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Francisco Dañobeitía: entre el teatro musical y el verso clásico

sábado, 20 de octubre de 2018

Juan Antonio Muñoz H.
Vidactual
El Mercurio

Tiene 27 años. Le gustan los musicales, muere por Stephen Sondheim y cantaba rock duro con voz melódica. Ha sido Romeo y también Julieta, y el Don Juan de Tirso. Su breve camino actoral está enhebrado de teleseries, clásicos y versiones de clásicos. Una mezcla que lo divierte, lo atrae y lo proyecta.



E s la estrella de "Condicional", la comedia musical dirigida por Elvira López que recién estrenó el Teatro UC. Francisco Dañobeitía encarna a Esteban, un "rebelde" de secundaria que "nunca fue un alumno normal promedio" y que "no nació para ser del montón". Tampoco Dañobeitía nació para ser del montón, como lo demuestra en esta obra que lo hace estar sobre el escenario una hora y media sin parar, cantando y actuando. Un tour de force exigente que no solo exhibe sus posibilidades como actor de musicales, sino que además permite ver en él otras dimensiones.

Estudió en el Club de Teatro y en su último año de carrera fueron hasta allí de Canal 13 para hacer un casting , con el fin de renovar el área dramática. Un tiempo después, lo llamaron para hacer un rol en la teleserie "Valió la pena": "Pero no valió mucho la pena", cuenta, "porque nos fue muy mal. Yo hacía del hijo de Mónica Godoy y Cristián Arriagada, que más bien parecían mis hermanos mayores. Fue bonito y el equipo trabajó bien, pero perdimos brutalmente ante ese monstruo que fue "Pituca sin lucas" (Mega)".

Después estuvo en la obra innombrable: "Macbeth". Francisco se pone alerta de inmediato. No pronuncia esa palabra. Se refiere a ella como "la obra escocesa de William Shakespeare". "Es que soy un poco supersticioso", se acusa. Ahí fue Malcolm, "cuando Nicolás Pavez pasó a ser 'el escocés'. Es que hubo hasta accidentes y al director, Javier Ibarra, lo atropellaron".

Luego hizo otro Shakespeare. "Bueno, una versión de Shakespeare... Se llamaba 'Romeo prisionero' y dirigía Felipe Ríos. Era muy interesante porque era 'Romeo y Julieta', pero en el elenco solo había hombres", cuenta. Desde ahí saltó a Shakespeare otra vez, insistiendo con los amantes de Verona. Carlos Urra lo llamó para "Romeo y Julián", pero él no sería Romeo, sino Julieta/Julián. "Nos fue súper bien, porque Carlos apuntó a un fenómeno popular. Aquí las dos familias no quieren que sus hijos estén juntos porque ambos son hombres. Era muy fuerte, porque no había atisbos de latente homosexualidad en Julián y, sin embargo, el amor se producía".

-¿Y qué le gustó más? ¿Ser Romeo o ser Julieta/Julián?

"Julieta. Es que el personaje de Julieta es más interesante. De hecho, Romeo tenía una personalidad mucho más femenina. En cambio ella es más concreta, más directa, más aterrizada".

Entremedio, le tocó hacer a unos de los marinos de "Papá a la deriva" (Mega). Además, se casó con la actriz Fernanda Ramírez (Augusta en "Perdona nuestros pecados"): "Ya no estamos juntos, pero tenemos una relación muy bonita, somos muy amigos. Y tenemos a Gael, nuestro hijo, mi pollito chico que es lo más lindo de mi vida".

Siempre en la TV, vino después "Wena profe" (TVN), donde hacía "a un niño problema en un colegio cuico, donde llegaba un profesor que a través de la música les cambia la vida a los alumnos. Ahí me tocó trabajar con Andrew Bargsted, que es el protagonista de las películas 'Mala junta', de Claudia Huaiquimilla, y 'Nunca más estar solo', de Alex Anwandter. Andrew es muy bueno, un talento".

"En este tiempo también me dediqué a la casa, a cuidar a Gael mientras la Feña trabajaba. Estuve como un año haciendo de papi. Fue muy bueno. En medio me separé, me llamaron para el casting de 'Condicional' y también para una teleserie que estoy haciendo ahora, 'La reina de Franklin' (Canal 13), donde soy Cristóbal, hijo de Francisco Pérez-Bannen y Mónica Godoy".

-El trabajo de "Condicional" debió ser intenso. Su personaje casi no sale de escena.

