ola migratoria desde Honduras, un país que tiene una pobreza de más del 60% y 57 homicidios cada 100.000 habitantes. Aunque el gobierno hondureño dice que está extremando las medidas de control, hay reportes de que más de 1.200 personas abandonaron el país por una nueva ruta, la de El Amatillo, fronteriza con El Salvador, con la intención de unirse a la caravana. "La situación que se vive en Centroamérica es sumamente alarmante y aunque lo que estamos viendo es un círculo vicioso que se ha repetido ya durante décadas, estamos llegando a un punto de inflexión", explicó María Fernanda Pérez Arguello, directora asociada del Atlantic Council. "A la deteriorada situación económica, altísimos niveles de violencia e inseguridad ciudadana, ahora tenemos que agregar a la ecuación el tema del cambio climático", añadió la experta, quien también mencionó el "factor Nicaragua" como posible detonante, ya que ese país en crisis es uno de los pocos con los que Honduras tiene una balanza comercial positiva. "Hay que ponerse en los zapatos de estas personas para entender por qué, a pesar de todo lo que les espera en el camino al sueño americano, deciden dejarlo todo atrás".
de los migrantes hondureños, aproximadamente, buscaría conseguir el estatus de refugiado en México, aseguró uno de los líderes de la caravana. El 70% restante trataría de llegar a suelo estadounidense.