"Hasta ahora, a nivel de exigencia, ha sido lo más intenso que me ha tocado hacer. Salgo brevemente solo dos veces. Yo soy muy alérgico a la primavera y cuando salgo, tomo un poco de agua y me aprovecho de sonar. Soy súper cerebral y esta obra me ha obligado a no pensar. No tengo tiempo para ponerme a revisar si algo lo hice bien o no. Simplemente, las cosas pasan".

Desde el grunge a Tirso

-¿Es el tipo de teatro que te interesa hacer?

"Sí. No el único. No me cierro a nada. Lo que me importa en teatro es que me apasione. Me fascinan los musicales. Soy fanático de Stephen Sondheim, el compositor de 'Into de woods' y de 'Sweeney Todd'; me refiero a las versiones de Broadway de los años 70, no a las películas de Tim Burton o de Disney. Toda la vida he cantado, de chico. Es raro, porque nadie en mi familia es músico. Cantaba de todo. Hubo un tiempo que estuve bien popero; en mi casa se escuchaba mucho Marco Antonio Solís y Juan Gabriel. Crecí con la balada romántica. Después estuve pegado con el rock y el grunge . También Alice in Chains y Pantera. Era muy divertido, porque me gustaban siempre bandas que eran súper rudas, pero mi voz iba por otro lado, era muy melódica. Era gracioso porque eran como versiones melódicas de canciones rudas. No terminaba de cuajar. Ahora escucho de todo. Me gusta lo que está pasando en Argentina con las nuevas generaciones. Aparecieron unas bandas como Usted Señálemelo, que es increíble; creo van a ser los Soda Stereo de esta generación. Es otra realidad: los argentinos cruzan todo el colegio estudiando música y salen con conocimientos de composición, saben tocar guitarra... Otro mundo".

"Pero también me gusta mucho el teatro clásico. Cuando empezamos a estudiar verso con Fernando (González), yo me enamoré del verso. Hicimos 'El Burlador de Sevilla', de Tirso de Molina; yo era el Burlador. Y cuando egresamos, con Marco Espinoza hicimos 'Noche de Reyes', de Shakespeare, pero en la versión de León Felipe, 'No es cordero que es cordera'".

-Puede resultar curioso, pero en "Condicional" se adivina su habilidad para el verso. Y eso que el texto no tiene nada de clásico.

"Es que saber cómo decir verso ayuda mucho. Hay algo en la proyección vocal que tiene el verso que me encanta. Esa dificultad que tiene el decir cosas muy pero muy poéticas, muy extracotidianas, y encontrar la forma de que sean verosímiles y que aunque estén en ese lenguaje extracotidiano la gente pueda entenderlo. Entender lo que se dice y lo que se siente, y poder llevar eso también al canto... Bueno, el verso es música y ligarlo me parece increíble".

-¿Por qué cree que los actores de hoy no saben decir verso?

"Me parece que el verso dejó de ser verso para abordarse como teatro contemporáneo o como teatro de vanguardia. Muchas escuelas pasan por encimita de todo. Yo tuve la suerte de tener todo un semestre entero dedicado a Artaud y otro completo dedicado a verso. Así se alcanza de verdad a pasar por la materia".

-Quizás su misión sea rescatar el teatro de verso para Chile...

"Me encanta la misión. En esa línea, hay que poner atención en Diego Belmar, que egresó conmigo y que compuso toda la música de 'Numancia' (Miguel de Cervantes), en la versión de los hermanos Gopal y Visnu Ibarra. Dieguito es un talento y me gustaría volver a trabajar con él porque se le hace muy fácil transformar el verso en música".

-¿Cómo ve este momento del teatro chileno?

"Estamos viviendo un momento en que el teatro se abre. Una especie de resurrección del teatro musical que ha ido bien rápido. Obviamente está en pañales, pero va rápido. Hay un interés en revivirlo más allá de lo comercial. Me gustan mucho las obras de Pablo Manzi, como 'Donde viven los bárbaros' y 'Amasandura'. Y hay dos actores, dos gabrieles, Gabriel Urzúa y Gabriel Cañas, a quienes es un deleite ver actuar. Encuentro que Néstor Cantillana es muy seco y tiene una voz increíble que no pareciera venir de ese cuerpo".

-¿Cuál fue la primera obra que usted vio?

"De Calderón de la Barca, "La vida es sueño', en Teatro Camino, donde Segismundo era Moisés Angulo (2010). Increíble... Parece que estoy condenado al verso; una bendición con un poco de maldición, pero una gran bendición al fin".

"Hay algo en la proyección vocal que tiene el verso que me encanta. Esa dificultad que tiene el decir cosas muy pero muy poéticas, muy extracotidianas, y encontrar la forma de que sean verosímiles y que aunque estén en ese lenguaje extracotidiano la gente pueda entenderlo".

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